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PRIMERA
CARTA PASTORAL DEL OBISPO MARONITA
Monseñor Charbel Merhi,
a los fieles maronitas de la Argentina
(octubre de 1991)
Amados hermanos en Cristo:
El pastor en contacto con su
grey recuerda la bella figura del Buen Pastor que ocupa una hermosa página del
Evangelio. "Yo soy el buen pastor, conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen
a mí" (Jn. 10, 14) .Es la norma base de la relación que debe existir entre el
pastor y su rebaño. El conocimiento a esta altura, implica, según nos aclara el
Divino Maestro, amor, sacrificio y satisfacción, pues es comparado al
conocimiento reinante entre el Hijo y el Padre: " ...como el Padre me conoce a
mí y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas" (Jn. 10. 15) .
El conocimiento del pastor a
su rebaño es semejante al conocimiento del Padre al Hijo y del Hijo al Padre. Es
una realidad trascendental con relación de amor íntimo que se refleja en la
actitud obediente de Cristo que se encarnó haciéndose semejante a nosotros en
todo, para agradar a su Padre que le envió para nuestra salvación. Amor firme
que no vacila ante el riesgo, fuerte que no retrocede frente a las dificultades
y fuente de esperanza y de seguridad cuando surge la incertidumbre, esa es la
característica del amor que el buen pastor posee cuando alcanza un conocimiento
estrecho de su rebaño. Al mismo tiempo es un amor de inquietud y de preocupación
para hacer frente a todo peligro que lleva el pastor a hacer propias las
palabras del profeta Ezequiel: "Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a
descansar -oráculo del Señor-. Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la
descarriada, vendaré ala herida y curaré a la enferma, guardaré ala que está
gorda y robusta. Yo las apacentaré con justicia" (Ez. 34, 15-16)
Este conocimiento de amor
entrañable llega hasta el sacrificio extremo de dar la vida por las ovejas, para
salvarlas de la muerte, según lo indica Cristo. "El buen pastor da su vida por
las ovejas" (In. 10, II) , en cambio, el asalariado, "que no es el pastor y al
que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el
lobo las arrebata y las dispersa" (In. 10, 12) .Este mismo pastor lo describió
el Concilio Vaticano II, de la siguiente manera: "El Obispo, en la comunidad de
la salvación que es la Iglesia, es el servidor que hace la misión de Cristo
siempre presente y de una manera visible y singular. El realiza el papel de
Cristo el maestro, el pastor y el Pontífice V actúa en su nombre" (L.G. 21) .
Este conocimiento con amor y
sacrificio produce sentimientos de orgullo y satisfacción en el pastor que se
siente alentado a imitar al apóstol de las gentes que decía a. los cristianos de
Corinto: "En el Día de nuestro Señor Jesús, podrán sentirse orgullosos de
nosotros, como nosotros de ustedes" (1 Cor. 1, 14). Qué satisfacción siente el
pastor cuando comparece ante el Buen Pastor, en el último día, repitiendo las
mismas palabras que Cristo pronunció en su última oración antes de la vuelta al
Padre: "Manifesté tu nombre a los que separaste del mundo para confiármelos.
Eran tuyos y me los distes, y ellos fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que
todo lo que me has dado viene de ti" (Jn. 17, 6-7). y como será grande su
complacencia cuando puede declarar, con orgullo de quien cumplió fielmente el
deber, ante Cristo: "No he perdido a ninguno de los que me confiaste" (Jn. 18,
9) .
Esta es la tarea que aguarda
al nuevo Obispo de los Maronitas: ser el pastor que conoce a sus fieles para ser
su servidor con amor, sacrificio y satisfacción. Pero muchos se preguntarán
¿quiénes son estos maronitas, en la Argentina? ¿Una secta más de estas que
abundan en el país? ¿La Iglesia Maronita será la de los Mormones? ¿El pueblo
maronita es un pueblo católico, cismático o hereje? A estas preguntas ya muchas
otras que varias veces se nos hacen algunos que ignoran nuestra realidad,
ofrecemos una respuesta aclaratoria que servirá como punto de referencia para
los que desean actualizar sus conocimientos y un instrumento en mano de los
propios destinatarios maronitas para poder informar con cierta seguridad sobre
nuestro origen y nuestra identidad.
