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¡ARGENTINA! MARÍA TE DICE: RENACE Y CAMINA


Peregrinación a San Nicolás 2002


Una vez más hemos venido al Santuario de San Nicolás con el lema: “¡Argentina! María te dice: renace y camina”, para ponernos baja el amparo de Nuestra Señora del Rosario que no escucha y nos acoge como hijos. Son tantos los problemas que la corrupción ha producido en nuestra sociedad, causando pobreza y exclusión; tan grande el abandono en la atención del pueblo, sin que se planifiquen soluciones que hagan posible un futuro más promisorio; tan cercana se encuentra la disolución del entramado de nuestra república, que no es posible solucionarlo sin una especial ayuda de Dios.

Estamos viviendo la cultura del egoísmo que se hace desaprensiva ante el dolor de los otros. Los apuros de cada día nos impiden buscar el horizonte grande de un mañana mejor, de una sociedad más justa y fraterna y más feliz, que convierta a nuestra tierra en la Patria anhelada.

No podemos dirigir nuestra mirada a Jesucristo, buscando su inefable ayuda, sin acogernos a la mujer bendita que nos dio por Madre. Ella es el modelo de fe y el paradigma vivo de nuestra esperanza. Ella supo mantenerse fiel a Dios, sin desesperar, frente a las muchas vicisitudes que tuvo que padecer en su vida signada por la contradicción. La Madre de Dios sufrió la pobreza y padeció el destierro cuando el Niño Jesús era perseguido por Herodes, y fue luego llamada a participar de la pasión y muerte de su Hijo en el Calvario. Sin embargo los Evangelios sólo dan testimonio de su entereza  y de su entrega constante a la voluntad de su providencia amorosa y a vivir confiados en su gran misericordia.

Cuando los apóstoles recibieron el Espíritu Santo en Pentecostés, nos anunciaron, según acabamos de proclamar en la Palabra de Dios, la necesidad de que el mundo entero convierta su corazón para reconocer en Jesús al Señor y para atender su voluntad salvadora que siempre busca el bien de los que ama. Y en el diálogo con Nicodemo, leído en el evangelio de hoy, Cristo nos convoca a renacer, animarnos a vivir una vida nueva que no sólo sana nuestro interior, haciéndonos hijos de Dios, sino que también tonifica nuestra actividad temporal, haciéndola justa y solidaria. Debemos renacer para ser hombres nuevos.

En nuestro país estamos padeciendo problemas muy difíciles, pero ninguna situación es irremediable, si nos convertimos a Dios para vivir en justicia y fraternidad, confiando en el Padre que nos ama y nos protege, pero empeñando nuestro esfuerzo en la búsqueda de soluciones a las dificultades que nos afligen como sociedad. Nuestro Padre del cielo, en su voluntad providencia, ha permitido que nos ocurrieran estas cosas que ahora nos agobian.

El país nos necesita. No debemos desentendernos de los problemas que nos aquejan, esperando que otros los solucionen. O lo salvamos entre todos o no encontrará remedio si permitimos que se repitan las recetas que nos han traído a esta situación.

Es necesario que, en este momento de la historia, cada uno se sienta protagonista de la reconstrucción de la nación, pensando en el bien de la sociedad entera, en el resguardo de la dignidad de cada uno, y en tantos niños y ancianos que tienen hambre y no encuentran posibilidad de saciarla porque han sido excluidos.

Muchas son las intenciones que traemos en el corazón. Se fundan en el convencimiento de que juntos conformamos una misma comunidad y debemos comportarnos como verdaderos hermanos.

* Por eso ante los altos índices de desempleo y ante la precariedad de los puestos de trabajo, le pedimos al Señor  por los que no consiguen ocupación rentada. Que la sociedad encuentre la manera de generar empleo para todos, respetando el derecho que cada uno tiene a un trabajo digno, en el que pueda realizarse como persona, y con el cual pueda contribuir suficientemente a su propio sustento y al sustento de su casa.

* Ante la violencia irracional que se ha desatado en el país y la falta de seguridad física para las personas y las cosas, pedimos por la justicia y la paz. Justicia que procure y tutele, con políticas claras, el bienestar y la defensa de cada uno. Y paz para el entorno en el que se desarrolla nuestra vida: que no haya divisiones ni rencores estériles. Paz para la sociedad, cesando toda violencia en el decir y en el hacer, que sólo produce ruptura y ofensas muy difíciles de restañar. Paz también para el mundo amenazado de guerras.

* Ante una cultura que pretende, por todos los medios, dividir y destruir a la familia, pedimos por la unión y el renacer de nuestros hogares. Que los padres testimonien con su conducta el amor que los une y sean para sus hijos los primeros predicadores de la fe. Que los hijos los respeten y reciban con interés su preocupación por la formación que les brindan, anteponiendo sus consejos a otras opiniones interesadas o carentes de experiencia y de responsabilidad.

* Ante el egoísmo creciente de nuestra sociedad, pedimos a Dios por la globalización de la solidaridad. Que vivamos una ética fraternal considerando hermanos a los demás y obrando en consecuencia para reducir los efectos de este momento económico social.

* Ante la disolución de nuestra sociedad y sus instituciones debilitadas por la corrupción, de la que todos somos de algún modo responsables, pedimos por la capacidad y el empeño por hacer renacer a la Argentina salvándola de su agonía.

* Ante el desconocimiento de la ley de Dios y del Evangelio pedimos por las vocaciones. La Iglesia necesita ministros que prediquen  la Palabra, que hagan la Eucaristía y perdonen los pecados en nombre de Dios. Y también necesita consagrados que sean referentes de la vida evangélica y realicen las diaconías de caridad que requiere el apostolado y la evangelización.

Queremos aprender de María, humilde sierva del Señor, a vivir el Evangelio y a convertirnos en servidores de los otros, buscando que todos, especialmente los que hoy se sienten más agobiados, también puedan ser felices.

Queremos como Ella, ser solidarios, repitiendo su plegaria por los pobres, los enfermos y los afligidos. Le pedimos que lleve hasta su Hijo toda la miseria de esta hora argentina para que El la redima en su cruz y nos haga renacer como hombres nuevos, en una patria nueva.

Los cristianos deseamos estar de pié y asumir con grandeza de alma y con espíritu solidario nuestra parte en los destinos del país.

Dejamos junto a María del Rosario estas intenciones, seguros de su intercesión. Nos cobijamos en su seno de esperanza y ponemos en sus manos estas plegarias que expresan, a la vez, nuestro abatimiento y nuestro anhelo.


Mons. Eduardo Mirás,
arzobispo de Rosario



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