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EL VERDADERO Y EL FALSO ROSTRO DE DIOS


Mensaje de Adviento de los obispos de Río Negro, 
a todas las Iglesias de la provincia.

 
1. ¡Preparémonos para la venida del Señor!

1.1 Esta es la invitación que, cada año, nos hace la Iglesia. Es el momento del año que llamamos ADVIENTO, un tiempo de espera gozosa. No cualquier tiempo ni cualquier espera, sino aquella en que la expectativa se nutre de un sentimiento de alegría, de amor, de fraternidad... de gozo. En esta ocasión sumamos una motivación más a la espera y es el ingreso al último año de preparación al Gran Jubileo del 2000, puerta de entrada al Tercer Milenio cristiano. Esta es la invitación que, cada año, nos hace la Iglesia. Es el momento del año que llamamos ADVIENTO, un tiempo de espera gozosa. No cualquier tiempo ni cualquier espera, sino aquella en que la expectativa se nutre de un sentimiento de alegría, de amor, de fraternidad... de gozo. En esta ocasión sumamos una motivación más a la espera y es el ingreso al último año de preparación al Gran Jubileo del 2000, puerta de entrada al Tercer Milenio cristiano. Esta es la invitación que, cada año, nos hace la Iglesia. Es el momento del año que llamamos ADVIENTO, un tiempo de espera gozosa. No cualquier tiempo ni cualquier espera, sino aquella en que la expectativa se nutre de un sentimiento de alegría, de amor, de fraternidad... de gozo. En esta ocasión sumamos una motivación más a la espera y es el ingreso al último año de preparación al Gran Jubileo del 2000, puerta de entrada al Tercer Milenio cristiano.


1.2.
En la Biblia vemos que la espera siempre está marcada por el sufrimiento, por la impotencia, por la incomprensión. A esta verdad no escaparon ni Moisés (Ex 4,1; 6,9; 16,2; 32,1), ni María (Mt 1,19; Lc 2, 43-46; Jn 19,25) ni tampoco Jesús (Mt 2, 19; 13, 55-57; Jn 1, 11; 19,6). Tampoco nosotros, porque las experiencias de marginación, de dolor, de abandono, de fracaso, de inseguridad, de ausencia de proyectos... de futuro incierto, son realidades que golpean la vida de tantos en lo más profundo de su historia. Y también en nuestra provincia son muchos lo que están soportando el peso de situaciones engañosas, de trampas virtuales de las que es difícil zafar, como metidos en un callejón sin salida, en medio de la noche oscura. En la Biblia vemos que la espera siempre está marcada por el sufrimiento, por la impotencia, por la incomprensión. A esta verdad no escaparon ni Moisés (Ex 4,1; 6,9; 16,2; 32,1), ni María (Mt 1,19; Lc 2, 43-46; Jn 19,25) ni tampoco Jesús (Mt 2, 19; 13, 55-57; Jn 1, 11; 19,6). Tampoco nosotros, porque las experiencias de marginación, de dolor, de abandono, de fracaso, de inseguridad, de ausencia de proyectos... de futuro incierto, son realidades que golpean la vida de tantos en lo más profundo de su historia. Y también en nuestra provincia son muchos lo que están soportando el peso de situaciones engañosas, de trampas virtuales de las que es difícil zafar, como metidos en un callejón sin salida, en medio de la noche oscura.


1.3.
A pesar de todo, muchas son las razones para la esperanza. Las percibimos mirando a nuestro alrededor en la mirada de cada niño, de cada joven, de cada pareja que se ama... de cada abuelo que espera un nuevo nieto, pero, sobre todo, la percibimos en nuestro interior, en la fe que nos han transmitido nuestros padres, en la Palabra de Dios. En definitiva, la vida misma es el sustento para la esperanza y la razón para luchar sin descanso. A pesar de todo, muchas son las razones para la esperanza. Las percibimos mirando a nuestro alrededor en la mirada de cada niño, de cada joven, de cada pareja que se ama... de cada abuelo que espera un nuevo nieto, pero, sobre todo, la percibimos en nuestro interior, en la fe que nos han transmitido nuestros padres, en la Palabra de Dios. En definitiva, la vida misma es el sustento para la esperanza y la razón para luchar sin descanso.