Los Maronitas son los
Cristianos católicos orientales que deben su nombre a San Marón, insigne varón
que nació en Siria, el año 353. Retirado del mundo, en un monte donde había un
templo de ídolos, Marón consagró su vida a Dios entregándose, día y noche en
oraciones, ayunos y mortificaciones. Acabó con la idolatría en la región y
defendió con vigor la fe católica en los Concilios Ecuménicos contra las
herejías de su tiempo y consiguió atraer a varios jóvenes que imitaron su
ejemplo y formaron un convento que llegaría a ser llamado, en el futuro,
"Convento de San Marón".
Los monjes, sus discípulos,
crecieron mucho después de su muerte y en el siglo VI, los cristianos
monofisitas que se apartaron de la fe católica, mataron 350 miembros de ellos
que son conocidos como los "Mártires discípulos de San Marón". El Papa reconoció
el martirio de estos monjes y así quedó sellada la fe de los Ii1aronitascoh la
sangre de los mártires.
El pueblo que siguió la
orientación religiosa de San Marón y sus discípulos; se les aplicó el nombre de
"Maronítas". En el siglo VII, cuando los mahometanos conquistaron Siria,
forzaron a los cristianos a abrazar el Islam; los maronitas entonces, tomaron la
fuga y se refugiaron en los montes del Líbano donde formaron la Iglesia
Maronita, bajo el liderazgo de San Juan Marón, un monje discípulo de San Marón,
reconocido por el Papa como Patriarca de Antioquía y de todo el Oriente. Hasta
hoy, los maronitas tienen un Patriarca que lleva, junto a su propio nombre, el
nombre de Pedro, el Apóstol de Cristo, primer Obispo de Antioquía y más tarde,
primer Obispo de Roma y Papa de la Iglesia Universal.
Así San Maron fue el santo
hombre, rígido defensor de la fe católica, monje modelo cuyo ejemplo siguieron
numerosos discípulos, un apóstol, que la Providencia de Dios eligió para
confirmar a los vacilantes en su fe y para organizar el núcleo principal de la
nación maronita que será baluarte de la lucha en favor de la fe y en beneficio
del triunfo de la verdad sobre la mentira y de la libertad contra la opresión.
Los maronitas no son, pues, una secta, ni una comunidad misteriosa, ni una
Iglesia disidente, sino una nación católica, un pueblo que tiene un origen
definido y una Iglesia particular que tiene un destino providencial en el
desarrollo de su historia y en la mística de sus santos.
Los Maronitas y Roma
Si el mundo ignora la lucha
de los maronitas, contra el error y si los discípulos de San Marón dudan alguna
vez de su identidad o si los adversarios tratan de denigrar el papel importante
que los maronitas juegan en la vida de la Iglesia, los Papas de Roma, sucesores
de San Pedro y Vicarios de Cristo en la tierra, han prestado con sus bondadosas
palabras un valioso testimonio que llena de orgullo y de satisfacción a los
hijos de San Marón. Sería una tarea imposible, en esta reducida carta, citar
todas las expresiones de alabanza que los Sumos Pontífices dijeron sobre los
maronitas. Sin embargo, algunas citaciones, a título de reseña, darán una idea
de ese amor particular y de esa sincera admiración que los Papas dispensaron a
los maronitas:
León X, en 1515, escribía al
Patriarca Maronita: … conviene que alabemos y bendigamos la divina clemencia
porque entre las naciones orientales infieles y en los campos del error, haya el
Altísimo querido que sean los maronitas casi rosas entre espinas…, aludiendo
después a los grandes elogios que sus predecesores dispensaron a los maronitas.
Pío IV, en su breve al
Patriarca Maronita, en 1562, decía: " …Viendo la eximia reverencia, el culto, la
piedad, y la admirable constancia de tu nobilísima nación en la Fe Cristiana,
nos alegramos, dando gracias a la Divina misericordia que conservó en sus
servicios tan numerosos, millares que nunca hincaron sus rodillas ante Baal.
