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CARTA PASTORAL DE CUARESMA 2003


Mensaje de monseñor Jorge Arturo Meinvielle, obispo de San Justo


Muy queridos hermanos todos:

Iniciamos el Tiempo de Cuaresma, que en este año se enmarca dentro del Año del Santo Rosario, según lo estableció el Papa Juan Pablo II en su Carta Apostólica sobre “El Rosario de la Virgen María”, cuya lectura y meditación recomiendo nuevamente a todos.

En esta Carta, el Papa manifiesta su “deseo (de) que a lo largo del año (del Rosario) se proponga y valore de manera particular esta oración”, dejando “esta indicación pastoral a la iniciativa de cada comunidad eclesial” (1). También dice el Papa que el Rosario “es un medio sumamente válido para favorecer en los fieles la exigencia de la contemplación del misterio cristiano” propuesto por el mismo Pontífice en su Carta Pastoral sobre el nuevo milenio (2), constituyendo así una “verdadera y propia pedagogía de la santidad" (3). Es que el rezo fervoroso y piadoso del Santo Rosario “produce frutos de santidad” (4), tan necesarios en estos tiempos; por otra parte, siendo santos concretamos nuestra vocación como bautizados, viviendo el mandamiento de la caridad perfecta por el cual amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios: de allí que, “si nos habituamos a contemplar el rostro de Cristo en el silencio de la oración, podamos reconocerlo en todas las personas con quienes nos encontremos” (5).

Por esto, aprovecho la Cuaresma de este año para pedirles, con el Papa, “que este llamamiento no sea en balde” (6): recemos el Rosario y vivamos los misterios del Rosario. La Cuaresma es tiempo de oración, y “el Rosario es a la vez meditación y súplica” (7); la Cuaresma es tiempo de penitencia, y el Rosario meditado y vivido nos lleva a reparar nuestros pecados con obras de misericordia y a pedir perdón a través del Sacramento de la Confesión, ante un Sacerdote, porque “el rostro de Cristo se muestra de la Confesión, ante un piadoso y misericordioso en el Sacramento de la Reconciliación (8).

La Cuaresma, vivida junto a la Santísima Virgen sobre todo en la meditación de los misterios del Santo Rosario, concretará el sentido de este Tiempo litúrgico, que es también el sentido de la devoción a la Virgen y a los Santos, es decir, nuestra conversión y nuestra salvación eterna.

Que en esta Cuaresma, entonces. se afiance y acreciente en toda la diócesis el rezo del Santo Rosario, sobre todo en las Parroquias y en las Capillas, pero también en las ermitas, en las Comunidades Religiosas, en los Colegios y en las familias. En este sentido, y como dice el Papa, no dudemos: en proponer el rezo del Rosario a los niños y a los jóvenes (9).

“Libres de pecado y agradando a Dios daremos frutos de santidad” (10): la Cuaresma y el Rosario nos ayudarán en este ideal cristiano.

Confío estas reflexiones a la Virgen, a quien la liturgia cuaresmal nos presenta como Madre Dolorosa, para que Ella fecunde estos pensamientos en cada uno de nosotros. A Ella la acompañaremos en esta Cuaresma rezando el Santo Rosario, cuyos misterios dolorosos “llevan al creyente a revivir la muerte de Jesús poniéndose al pie de la cruz junto a María, para penetrar con Ella en la inmensidad del amor de Dios al hombre y sentir toda su fuerza regeneradora” (11).

Desde Su Corazón Maternal vaya para cada uno en particular mi Bendición más amplia, con los augurios de que vivamos una santa Cuaresma para una muy feliz y santa Pascua de Resurrección.


Referencias

(1) cf. Carta Apostólica ‘Rosarium Virginis Mariae” (R. V.M.) 3

(2) cf. R.V.M., 5

(3) ibíd

(4) R. V.M., 1

(5) S. S. Juan Pablo II discurso a las Hijas de Santa Ana, 19-12-02

(6) R.V.M., 43

(7) R.V.M., 16

(8) cf. T.M.I, 8

(9) cf. R V.M., 42

(10) cf Rom. 6, 22

(11) R. V.M., 22


Mons. Jorge Meinvielle
, obispo de San Justo


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