Mensaje de Mons. Eduardo Vicente Mirás, arzobispo de
Rosario,
para la Navidad de 2003
Al
celebrar en la Nochebuena el nacimiento de Jesús, hago llegar a los
fieles cristianos de la Arquidiócesis de Rosario mis augurios y mis
mejores deseos de felicidad y prosperidad.
En el transcurso
de este año el mundo ha vivido situaciones muy críticas con el
terrorismo, la guerra y sus consecuencias inacabables, mientras
nuestro país continúa enfrentando una penosa crisis social. La
justicia, la equidad y el reconocimiento de la dignidad de todos,
continúan siendo virtudes ausentes, ante la insaciable apetencia de
poder y la voracidad económica de muchos sectores. El horizonte se
agrava con la duda de que la ley pueda comprarse o negociarse como
una mercancía, y con la experiencia de que algunas veces adhiere a
posiciones enfrentadas a derechos fundamentales e inalienables.
Frente a este
panorama llega la Navidad con su mensaje de paz, para recordarnos que
ha nacido nuestro Salvador y para convocarnos a una esperanza que no
deja lugar a la tristeza.
El nacimiento de
Jesús es la culminación del infinito amor de Dios por la humanidad.
Nos anuncia con alegría que Dios se hizo hombre para venir al mundo.
Nacer en un establo en el silencio de la noche, es símbolo de la
humilde sencillez de Cristo, que opone la paz de aquel pobre pesebre a
los conflictos de nuestras vidas, atrapadas por la vanidad y las
ambiciones.
Nos muestra cuáles
son las cosas importantes, enseña el camino de la vida virtuosa y nos
da ejemplo de convivencia solidaria. Su mensaje de amor llega al
corazón para liberarnos de tanta esclavitud material y cultural,
invitándonos a comprometer nuestra acción para que la justicia y la
felicidad abracen a toda la sociedad.
Pido al Niño Dios
que los bendiga y les deseo muy felices fiestas.
Mons.
Eduardo Mirás, arzobispo de Rosario