Además ni el pesadísimo yugo de los infieles les apartó de la Fe ni la vecindad
de los heréticos pudo alejarlos de la Iglesia Católica".
Clemente XII en 1735,
califica a la nación maronita de “'rosa entre las espinas , de roca solidísima
contra la cual se rompen las furias de la infidelidad y de las herejías". Y el
mismo Pontífice en su Breve de 1737 dice: "Abrazamos con particular amor a la
nación maronita que queremos sobre todas las naciones y que fue siempre la
predilecta de Nuestros Antecesores".
San Pío. X, entre otras
palabras, dice, hablando de los Maronitas: “Amamós a todos los Cristianos del
Oriente, pero los Maronitas ocupan un lugar especial en nuestro corazón porque
han sido en todo tiempo la alegría de la Iglesia y el consuelo del Papado…, la
fe católica está arraigada en el corazón de los Maronitas como los muy antiguos
cedros están hincados por sus potentes raíces en las altas montañas de su
patria".
No hace falta extenderse más
sobre este sublime aprecio que reservan los últimos Pontífices, de modo
particular, los que convivieron con los recientes dramas que afectaron a los
maronitas en esta última cruel guerra de 17 años, en el Líbano. Las palabras,
los gestos, la preocupación casi diaria y la manifestación del afecto más puro y
sincero del actual Papa Juan Pablo II, han sido un suave bálsamo para las
heridas del pueblo maronita y una fuerte dosis de esperanza para los hijos de
San Marón en su ardua lucha por una digna sobrevivencia. Y la convocación,
recientemente, a una Asamblea especial del Sínodo de los Obispos dedicado al
Líbano, no es sino una prueba más de la constante preocupación del Papa por los
cristianos del Líbano, en general, y particularmente por el destino de la
Iglesia Maronita en este país.
Los Maronitas y el Líbano
Los maronitas, perseguidos
por causa de su fe, encontraron en el Líbano una tierra de libertad. Habitaron
sus montañas, se refugiaron en sus grutas, lo transformaron en vergel fecundo y
su historia se identificó con la historia del Líbano. No será, pues, extraño
verlos defender el Líbano con heroísmo y sangre. Jamás el Líbano, único baluarte
del cristianismo en Oriente. se dejó avasallar por sus enemigos, gracias a la
lucha de los maronitas, ayudados por sus otros hermanos cristianos. .'Toda la
Siria, escribía Kaled, el conquistador árabe, cayó como un camello, el Líbano
solo quedó erguido". Sólo Dios sabe cuanta sangre vertió la nación maronita en
esas luchas de exterminación que duraron 13 siglos de existencia en la tierra de
los fenicios!
Caro fue el precio que pagó la nación maronita por su ayuda a los cruzados, en
su marcha al Santo Sepulcro, pues, finiquitada la conquista, todo el odio de sus
enemigos cayó sobre el Líbano, ensangrentando los campos y arrasando su
territorio. Esta historia dolorosa, no se cerraba sino a intervalos de tiempo,
más o menos cortos, para volver a abrirse más triste y verter más sangre mártir.
Tales son las matanzas feroces de los años 1834, 1845, 1860, 1914, 1920, 1925 y
últimamente en la guerra que comenzó el 13 de abril de 1975.
No me parece oportuno en este documento pastoral recordar episodios tristes y
dramáticos que ya son patrimonio de la historia, pero es necesario advertir que
los maronitas se sienten responsables de la vida o de la muerte del Líbano,
único territorio donde se sienten dueños de su destino y donde radica la Iglesia
Madre que organiza su rito y que vela por la integridad de su fe y la sanidad de
sus tradiciones. Como es Roma para los católicos, Armenia para el pueblo
armenio, Palestina para el pueblo palestino, Israel para el pueblo judío, así es
el Líbano para los maronitas. Sin una tierra no se puede asegurar una existencia
permanente y digna, y sin el Líbano el maronita se siente desamparado,
desorientado y errante. Pero los maronitas son conscientes de que no son ellos
los únicos dueños de la tierra de los Cedros, por eso siempre extienden sus
manos y abren sus corazones a todos los que integran el territorio liba. nés
para juntos construir un Líbano libre, unido y soberano donde encuentra el
perseguido un refugio seguro y donde coexisten pacíficamente las diversas
comunidades que profesan distintas creencias y siguen diferentes ideologías.