1.4.
Adviento nos recuerda que podemos encontrar un camino nuevo y tener la convicción de que siempre habrá un nuevo amanecer. En lugar de maldecir la oscuridad, encendamos una luz y miles de luces encendidas alumbrarán el camino. Adviento nos recuerda que podemos encontrar un camino nuevo y tener la convicción de que siempre habrá un nuevo amanecer. En lugar de maldecir la oscuridad, encendamos una luz y miles de luces encendidas alumbrarán el camino.


2. El falso rostro de Dios: el individualismo

2.1. Tal vez el pecado mayor de nuestra sociedad sea el egoísmo, el querer salvarnos solos, como si la vida de los demás no nos perteneciera y como si nosotros no formáramos parte del conjunto. Así surge una enfermedad que se llama individualismo y que la ideología mercantilista, en la que nos han introducido, va exacerbando salvajemente. Tenemos problemas comunes que afectan a grupos numerosos y, sin embargo, buscamos soluciones particulares: mi preocupación es ver cómo puedo salvarme yo. No nos damos cuenta que no hay salidas individuales: sólo si nos salvamos como sociedad, nos salvamos como individuos. Tal vez el pecado mayor de nuestra sociedad sea el egoísmo, el querer salvarnos solos, como si la vida de los demás no nos perteneciera y como si nosotros no formáramos parte del conjunto. Así surge una enfermedad que se llama individualismo y que la ideología mercantilista, en la que nos han introducido, va exacerbando salvajemente. Tenemos problemas comunes que afectan a grupos numerosos y, sin embargo, buscamos soluciones particulares: mi preocupación es ver cómo puedo salvarme yo. No nos damos cuenta que no hay salidas individuales: sólo si nos salvamos como sociedad, nos salvamos como individuos. Tal vez el pecado mayor de nuestra sociedad sea el egoísmo, el querer salvarnos solos, como si la vida de los demás no nos perteneciera y como si nosotros no formáramos parte del conjunto. Así surge una enfermedad que se llama individualismo y que la ideología mercantilista, en la que nos han introducido, va exacerbando salvajemente. Tenemos problemas comunes que afectan a grupos numerosos y, sin embargo, buscamos soluciones particulares: mi preocupación es ver cómo puedo salvarme yo. No nos damos cuenta que no hay salidas individuales: sólo si nos salvamos como sociedad, nos salvamos como individuos.


2.2.
Esta falsa filosofía de vida hizo que acuñáramos la frase famosa: "No te metás". Pero, en realidad, nadie vive en una burbuja: aunque cerremos los ojos las cosas siguen existiendo. Por el contrario, de esa manera dejamos que una herramienta tan poderosa como la política quede, la mayoría de las veces, en manos de gente que busca el poder por el poder mismo, en clanes, más o menos organizados, sin ningún tipo de escrúpulos, en grupos que –en definitiva- han hecho del "Sálvese quien pueda", el lema de su vida.


2.3. Tenemos que caminar reconociendo nuestras circunstancias, la de nuestro país y la de nuestra provincia. Tenemos que caminar sabiendo que la desocupación no es un dato estadístico; que el problema docente no es un problema de los maestros; que las muertes de Río Colorado y de Cipolletti no son anécdotas; que la salud pública no es cosa de los "pobres"; que las desvinculaciones, privatizaciones y tercerizaciones no son un mero tema administrativo; que el hambre y la desnutrición no son para los hijos de los vagos; que el aumento de la prostitución no es solamente porque haya "mujeres malas". Tenemos que caminar reconociendo nuestras circunstancias, la de nuestro país y la de nuestra provincia. Tenemos que caminar sabiendo que la desocupación no es un dato estadístico; que el problema docente no es un problema de los maestros; que las muertes de Río Colorado y de Cipolletti no son anécdotas; que la salud pública no es cosa de los "pobres"; que las desvinculaciones, privatizaciones y tercerizaciones no son un mero tema administrativo; que el hambre y la desnutrición no son para los hijos de los vagos; que el aumento de la prostitución no es solamente porque haya "mujeres malas".


