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MENSAJE A LOS
CATÓLICOS DE SAN JUSTO CON MOTIVO DE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES
Mensaje de obispo de San Justo, Mons. Jorge
Arturo Meinvielle, a los católicos de su diócesis con motivo de las próximas elecciones
nacionales del 24 de octubre de 1999.
Muy
queridos hermanos:
Dentro de pocos días el pueblo de
nuestra Nación tendrá que elegir a los ciudadanos que ejercerán las funciones de
gobierno en reempla zo de los que pronto habrán
cumplido su mandato.
Elegir a quienes deberán gobernarnos es un acto de especial
importancia puesto que implica nuestra obligación moral de contribuir al bien común, en
la medida de nuestras posibilidades, sobre todo en materia de tanta trascendencia.
Demos gracias a Dios por poder
hacerlo en paz y libertad.
Como primera consideración quiero señalar que nadie debe subestimar ni tratar de eludir
este derecho y a la vez deber ciudadano de participar en tan sustancial materia, lo que
además constituye una obligación de conciencia.
Ahora bien: elegir gobernantes -sobre todo en el más alto nivel
de responsabilidad ciudadana, como es en este caso-, implica la necesidad de discernir
cuidadosamente lo que consideramos mejor para nuestro pueblo y para nuestra Patria.
Nuestro voto, que es un aval, deberá distinguir lo legítimo de lo espúreo, deberá
separar lo demagógico, que sólo procura su captación, de lo genuino, que tiende sincera
y desinteresadamente al bien común. Nuestro voto debe dirigirse a respaldar no ya
abstracciones indeterminadas o consignas genéricas, sino a personas que se comprometan a
cumplir lo que consideremos necesario y que respalden su compromiso con sus dotes
personales de honradez e idoneidad.
Además de las promesas de
trabajar para la solución de los grandes y fundamentales problemas que plantea la
actualidad -como la pobreza, el desempleo, la corrupción, la indefensión pública ante
el aumento de la criminalidad, temas éstos en los que felizmente coinciden todos los
postulantes- un católico debe considerar cuál es la posición del candidato a
gobernarnos sobre los no menos importantes temas del respeto a la vida humana desde su
concepción en el seno materno hasta la muerte natural, como así también su pensamiento
sobre el valor de la familia, el cuidado que debe respaldar la moral pública tan expuesta
hoy al agravio y el derecho inalienable de los padres de optar con libertad por la mejor
educación que ellos estiman oportuna para sus hijos.
Es así como un católico no puede
dar su voto a quien, contradiciendo las enseñanzas de la Iglesia y taxativamente el
quinto mandamiento de la Ley de Dios, propicie legitimar el aborto, que suele ser
presentado como un «derecho» de la mujer, o no considere a la familia como fundamento de
nuestra sociedad, pretendiendo equiparar a ella uniones aberrantes o acepte la irrestricta
degradación intelectual y moral que vehiculizan los medios televisivos.
En los puntos señalados debe
incluirse la vital consideración de la necesidad de poner fin al economicismo
deshumanizado, que sacrifica al hombre -economicismo derivado de la crisis moral que
agobia nuesta época- para sustituirlo por la concepción cristiana que lo privilegia.
Sepamos, pues, votar, según
expresa la clásica exhortación ciudadana. Y hagámoslo con la certeza de que nuestro
voto como cristianos y católicos, será el mejor aporte para el bien de todos.
Ruego a los queridos Padres Párrocos hacer los
comentarios adecuados y explicaciones sobre esta carta, en todas las misas de Precepto del domingo 17de octubre de 1999.
Mons. Jorge Meinvielle,
obispo de San Justo
Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº
2234, del 13 de octubre de 1999
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