Por consiguiente, no todo
libanés es maronita ni tampoco cada maronita es libanés, pero sí, todos los
maronitas deben defender la soberanía del Líbano, si quieren ser solidarios con
su Iglesia madre y sí se sienten como miembros de una única familia que tiene
sus raíces en el Líbano.
Los Maronitas en la Argentina
Los maronitas se radicaron
definitivamente en el Líbano debido a una circunstancia de opresión, en el
momento de la expansión árabe, en el albor del Islam. y su presencia en la
Argentina, como en varios otros puntos del mundo, se debe a otras circunstancias
de otra dramática opresión turca motivada por siglos de arbitrariedad que
culminaron en la masacre despiadada del año 1860 que introdujo en la vida del
maronita libanés el miedo del futuro y la incertidumbre sobre el porvenir de sus
hijos. La opresión, el miedo, la miseria, fueron los principales factores que,
sumados al espíritu aventurero que el libanés he- redó de sus antepasados
fenicios, abrieron progresivamente las puertas de la emigración y ahora se
estima la existencia de unos setecientos mil maronitas, la mayoría de origen
libanés, en la República Argentina.
Estos maronitas que dejaron su país para instalarse en el territorio nacional de
Argentina, obedecían, sin ninguna duda, aun llamado de la Divina Providencia,
imitando el ejemplo del p3dre de los creyentes Abraham, a quien se dirigió el
Señor: "Deja tu tierra natal y la casa de tu padre y ve al país que yo te
mostraré" (Gen. 12, 1) .Arribando a estas benditas tierras, encontraron refugio,
apoyo y afecto y llegaron a integrarse rápida y totalmente, en todos los campos
de la vida argentina y asi contamos, hoy, con muchos mandatarios, profesionales,
empresarios, hombres de cultura, de arte, figuras eminentes en la Iglesia y un
caudal popular sano y activo que conforman una comunidad maronita respetada y
disponible, al servicio de toda la sociedad argentina.
Los maronitas, en general, forman un pueblo que alimenta sentimientos
profundamente religiosos y vive muy allegado a las iglesias y los conventos,
dada la historia del pueblo que tuvo su origen en la vida monacal orientada y
solidificada por el ermitaño San Marón y los monjes sus discípulos. En tiempos,
no muy lejanos, el maronita, en el Líbano, debía su formación religiosa y
cultural gracias al esfuerzo del clero de su Iglesia: son famosas las escuelas
que se daban al aire libre, debajo de los árboles de encina "Taht el Sindiene",
bajo la orientación, muchas veces severa y rígida del cura de la aldea o del
monje del convento; muchas figuras lucieron en el campo de la cultura universal,
en sus diversas ramas del saber, lo que originó el adagio, propagado en Europa
"sabio como un maronita". Esta formación impregnada por un cuño típicamente
religioso y fundamentalmente monacal, dejó en la psicología del maronita una
inclinación natural ala vida espiritual y moral de inspiración evangélica y una
docilidad espontánea hacia los pastores de la Iglesia. Encontrando en Argentina
una sociedad profundamente católica y conocida ya la fidelidad proverbial de los
maronitas al Papa de Roma, los nuevos inmigrantes se integraron fácilmente en
las parroquias y las diócesis católicas de la República. y así tenemos
actualmente un prelado maronita al servicio de la Iglesia latina y decenas de
sacerdotes, religiosos y religiosas que realizan una intensa actividad
espiritual y pastoral que enriquecen el patrimonio cristiano de la Iglesia en el
territorio nacional. Este aporte modesto y auténtico en el campo de la
evangelización, hace de los maronitas valiosos colaboradores en la obra que
emprendieron los que descubrieron el continente americano y así nuestra
colectividad se pone en espíritu de igualdad con las demás grandes
colectividades que conforman la idiosincrasia del pueblo argentino..
