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EL AUTÉNTICO SENTIDO DEL JUBILEO 


Carta pastoral del obispo de Viedma, monseñor Marcelo Melani, «a los fieles para el jubileo y la Cuaresma» del año 2000.


Queridos hermanos y hermanas:

Al comenzar el año pastoral con todas sus actividades quiero llegar a ustedes para reflexionar un momento juntos sobre el gran don de este Año Jubilar.

Desde hace algún tiempo habrán oído hablar de jubileo, año jubilar, año santo. Son distintas manera de llamar a este tiempo que nos regala la Iglesia para que, teniendo a Dios como centro, principio y fin, revisemos nuestras relaciones con El, con los hermanos y con cuanto nos rodea. Cada una de las personas y cosas reciben el llamado para volver a su estado original. En esta revisión descubriremos nuestros aciertos, fruto del amor de Dios Padre, y también descubriremos nuestros errores junto a la necesidad de experimentar la misericordia y el perdón de Dios.

El Jubileo no es algo nuevo. Como nos recuerda Juan Pablo II «el Jubileo era (entre los judíos del Antiguo Testamento) un tiempo dedicado de modo particular a Dios...» Reconociendo que Dios es el creador de todos «el año jubilar debía devolver la igualdad entre todos los hijos de Israel, abriendo nuevas posibilidades a las familias que habían perdido sus propiedades e incluso la libertad personal» (Tertio millennio advenitente 2) (Levítico 25, 8-17).

El auténtico sentido del Jubileo nos viene dado por Jesucristo, el Dios hecho hombre que comparte nuestra historia y que pasa por nuestras vidas liberándonos de todas las esclavitudes y dándonos la fuerza para luchar por la igualdad y la justicia (Lc 4, 16-21)., el Dios hecho hombre que comparte nuestra historia y que pasa por nuestras vidas liberándonos de todas las esclavitudes y dándonos la fuerza para luchar por la igualdad y la justicia (Lc 4, 16-21).

Aceptar el proyecto de vida que nos ofrece Jesús, requiere un hombre, una iglesia, una sociedad nuevos. Es por eso que todos tendremos que estar en una constante revisión y conversión para adecuar nuestra vida al proyecto de Jesús.

Jubileo es entonces signo de vida, tanto que podemos decir que no habrá Jubileo sin cambio profundo, sin justicia.

Para hacer realidad este proyecto es indispensable aceptar:

- a Dios como Padre misericordioso,

- la necesidad de una constante conversión de nuestra vida,

- el reconocer en toda persona a un hermano o hermana,

- el vivir y defender la justicia desde lo pequeño de cada día a lo grande,

- el hacer de la solidaridad una realidad en cada gesto y obra,

- el realizar la hospitalidad y la «gauchada» como una expresión clara del amor de Jesucristo.

- el hacer de la oración y de la lectura de la Palabra de Dios momentos claros de encuentro con Dios y de discernimiento comunitario.

El Jubileo es un año de gracia, un año de aceptación plena del don, del amor misericordioso de Dios Padre. Por eso la Iglesia nos ofrece la posibilidad de la indulgencia jubilar esto es, la remisión ante Dios de la pena temporal merecida por los pecados ya perdonados. Juan Pablo II nos recuerda en el mensaje para la Cuaresma de este año, que «Dios ofrece su misericordia a todo el que la quiere aceptar, aunque esté lejano o sea receloso de ella». Por eso, prosigue el Papa «la Cuaresma del Año Santo del 2000 constituye por excelencia la ocasión particularmente propicia para reconciliarnos con Dios».

La indulgencia jubilar está unida a tres condiciones: la reconciliación sacramental, la comunión y la oración según las intenciones del Papa.

Estamos invitados a acompañar estos actos con el testimonio de la vida cristiana y en particular:

- con hacer beneficiencia y dar algo de nuestro tiempo libre para los necesitados;

- con el ayuno o la abstinencia, por un día, de cosas superfluas (por ejemplo: el tabaco, bebidas alcohólicas, TV, videojuegos...) o practicando la abstinencia y dando a los pobres una suma proporcionada de dinero.

- con el dar un público testimonio de la propia fe.

En efecto, dice Juan Pablo II en el mensaje para la Cuaresma, «con el Jubileo el Señor nos pide que revitalicemos nuestra caridad... una caridad que manifieste el amor de Cristo a aquellos hermanos que carecen de lo necesario para vivir, a los que son víctimas del hambre, de la injusticia y la violencia... ¿Cómo podemos pedir la gracia del Jubileo si somos insensibles a las necesidades de los pobres, si no nos comprometemos a garantizar a todos los medios necesarios para que vivan dignamente?»

Otra condición es peregrinar sencillamente a la Catedral en Viedma o al Santuario de la Virgen Misionera en Conesa o del Sagrado Corazón de Jesús en Luis Beltrán (dicha peregrinación puede ser hecha personalmente o mejor como familia o como comunidad parroquial).

En estos lugares se deberá asistir a la Santa Misa o participar de algún acto de piedad (por ejemplo: el Vía Crucis o el Rosario).

Siempre habrá que concluir con el Padre Nuestro, el Credo y una invocación a la Santísima Virgen María.

Por otra parte será posible obtener la indulgencia jubilar, con las condiciones anteriores, en cada parroquia o capilla por las fiestas patronales (incluida la novena) o en el momento fuerte de la misión diocesana.

La indulgencia jubilar puede celebrarse una sola vez por día, y se lo puede hacer para sí o en favor de personas difuntas.

Que la Virgen María, Auxiliadora de los Cristianos, Misionera de Río Negro, interceda por nosotros para que abramos el corazón a Dios y a nuestros hermanos en este tiempo de gracia y misericordia.


Mons. Marcelo Melani, o
bispo de Viedma


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº  2257, del 22 de marzo de 2000


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