humana: la espera.
Desde que nacemos, siempre, a medida que vamos
creciendo, estamos esperando a algo o a alguien. ¡Esperamos! Así
vivimos anhelando, buscando, porque nos sentimos mal o porque nos
falta algo o porque no estamos plenamente satisfechos. La experiencia
humana, vivida como vida en espera, atraviesa toda la historia de los
hombres, la de cada hombre y la de la humanidad. Y es lo que, de una
manera muy fuerte, la Navidad nos hace recordar y revivir.
En el fondo, como hombres, estamos buscando y
esperando a quién nos ame, que nos haga plenos, quién nos eleve de la
limitación, de la soledad, del sufrimiento, de lo que nos agobia. Para
el creyente, Quién esperamos tiene un nombre: Dios. Y Dios viene a
nosotros respondiendo a esta espera. Y viene en este Niño que nace de
María Virgen. Por eso la Navidad es el día de una profundísima
alegría: ¡Dios está con nosotros! Nuestras expectativas se están
colmando: desde la Navidad Jesús comienza a caminar con nosotros.
La Navidad nos recuerda también en María, Madre de
Jesús, la alegría de una vida que se acoge generosamente esa vida de
Quien viene a nuestro encuentro. Y lo hace de un modo muy al alcance
del hombre, sobre todo, del pobre y del humilde. Su estilo humano
siempre será pequeño, frágil, pero pleno y rebosante de vida porque
está rebosante de Dios. El Nacimiento de Jesús tiene también, en
perspectiva, algo que atraviesa toda la historia humana: el horizonte
de la muerte. El ángel se lo dirá a José cuando el Niño era aún muy
pequeño: "buscan al Niño para matarlo". También hoy, de distintas
maneras, "buscan al niño para matarlo".
Por un lado, acogida de la vida. Por otro lado esta
hipoteca de muerte. Amenaza y cercanía de muerte que afecta a todos,
pero que sobre todo, puede alcanzar a los más pequeños y a los más
frágiles.
Y sin embargo, en medio de este panorama de muerte,
sigue resonando con fuerza y con esperanza el anuncio de los Ángeles:
"paz a los hombres de buena voluntad". Alegría en el Cielo, paz en la
tierra. Si eres creyente la Navidad te recuerda que el Señor está con
nosotros. Que Dios está con nosotros. Ante las amenazas de muerte que
de distintos modos se ciernen sobre todo sobre los niños, hay una
promesa de vida y un Dios que está para que vivamos. Si no eres
creyente, en los sentimientos más profundos de tu corazón, que son la
paz y la solidaridad, se van a alimentar viendo también que Dios nace
en un Niño y que cada niño que está cerca de nosotros nos recuerda que
la vida hay que acogerla, que la vida hay que cuidarla y cultivarla,
que la vida hay que compartirla. Feliz Navidad para todos. Para cada
uno. Para cada familia. Para nuestra Patria.