¿Eparquía Maronita y por qué?
El día 5 de octubre de 1990,
el Papa encabezaba un documento histórico con estas palabras: "Juan Pablo
Obispo, Siervo de los Siervos de Dios, al amado hijo Charbel Merhi, miembro de
la .Congregación de los Misioneros Libaneses Maronitas, elegido Eparca de la
Sede de San Charbel Bonaerense de los Maronitas, salud y Bendición Apostólica.
Puesto que es necesario proveer de Sacro Prelado a la Eparquía de San Charbel
Bonaerense de los Maronitas, fundada en este mismo día, nos parece que podemos
destinarte a ti, amado hijo, como Eparca. Ya hemos conocido bien las claras
dotes de tu mente y de tu corazón, así como la doctrina, la prudencia, la piedad
y al mismo tiempo la pericia en las cosas pastorales unidas a aquellas
cualidades..."
Con estas palabras quedaba
erecta la Diócesis maronita en el territorio nacional y nombrado el nuevo
prelado para ejercer el oficio del buen pastor. Al mismo tiempo, por la
finalidad del documento pontificio, se hace manifiesta una respuesta a una
pregunta legítima, ¿y por qué una Eparquía o Diócesis maronita en Argentina?
Surge naturalmente esta
pregunta que muchos llegan a formular: ¿por qué había que crear una Eparquía, si
los maronitas, tanto en la capital como en las Provincias, forman parte muy
activa de la vida de la Iglesia local, bien atendidos, en todas sus necesidades
espirituales, por el clero nacional, y son además considerados buenos
colaboradores en el ejercicio de la labor pastoral? ¿Siendo católicos, los
maronitas tienen a su disposición todos los templos católicos y qué necesidad
hay para construir nuevas Iglesias para ellos? Todo lo dicho parece obvio, pero
se ignora una verdad muy interesante que es el pluriformismo en la Iglesia de
Cristo. Catolicismo significa unidad y nunca uniformidad.
En la Iglesia Universal cabe,
por razones históricas bien claras, una división de la comunidad cristiana en
dos ramas, .la Occidental-con Roma como centro principal y la Oriental con
cuatro centros principales que forman los cuatro patriarcados: de Antioquía,
Jerusalén, Alejandría y Constantinopla. Las dos ramas y sus, ramificaciones
tienen su unidad en un único tronco fuerte e inquebrantable que llamamos la
Iglesia Universal de Cristo que tiene por cabeza a Jesús el Salvador que se hace
visible por su Vicario en la tierra, el Papa Obispo de Roma y sucesor de Pedro.
La Iglesia oriental con sus diversas ramificaciones tiene santas y auténticas
tradiciones que se expresan en ritos diferentes pero que todos llevan a ofrecer
a Dios el culto debido. La Iglesia Occidental, numéricamente la mayor comunidad
cristiana, está ligada a la cultura romana y por esto se llama la Iglesia
Latina. No cabe duda, tanto la Iglesia de Occidente como la de Oriente profesan
la misma fe pero tienen una liturgia diferente mediante la cual expresan esta
misma fe.
La Iglesia Universal que
tiene su centro en Roma, da mucha importancia a las Iglesias locales que
profesan la fe católica en Oriente y guarda por ellos un profundo respeto,
porque sabe que estas Iglesias, por causa de su fe y fidelidad a Roma, han
sufrido, a través de los siglos enormes vejaciones y ahora son unas minorías en
su tierra de origen, el Oriente, rodeados de serios peligros y necesitando del
apoyo de sus hermanos en Occidente para conservar su identidad y ser
instrumentos de evangelización en sus territorios. Por esto hay una suma
preocupación de la Iglesia en conservar y promover los diferentes ritos
orientales. La Sagrada Congregación de las Iglesias Orientales es uno de los
organismos más importantes en el gobierno de la Iglesia y desarrolla intensas
actividades en beneficio de los orientales y de modo especial de los que viven
en los países de emigración Esta Congregación se preocupa mucho para asegurar la
continuidad de los diferentes ritos, entre ellos el rito maronita, para que los
fieles orientales que viven en ambiente occidental no pierdan su identidad. Por
esto el Papa Juan Pablo II creó últimamente la Eparquía maronita con finalidad
de preservar la identidad de los fieles maronitas en Argentina. Pues la
pluralidad de los ritos es una riqueza para la Iglesia y es motivo de una
armoniosa unidad en la diversidad.
