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ENTREVISTA
PERIODÍSTICA
Entrevista de monseñor Eduardo
Vicente Mirás, arzobispo emérito de Rosario,
al Diario rosarino "La Capital", publicada en la edición del 2 de
enero de 2006 .
El ex arzobispo de Rosario, Eduardo Mirás, reprobó la
violencia verbal del gobierno nacional, repitió su percepción de una
falta de distribución real de la riqueza del país y alentó una
pronta mejoría en las políticas salariales, de previsión social y de
salud. El prelado, quien hasta la asunción del nuevo arzobispo
designado por el papa Benedicto XVI, José Luis Mollaghan, será
administrador apostólico de la arquidiócesis, instó a la concordia y
a "renovar el deseo de diálogo" como único camino hacia la paz.
-¿Le preocupa la actitud del gobierno nacional de querer imponer
siempre su voluntad y de criticar a quien no piensa igual?
-La médula de la
pregunta me parece que tiene dos partes: una es el deseo que pueda
tener todo gobernante o todo político de que su idea siga adelante;
eso es legítimo, cada uno tiene una manera de pensar y si está
convencido de que es la verdad, hará todo lo posible para que esa
idea llegue a la práctica y se pueda desarrollar en la sociedad. En
cambio la segunda parte de la pregunta, con respecto al derecho a la
crítica, y a veces crítica despiadada a quien piense en contra, eso
me parece que no está bien. Cada uno tiene el derecho, yo diría más
que el derecho, el deber de defender aquello que cree en conciencia
que es la verdad y entonces así como un grupo político piensa una
cosa, otro grupo puede pensar de otra forma legítimamente. Esto no
es motivo para rencillas, ni para peleas, ni para descalificaciones
de uno a otro. Tendría que ser la manera de exponer cada uno lo
propio en una auténtica actitud de diálogo para contemporizar en un
mundo plural, con el pensar de todos, sin herir a nadie. Toda
actitud que sea agresiva hacia los demás me parece que no está bien.
-¿Cree que se sigue distribuyendo injustamente la riqueza del país?
-Yo creo que no hay
distribución de riquezas y esto es injusto. Siempre expresamos esto
porque se ha hecho una muletilla y por eso tal vez no reparamos en
lo que estamos diciendo; y es que cada día hay un número menor de
gente rica, pero mucho más multiplicada su riqueza, y un número
mayor de gente pobre y pobres que van pasando a la exclusión. Esto
implica que la riqueza no está distribuida, siempre hay un grupo que
recibe mucho, mucho más de lo necesario, y otro grupo que no recibe
nada o recibe muy poco. Y esto sí creo que es fundamentalmente tarea
del gobierno. O sea, aparte de que cada uno de nosotros por su
propia condición humana tiene que pensar en los demás, sobre todo
pensar en el pobre y hacer todo lo posible por el pobre, la tarea
del gobierno es actuar a través de medios, como impuestos y otras
cosas, para equilibrar y hacer equitativa la distribución de la
riqueza. Por ejemplo, que haya mejores sueldos, mejores
jubilaciones, todo este tipo de cosas que le darían un poco más de
desahogo a la sociedad. Fundamentalmente crear fuentes auténticas de
trabajo, como le hemos llamado nosotros al trabajo en blanco. Que el
ser humano tenga todo aquello que con su trabajo merece, como las
buenas condiciones jubilatorias o como las condiciones adecuadas de
salud para el que trabaja y para el hogar. Todo esto tiene que
lograrse a través de la ley. La Argentina lo había logrado en un
momento. Lamentablemente, en la historia, en el pasado reciente,
hemos perdido todo esto.
-¿Cuál es su percepción en materia de salud pública?
-Hay mucha gente que no
tiene ningún resguardo médico y otros tienen unos resguardos que yo
no sé si son para reír o para llorar. Uno se encuentra con personas
ancianas que tienen algún problema de salud y tienen que pedir
número, asistir con ese número varias semanas después, y allí le
dirán cuantas semanas después le harán un análisis; y si se tiene
que operar, en qué año lo van a operar y quién sabe si lo operan.
Tratar de arreglar lo más rápido posible todo esto es obligación de
la sociedad entera y del Estado, como autoridad en la sociedad.
-Usted dice que la riqueza directamente no se distribuye, ¿observa
cotidianamente esta realidad?
-Creo que lo observamos
todos en la sociedad. A veces uno piensa que ahora hay más
movimiento comercial, que la gente anda comprando cosas; a lo mejor
hay una pequeña mejoría, pero eso se ve en un grupo de la sociedad.
Hay otra sociedad, y es la inmensa mayoría de la sociedad, que ni
siquiera para las fiestas puede hacer algo especial y siempre tiene
que estar viviendo de la limosna. Y esto no es digno. Debemos tener
actitud solidaria y ayudar, cuando hace falta, con bienes, con
comida o con lo que fuera. Esto es algo que debe quedar en lo
temporal. Hay que buscarle una solución digna, para que las personas
con su propio trabajo puedan tener todos los bienes necesarios para
vivir con dignidad.
-¿Cuál es su mensaje para los fieles?
-Mi mensaje va a ser el
de siempre: busquemos la paz, busquemos la concordia. Tenemos que
renovar nuestro deseo de diálogo con todo el mundo, respetar el modo
de pensar de los demás. Cada uno desde su visión piensa: fulano,
mengano o el otro están equivocados, pero aun así respetemos lo
suyo, dialoguemos, tratemos de exponer la verdad, no usar la verdad
como un palo para pegarle a nadie, sino como una realidad
auténticamente bella que, expuesta, va a atraer la atención de los
otros. El diálogo lleva a la concordia a la sociedad y solamente así
vamos a poder tener paz, si no siempre vamos a estar discutiendo,
siempre gritándonos unos a otros con todos estos movimientos de
violencia que estamos viendo constantemente en lo cotidiano, en lo
familiar. En el entorno de cada uno existe violencia. Fuimos creados
para ser hermanos, esto es lo importante de decir de parte mía como
hijo. Jesús se hizo hombre también para que Dios fuera hermano
nuestro, de la misma carne y de la misma sangre de Adán; y nos
mostró cómo había que vivir pensando siempre en los demás. A esto
debemos llegar con el esfuerzo que esto supone, pero tenemos que
tratar de llegar todos.
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