Muy queridos hermanos todos:
Iniciamos el Tiempo de Cuaresma, que en este año se enmarca dentro del
Año del Santo Rosario, según lo estableció el Papa Juan Pablo II en su
Carta Apostólica sobre “El Rosario de la Virgen María”, cuya lectura y
meditación recomiendo nuevamente a todos.
En esta
Carta, el Papa manifiesta su “deseo (de) que a lo largo del año (del
Rosario) se proponga y valore de manera particular esta oración”,
dejando “esta indicación pastoral a la iniciativa de cada comunidad
eclesial” (1). También dice el Papa que el Rosario “es un
medio sumamente válido para favorecer en los fieles la exigencia de la
contemplación del misterio cristiano” propuesto por el mismo Pontífice
en su Carta Pastoral sobre el nuevo milenio
(2), constituyendo así una “verdadera y propia
pedagogía de la santidad"
(3). Es que el rezo fervoroso y piadoso del Santo Rosario
“produce frutos de santidad”
(4),
tan necesarios en estos tiempos; por otra parte, siendo santos
concretamos nuestra vocación como bautizados, viviendo el mandamiento
de la caridad perfecta por el cual amamos a Dios sobre todas las cosas
y al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios: de allí que, “si
nos habituamos a contemplar el rostro de Cristo en el silencio de la
oración, podamos reconocerlo en todas las personas con quienes nos
encontremos”
(5).
Por
esto, aprovecho la Cuaresma de este año para pedirles, con el Papa,
“que este llamamiento no sea en balde”
(6): recemos el Rosario y vivamos los misterios del
Rosario. La Cuaresma es tiempo de oración, y “el Rosario es a la vez
meditación y súplica” (7); la Cuaresma es tiempo de
penitencia, y el Rosario meditado y vivido nos lleva a reparar
nuestros pecados con obras de misericordia y a pedir perdón a través
del Sacramento de la Confesión, ante un Sacerdote, porque “el rostro
de Cristo se muestra de la Confesión, ante un piadoso y misericordioso
en el Sacramento de la Reconciliación (8).
La
Cuaresma, vivida junto a la Santísima Virgen sobre todo en la
meditación de los misterios del Santo Rosario, concretará el sentido
de este Tiempo litúrgico, que es también el sentido de la devoción a
la Virgen y a los Santos, es decir, nuestra conversión y nuestra
salvación eterna.
Que en
esta Cuaresma, entonces. se afiance y acreciente en toda la
diócesis el rezo del Santo Rosario, sobre todo en las Parroquias y en
las Capillas, pero también en las ermitas, en las Comunidades
Religiosas, en los Colegios y en las familias. En este sentido, y como
dice el Papa, no dudemos: en proponer el rezo del Rosario a los niños
y a los jóvenes
(9).
“Libres
de pecado y agradando a Dios daremos frutos de santidad”
(10): la Cuaresma y el Rosario nos ayudarán en este ideal
cristiano.
Confío
estas reflexiones a la Virgen, a quien la liturgia cuaresmal nos
presenta como Madre Dolorosa, para que Ella fecunde estos pensamientos
en cada uno de nosotros. A Ella la acompañaremos en esta Cuaresma
rezando el Santo Rosario, cuyos misterios dolorosos “llevan al
creyente a revivir la muerte de Jesús poniéndose al pie de la cruz
junto a María, para penetrar con Ella en la inmensidad del amor de
Dios al hombre y sentir toda su fuerza regeneradora”
(11).
Desde Su
Corazón Maternal vaya para cada uno en particular mi Bendición más
amplia, con los augurios de que vivamos una santa Cuaresma para una
muy feliz y santa Pascua de Resurrección.