Además de esta importancia en
el sentido de la fe y de la liturgia, la Iglesia reconoce el factor psicológico
que es muy válido para apoyar la vitalidad de la fe. Las tradiciones que en la
Iglesia Oriental son muy vivas ayudan a fortalecer los lazos espirituales que
unen las ramas al tronco de origen y crean una mentalidad y una idiosincrasia
propias que es muy útil conservar porque es un acerbo patrimonial de gran valor
para el desarrollo de la personalidad y para el fortalecimiento de los ideales.
Así los maronitas en Argentina, al recordar sus orígenes y al estar al tanto de
la historia vivida por sus antepasados, tendrán más amor a sus tradiciones y
encontrarán motivaciones suficientes para permanecer fieles ala fe católica que
sus antepasados han sacrificado todo para defenderla. Cuando un maronita
argentino está consciente de su identidad orienta! se interesa por saber cuáles
son sus obligaciones frente a su origen y procura informarse con su familia o en
su Iglesia sobre su realidad histórica y así vive en la actualidad el realismo
de su pasado.
Y cuando una familia tiene
conciencia de su pertenencia a la Iglesia Maronita se esfuerza en transmitir a
sus hijos una formación adecuada a las tradiciones familiares y comunitarias de
la Comunidad maronita. En la Biblia Moisés ordena a los hijos de Israel a ser
fieles a los preceptos del Señor e indica a los responsables en la familia cómo
velar para transmitir a los descendientes la motivación de la fidelidad hacia la
voluntad del Señor: "Graba en tu corazón estas palabras que yo te he dicho hoy,
incúlcalas a tus hijos, y háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando
vayas de viajes, al acostarse y al levantarse. Atalas a tu mano como un signo, y
que estén como una marca sobre tu frente. Escríbelas en las puertas de tu casa y
en sus postes" (Deut. 6, 6-9) .Ojalá las familias de nuestra comunidad logren
inspirarse 4e estas orientaciones bíblicas para educar sus hijos según el
espíritu de su Iglesia, asegurando para ellos la continuación de los altos
ideales que marcaron la vida de sus antepasados, los heraldos y héroes que
enfrentaron todas las dificultades para permanecer fieles a sus orígenes, sus
creencias y sus sanas tradiciones.
Así no son pocos los motivos
que llevaron la Iglesia a ser intransigente en conservar la identidad de los
ritos orientales, a pesar de las serias dificultades que puedan surgir por la
compleja realidad que las exigencias del caso originan. Es muy alentador saber
que hoy muchos de nuestra juventud maronita se cuestionan sobre su realidad y
procuran ahondarse en hallar su identidad. Es valiosa la inquietud que
observamos en esos jóvenes que quieren volver a concientizarse de su real origen
para procurar la autenticidad en la vida e incentivar la fidelidad a los valores
originales de su cultura y sus tradiciones.
Sería muy deseable que los
que lean estas líneas se despierten de la indiferencia en que muchos de nuestros
hijos viven y procuren los medios que puedan abrirles el camino de la vuelta a
los orígenes. Para esto está creada la Eparquía Maronita y en esta línea está
orientada la preocupación del nuevo Eparca pastor.