2.4. Si aceptamos el individualismo, el egoísmo, la despreocupación, la intolerancia, la soberbia, entre otros, como normas de vida, debemos reconocer que de ellos hacemos nuestro dios. Si aceptamos el individualismo, el egoísmo, la despreocupación, la intolerancia, la soberbia, entre otros, como normas de vida, debemos reconocer que de ellos hacemos nuestro dios.


3. El verdadero rostro de Dios

3.1. En cambio nuestro Dios tiene otro nombre, es Jesucristo, el Señor, que asumió nuestra realidad haciéndose uno de nosotros para mostrarnos que el amor es posible (Jn 13,34). Un Dios que se hace solidario con el que sufre (Lc 10,33ss). Un Dios que reclama por el derecho (Jn 18, 23). Un Dios que no viene a condenarnos por nuestros errores sino a traernos la vida (Jn 10,10). Un Dios que nos invita a buscar el Reino y su justicia para darnos las demás cosas como regalo (Mt 6, 33). En cambio nuestro Dios tiene otro nombre, es Jesucristo, el Señor, que asumió nuestra realidad haciéndose uno de nosotros para mostrarnos que el amor es posible (Jn 13,34). Un Dios que se hace solidario con el que sufre (Lc 10,33ss). Un Dios que reclama por el derecho (Jn 18, 23). Un Dios que no viene a condenarnos por nuestros errores sino a traernos la vida (Jn 10,10). Un Dios que nos invita a buscar el Reino y su justicia para darnos las demás cosas como regalo (Mt 6, 33).


3.2.
En el Evangelio descubrimos el verdadero rostro de Dios, de ese Dios que Jesucristo anunció con su vida y sus palabras. Jesús, haciéndose "uno como nosotros" (Jn 17,11), nos dice que Él es "uno con Dios" (Jn 10,30) y por eso Dios es el Padre de todos (Jn 20, 17). ¿Cómo no reconocer, entonces, la dignidad de todos los seres humanos? Todos somos hijos de ese mismo Padre, por lo tanto hermanos y como tales debemos ayudarnos mutuamente (Ga 6,2). En el Evangelio descubrimos el verdadero rostro de Dios, de ese Dios que Jesucristo anunció con su vida y sus palabras. Jesús, haciéndose "uno como nosotros" (Jn 17,11), nos dice que Él es "uno con Dios" (Jn 10,30) y por eso Dios es el Padre de todos (Jn 20, 17). ¿Cómo no reconocer, entonces, la dignidad de todos los seres humanos? Todos somos hijos de ese mismo Padre, por lo tanto hermanos y como tales debemos ayudarnos mutuamente (Ga 6,2).


3.3.
Entonces no podemos, por ejemplo, aceptar que haya discriminación entre los miembros de nuestra sociedad. No podemos aceptar que muchos estén excluidos del banquete de la vida y se siga gestando una cultura para satisfechos. No podemos aceptar que la economía, la tecnología, y los intereses sectarios generen ciudadanos de segunda categoría. (Grupos para recordar sólo en contadas ocasiones: cuando "arruinan" el paisaje con sus ranchos, cuando tienen que votar, cuando se necesitan para una manifestación, para que justifiquen mayores gastos en seguridad y para toda ocasión en que se pueda sacar provecho de su forzada condición de vida). Entonces no podemos, por ejemplo, aceptar que haya discriminación entre los miembros de nuestra sociedad. No podemos aceptar que muchos estén excluidos del banquete de la vida y se siga gestando una cultura para satisfechos. No podemos aceptar que la economía, la tecnología, y los intereses sectarios generen ciudadanos de segunda categoría. (Grupos para recordar sólo en contadas ocasiones: cuando "arruinan" el paisaje con sus ranchos, cuando tienen que votar, cuando se necesitan para una manifestación, para que justifiquen mayores gastos en seguridad y para toda ocasión en que se pueda sacar provecho de su forzada condición de vida).


