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EL NACIMIENTO DE JESÚS: LA FIESTA DE LA VIDA


Mensaje de monseñor Mario Maulión, arzobispo de Paraná para la Navidad
(24 de diciembre de 2004)


La celebración del Nacimiento de Jesús nos trae la alegría del "Dios con nosotros". También nos muestra una característica muy propia de nuestra vida

humana: la espera.

Desde que nacemos, siempre, a medida que vamos creciendo, estamos esperando a algo o a alguien. ¡Esperamos! Así vivimos anhelando, buscando, porque nos sentimos mal o porque nos falta algo o porque no estamos plenamente satisfechos. La experiencia humana, vivida como vida en espera, atraviesa toda la historia de los hombres, la de cada hombre y la de la humanidad. Y es lo que, de una manera muy fuerte, la Navidad nos hace recordar y revivir.

En el fondo, como hombres, estamos buscando y esperando a quién nos ame, que nos haga plenos, quién nos eleve de la limitación, de la soledad, del sufrimiento, de lo que nos agobia. Para el creyente, Quién esperamos tiene un nombre: Dios. Y Dios viene a nosotros respondiendo a esta espera. Y viene en este Niño que nace de María Virgen. Por eso la Navidad es el día de una profundísima alegría: ¡Dios está con nosotros! Nuestras expectativas se están colmando: desde la Navidad Jesús comienza a caminar con nosotros.

La Navidad nos recuerda también en María, Madre de Jesús, la alegría de una vida que se acoge generosamente esa vida de Quien viene a nuestro encuentro. Y lo hace de un modo muy al alcance del hombre, sobre todo, del pobre y del humilde. Su estilo humano siempre será pequeño, frágil, pero pleno y rebosante de vida porque está rebosante de Dios. El Nacimiento de Jesús tiene también, en perspectiva, algo que atraviesa toda la historia humana: el horizonte de la muerte. El ángel se lo dirá a José cuando el Niño era aún muy pequeño: "buscan al Niño para matarlo". También hoy, de distintas maneras, "buscan al niño para matarlo".

Por un lado, acogida de la vida. Por otro lado esta hipoteca de muerte. Amenaza y cercanía de muerte que afecta a todos, pero que sobre todo, puede alcanzar a los más pequeños y a los más frágiles.

Y sin embargo, en medio de este panorama de muerte, sigue resonando con fuerza y con esperanza el anuncio de los Ángeles: "paz a los hombres de buena voluntad". Alegría en el Cielo, paz en la tierra. Si eres creyente la Navidad te recuerda que el Señor está con nosotros. Que Dios está con nosotros. Ante las amenazas de muerte que de distintos modos se ciernen sobre todo sobre los niños, hay una promesa de vida y un Dios que está para que vivamos. Si no eres creyente, en los sentimientos más profundos de tu corazón, que son la paz y la solidaridad, se van a alimentar viendo también que Dios nace en un Niño y que cada niño que está cerca de nosotros nos recuerda que la vida hay que acogerla, que la vida hay que cuidarla y cultivarla, que la vida hay que compartirla. Feliz Navidad para todos. Para cada uno. Para cada familia. Para nuestra Patria.


Mons. Mario Maulión, arzobispo de Paraná



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