El nuevo Eparca y pastor - Planes y prioridades del pastor
El nuevo Eparca o pastor que
el Papa puso al frente de la Eparquía de San Charbel en Buenos Aires, está
consciente de la tarea difícil que le aguarda para poder cumplir con su misión,
pues, siendo pastor siente la necesidad de tener un contacto con su grey, para
poder transmitir a ellos el mensaje del Evangelio, dentro del marco tradicional
de la Iglesia maronita. El sabe que el territorio nacional donde están sus
ovejas desparramadas es inmenso y sus posibilidades de alcanzar el con- tacto
personal con cada fiel de su diócesis es un trabajo arduo y pide mucha paciencia
y abnegación. El está consciente de que el buen pastor debe ser el "guardián de
las ovejas que abre el corral y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una
por su nombre y las hace salir" (In. 10, 3). Su esperanza es que esta carta
pastoral tenga efecto positivo y despierte el interés de los destinatarios para
que acudan a ayudarlo a fin de poder realizar con eficacia su labor.
Su confianza es grande en sus
pocos colaboradores actuales y alimenta un deseo, verlos multiplicarse en el
futuro para poder servir a sus ovejas y así .'no tendrán hambre, ni sufrirán
sed, el viento ardiente y el sol no las dañarán, porque el que se compadece de
ellas les guiará y los llevará hasta las vertientes de agua" (Is. 49, 10) .
Los planes que busca el
Obispo nuevo son muchos y cuenta con los hombres de buena voluntad para que lo
apoyen, en los mínimos detalles.
La primera inquietud que
tiene la prioridad en la realización de su plan pastoral es la construcción de
una Catedral, en Buenos Aires, que será la Iglesia que congrega a todos los
maronitas de la Argentina. Esta obra ya está en marcha, con una Comisión de alto
nivel que vela por su realización. Pero es necesaria la colaboración de todos
los maronitas en toda la Argentina, porque es la catedral de ellos y no solo de
los porteños. Es mi deseo que esta carta incentive a muchos a interesarse por
esta prioridad. Espero que mis palabras encuentren eco y aguardo el momento de
escuchar la voz de los que me dirán "aquí estoy a su disposición, Mons.
Charbel", para juntos realizar la construcción del Templo de San Marón.
La otra meta sería la
adquisición de una sede para el Obispo, que sería el corral que cobija a pastor
y ovejas. Hasta el momento la Misión Libanesa Maronita cedió gentilmente un
lugar para que el Obispado funcione provisoriamente en la Capital Federal, pero
pronto el obispo tendrá su clero y sus seminaristas y es necesario un hogar para
poder cumplir con dignidad y eficacia su labor apostólica.
La tercera prioridad y quizás
la más importante y de más urgencia es reclutar vocaciones para la nueva
Eparquía de los maronitas de la Argentina y no podemos contentarnos solamente
con los sacerdotes que nos manda la Iglesia madre del Líbano. Es nuestra
obligación agradecer la labor de tantos misioneros que desde hace un siglo están
sirviendo a nuestra comunidad, en Buenos Aires, San Martín, Mendoza y Tucumán
con muchos sacrificios y con gran amor. Pero sería muy oportuno alimentar la
nueva diócesis de vocaciones locales para poder multiplicar las parroquias en
las provincias donde hay concentraciones maronitas. Son muchos los sacerdotes
que pertenecen a nuestra Iglesia Maronita y que están ahora en diversos centros
religiosos, realizando una labor eficaz, al servicio de la Iglesia Universal y
nuestro deseo es poder aprovechar de sus capacidades, en beneficio de las nuevas
actividades de la Eparquía.
En cuarto punto de los planes
del Obispo nuevo es despertar en las familias maronitas el interés por su
Iglesia, mediante una conscientizaci6n constante y programada. El movimiento
seglar hoyes de suma importancia y es necesario que elaboremos planes
especiales, en el futuro próximo, para un trabajo pastoral de conjunto, a nivel
nacional. Sería muy difícil proveer tantos sacerdotes para una diócesis tan
inmensa, dada la complejidad de nuestra realidad, pero hay muchas tareas que
puede el seglar cumplirlas, tanto cuanto un sacerdote, ya que somos todos los
bautizados un pueblo sacerdotal y participamos todos en el sacerdocio real de
Cristo.