3.4.
Solamente si nos reconocemos hijos de un mismo Padre y hermanos entre nosotros podremos aceptarnos y podremos pretender ser un pueblo, -no buscando la uniformidad- sino aceptando la diversidad como riqueza que cultivar. Una sociedad donde no haya capacidad, condiciones y espacio para confrontar ideas y tesis políticas, no es una democracia verdadera. En un mundo pluralista como el nuestro, el derecho a disentir y a oponerse no es sólo uno de los derechos humanos, reconocidos hace ya 50 años en la Convención de la ONU, sino también es camino de progreso y desarrollo. Solamente si nos reconocemos hijos de un mismo Padre y hermanos entre nosotros podremos aceptarnos y podremos pretender ser un pueblo, -no buscando la uniformidad- sino aceptando la diversidad como riqueza que cultivar. Una sociedad donde no haya capacidad, condiciones y espacio para confrontar ideas y tesis políticas, no es una democracia verdadera. En un mundo pluralista como el nuestro, el derecho a disentir y a oponerse no es sólo uno de los derechos humanos, reconocidos hace ya 50 años en la Convención de la ONU, sino también es camino de progreso y desarrollo.


3.5.
Si queremos construir un futuro mejor, un futuro donde haya esperanza, dignidad de vida y plena realización de los derechos humanos, tenemos que unirnos todos. Debemos poner en común las capacidades que cada uno tiene y sentir como propias las preocupaciones y dolores del otro. Acompañar a todos los que sufren y no pensar en aprovechar las debilidades y la pobreza ajena. Si queremos construir un futuro mejor, un futuro donde haya esperanza, dignidad de vida y plena realización de los derechos humanos, tenemos que unirnos todos. Debemos poner en común las capacidades que cada uno tiene y sentir como propias las preocupaciones y dolores del otro. Acompañar a todos los que sufren y no pensar en aprovechar las debilidades y la pobreza ajena.


4. El compromiso: la reconciliación

4.1. Es todo un camino de reconciliación que nos parece necesario señalar. Es el camino de la búsqueda de un Dios "rico en misericordia" (Ef 2, 4) que nos regala la posibilidad de reconciliarnos con nosotros mismos, con los demás, con la misma naturaleza y con Él, nuestro Padre. Es todo un camino de reconciliación que nos parece necesario señalar. Es el camino de la búsqueda de un Dios "rico en misericordia" (Ef 2, 4) que nos regala la posibilidad de reconciliarnos con nosotros mismos, con los demás, con la misma naturaleza y con Él, nuestro Padre. Es todo un camino de reconciliación que nos parece necesario señalar. Es el camino de la búsqueda de un Dios "rico en misericordia" (Ef 2, 4) que nos regala la posibilidad de reconciliarnos con nosotros mismos, con los demás, con la misma naturaleza y con Él, nuestro Padre.


4.2.
Necesitamos con urgencia una verdadera reconciliación a nivel personal -las frecuentes crisis depresivas lo manifiestan-. Necesitamos aceptarnos por lo que somos, con nuestras características positivas y negativas, con nuestras limitaciones. Aceptarnos como somos y no como quisiéramos ser, a menudo, a imitación de "ricos y famosos" o de alguna estrella que la TV promociona. Necesitamos con urgencia una verdadera reconciliación a nivel personal -las frecuentes crisis depresivas lo manifiestan-. Necesitamos aceptarnos por lo que somos, con nuestras características positivas y negativas, con nuestras limitaciones. Aceptarnos como somos y no como quisiéramos ser, a menudo, a imitación de "ricos y famosos" o de alguna estrella que la TV promociona.


4.3.
Aceptarnos como hijos de Dios, criaturas suyas que sólo en el amor al Padre común, la aceptación de su Palabra, de su Voluntad y en un amor activo hacia todos los hombres y mujeres pueden encontrar el sentido de la propia vida. Aceptarnos como hijos de Dios, criaturas suyas que sólo en el amor al Padre común, la aceptación de su Palabra, de su Voluntad y en un amor activo hacia todos los hombres y mujeres pueden encontrar el sentido de la propia vida.


