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que
las familias sean escuelas de santidad
Mensaje pastoral para la
Cuaresma 2001 del obispo de San Justo,
monseñor Jorge Meinvielle.
Queridos hermanos de la diócesis de San Justo:
Uno de los desvelos pastorales más salientes del
actual Sumo Pontífice son las familias. El mismo reconoció que «el
futuro de la humanidad se fragua en las familias» (Brasil, año 1997), y
en su reciente carta sobre el nuevo milenio nos dice que «una atención
particular se ha de presentar también a la pastoral de las familias»,
para que éstas «ofrezcan un ejemplo convincente» (cf. N.M.I., 47).
Por este motivo, en esta Cuaresma que nos disponemos a
celebrar, quiero hacer un fuerte llamado a todas las queridas familias de
la diócesis de San Justo: Familias, ¡sean escuelas de santidad!,
demuestren al mundo que, como enseña la Iglesia, «más vale el hombre
por lo que es que por lo que tiene» (G.S. 35).
Como lo he dicho en otras oportunidades y en mis
visitas a las parroquias y comunidades, ser santo es hacer presente a Dios
en cada circunstancia de nuestra vida. Santos son los que buscan agradar a
Dios siempre y en todo, y de ese modo se preparan, aquí en la tierra,
para poseer el Cielo.
El mismo Sumo Pontífice nos recuerda que este ideal de
santidad «no ha de ser malentendido, como si implicase una especie de
vida extraordinaria, practicable sólo por algunos ‘gigantes’ de la
santidad. Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la
vocación de cada uno» (N.M.I. 31).
La Cuaresma es un tiempo propicio para la oración, la
reflexión y la penitencia: invito a que así se viva en cada familia. El
mundo de hoy presenta muchos peligros que pueden causar, en nuestras
familias divisiones, incomprensiones y desalientos. Estas tristes
realidades no afectarán a aquellos hogares donde se viven los valores
cristianos; Nuestro Señor Jesucristo prometió que los poderes del mal
nunca podrán destruir a la Iglesia: del mismo modo podemos afirmar que el
demonio nada podrá contra las familias que viven como verdaderas Iglesias
domésticas: las tentará -como tentó a Jesús en el desierto- pero la
fuerza de Dios y el auxilio de la Virgen defenderán y protegerán a esas
familias de todos los peligros.
Por lo tanto, queridas familias, aprovechen esta
Cuaresma para crecer juntos en el amor a Dios y al prójimo, porque así
concretarán en ustedes la llamada que Dios nos hace a todos a ser santos,
llamada que comienza a aprenderse en las familias cuando éstas saben ser
escuelas formadoras de buenos cristianos y buenos ciudadanos, cuando los
hijos rezan, van a Misa, se confiesan y hacen obras de caridad porque ven
a sus padres hacer lo mismo: no olvidemos que siempre el ejemplo es la
mejor prédica.
De la mano de la Virgen y bajo la custodia de San
José, que, junto a Jesús, conformaron la Sagrada Familia de Nazaret,
comencemos esta Cuaresma con un renovado compromiso de conversión,
personal y familiar. Que la Pascua de Resurrección nos encuentre
verdaderamente renovados, para que sea en verdad el paso de Dios por
nuestra vida y por nuestras familias.
Queridas familias: que cada una de ustedes, y cada
integrante en particular, escuche la llamada que Dios y la Iglesia les
hace: ¡sean escuelas de santidad!, sean testimonios vivos de la
presencia de Dios y de la Virgen; que el ejemplo de ustedes sea una
lección para el resto de las familias, sobre todo para aquellas que viven
alejadas de Dios y de la Iglesia, a fin de que en cada hogar de esta
diócesis se vuelva a escuchar el deseo de Jesús: «Hoy quiero entrar en
esta casa» (cf. Lc 19,5): y junto con El entrará allí la salvación (Lc
19, 9).
Con estos pensamientos que hago llegar a cada familia
de la diócesis de San Justo, llegue también mi bendición y el augurio
de una santa Cuaresma para una muy feliz y santa Pascua de Resurrección.
San Justo, 28 de febrero de 2001.
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2308, del
14 de marzo de 2001 |