El quinto punto y no el
último de los planes del Obispo de los Maronitas, es suscitar interés por la
espiritualidad maronita oriental. Ya hemos mencionado la característica de nues
tro pueblo como una comunidad que nació cerca de los conventos y se alimentó de
la espiritualidad monacal. Cuanto sería deseable poder tener vocaciones
religiosas y monacales que serían el núcleo principal de la Eparquía, porque en
tales vocaciones se asegura la continuación del espíritu característico del
maronita y se procura consolidar lo más necesario de todo éxito que es la
oración.
Llamado último del pastor
Es muy importante para el
pastor saber que su voz está siendo escuchada y es sumamente agradable constatar
el interés del rebaño a estar en contacto de intimidad y afecto con su pastor.
Desde que la Providencia Divina me trajo de nuevo a la Argentina, como primer
obispo de los maronitas, no dejo de agradecer a Dios, por la manifestación de
cariño y apoyo que encontré en todas partes y de todos los sectores de la
comunidad y esto me alienta a emprender el nuevo apostolado que me aguarda con
alegría, entusiasmo y completa disponibilidad. Yo quisiera asegurar a todos los
fieles que ya me conocen, qué el actual Mons. Charbel será el mismo de entonces
padre Charbel, un simple pastor al servicio de sus ovejas, con triple mensaje a
realizar: Estar en contacto con todos los fieles maronitas de la Argentina,
hacerles inculcar la fidelidad a Roma y el amor al Líbano y finalmente procurar
orientarlos en el camino del Evangelio para que se realice en todos el misterio
de Cristo total, "a fin de que Dios sea todo en todos" (I Cor. ; 15, 28)
En cuanto a los sacerdotes de
la Eparquía, que son mis íntimos colaboradores, les manifiesto mi gran amor por
todos ellos, valorizando su labor apostólica y bendiciendo sus actividades
abnegadas de pastoral. Estoy al lado de ellos en todo momento para juntos
realizar la misión que Cristo nos confió para beneficiar a sus elegidos y
conducirlos hacia el amor de Dios.
En el corazón del pastor está
un lugar privilegiado para los jóvenes, porque ellos son siempre la esperanza
del futuro y la fuerza del presente. Una Iglesia sin jóvenes no consigue
realizar con éxito y con vitalidad su función salvadora porque le faltaría el
ánimo de enfrentar los obstáculos y la fuerza para erradicar el mal. Al mismo
tiempo que pido a ellos que sean siempre generosos, abnegados y sobrios, les
imparto mi particular bendición.
La Iglesia es una madre y el
obispo, en toda comunidad, debe proceder con la bondad de una madre y con los
sentimientos de toda madre. No brindar este amor en plenitud sería traicionar el
espíritu maternal que implica calor humano e ilimitada donación. En este marco
de comprensión y de sincera afabilidad, me dirijo a todos los otros sectores que
conforman la familia humana, a saber, los niños, los ancianos, los adultos o tal
vez los inmaturos, los enfermos, los atribulados y los mismos marginalizados,
pues, en el corazón de madre hay lugar para todo ser humano en cuyo pecho
palpita la vida.
Me gustaría terminar esta
carta con las palabras de San Pablo Apóstol a los Cristianos de Efeso: "Doblo
mis rodillas delante del Padre de quien procede toda paternidad en el cielo y en
la tierra. Que El se digne fortificarlos por medio de su Espíritu, conforme la
riqueza de su gloria, para que crezca en ustedes el hombre interior. Que Cristo
habite en sus corazones por la fe, y sean arraigados y edificados en el amor.
Así podrán comprender, con todos los santos, cuál es la anchura y la longitud,
la altura y la profundidad, en una palabra, ustedes podrán conocer el amor de
Cristo, que supera todo conocimiento, para ser colmados por la plenitud de Dios"
(Ef. 3, 14-19).
Que la Virgen María, "Cedro
del Líbano", nos acompañe a todos con su maternal protección. A todos mi afecto
y bendición.
Buenos
Aires, octubre de 1991
Mons. Charbel
Merhi,
obispo
maronita |