4.4.
Pero con idéntica urgencia necesitamos llegar a una reconciliación familiar entre esposos, entre padres e hijos, entre hermanos y parientes. Las separaciones, la falta de un verdadero compromiso matrimonial, la falta de tiempo para dialogar y conocerse mejor y en profundidad, las graves preocupaciones económicas y, a menudo, la desocupación del jefe de la familia y de los jóvenes, son situaciones que hacen difícil la vida familiar. Todo esto obliga a estar alertas. Más de una vez el hogar es sólo un hotel donde las personas, más que encontrarse, se juntan para comer y dormir, pero donde no se comparte un verdadero proyecto de vida. Pero con idéntica urgencia necesitamos llegar a una reconciliación familiar entre esposos, entre padres e hijos, entre hermanos y parientes. Las separaciones, la falta de un verdadero compromiso matrimonial, la falta de tiempo para dialogar y conocerse mejor y en profundidad, las graves preocupaciones económicas y, a menudo, la desocupación del jefe de la familia y de los jóvenes, son situaciones que hacen difícil la vida familiar. Todo esto obliga a estar alertas. Más de una vez el hogar es sólo un hotel donde las personas, más que encontrarse, se juntan para comer y dormir, pero donde no se comparte un verdadero proyecto de vida.


4.5.
Toda reconciliación personal y familiar debe ir acompañada por una efectiva reconciliación social. Durante los últimos años el deterioro de las relaciones sociales fue acentuándose hasta producir enfrentamientos como en una guerra: gobierno vs. oposición, ocupados vs. desocupados, policía vs. pueblo, gremios "facilitadores" vs. gremios "cuestionadores", ricos vs. pobres y la lista puede seguir. La vida social de un estado exige la confrontación de ideas pero también la unión de voluntades para la búsqueda del bien común. El bien común, y no mi satisfacción personal, es el parámetro indicador de que mi esfuerzo va por el camino de la verdad; el bien común exige que me ponga de acuerdo con el otro. Toda reconciliación personal y familiar debe ir acompañada por una efectiva reconciliación social. Durante los últimos años el deterioro de las relaciones sociales fue acentuándose hasta producir enfrentamientos como en una guerra: gobierno vs. oposición, ocupados vs. desocupados, policía vs. pueblo, gremios "facilitadores" vs. gremios "cuestionadores", ricos vs. pobres y la lista puede seguir. La vida social de un estado exige la confrontación de ideas pero también la unión de voluntades para la búsqueda del bien común. El bien común, y no mi satisfacción personal, es el parámetro indicador de que mi esfuerzo va por el camino de la verdad; el bien común exige que me ponga de acuerdo con el otro.


4.6.
Por otra parte, sólo la reconciliación con Dios, que es la fuente de la vida y de la luz (Sal 36,10), da sólida base a cualquier reconciliación humana. Por eso -en nombre de Cristo- les suplicamos ¡reconcíliense con Dios! (Cfr. 2 Co 5,20). Por otra parte, sólo la reconciliación con Dios, que es la fuente de la vida y de la luz (Sal 36,10), da sólida base a cualquier reconciliación humana. Por eso -en nombre de Cristo- les suplicamos ¡reconcíliense con Dios! (Cfr. 2 Co 5,20).


5.1.
Este Adviento, este tiempo preparatorio de la Navidad, es un tiempo que invita al testimonio de nuestra esperanza. Es una propuesta para que todos los bautizados nos animemos a proclamar con San Ireneo: "La gloria de Dios es el hombre vivo" y es un desafío hacer lo mucho que todavía falta para que se manifieste esa gloria. Este Adviento, este tiempo preparatorio de la Navidad, es un tiempo que invita al testimonio de nuestra esperanza. Es una propuesta para que todos los bautizados nos animemos a proclamar con San Ireneo: "La gloria de Dios es el hombre vivo" y es un desafío hacer lo mucho que todavía falta para que se manifieste esa gloria.


5.2.
En este tiempo de Adviento nos encomendamos a la intercesión de María, Madre y Señora nuestra, con la certeza de que su maternal mirada nos acompaña en este peregrinar lleno de esperanza. En este tiempo de Adviento nos encomendamos a la intercesión de María, Madre y Señora nuestra, con la certeza de que su maternal mirada nos acompaña en este peregrinar lleno de esperanza.


Río Negro, diciembre de 1998.

Mons. Marcelo Melani, Obispo de Viedma, obispo de Viedma

Mons. José Pedro Pozzi, Obispo de Alto Valle del Río Negro;

Mons. Rubén Frassia, Obispo de San Carlos de Bariloche


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº  2196, del 20 de enero de 1999


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