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INVOCACIÓN
RELIGIOSA PARA EL 9 DE JULIO
Homilía de Mons.
Néstor Hugo Navarro,
administrador
apostólico de
Bahía
Blanca en el tedéum
celebrado con motivo del
Día de la Declaración
de la Independencia
Señor, Dios y Padre nuestro, en el aniversario 186 de la fiesta de la
Independencia de nuestra Nación, queremos darte gracias por ser Nación libre e
independiente y pedir tu ayuda para vivir a la altura cívica de aquellos padres
del Congreso de Tucumán de 1816, que tuvieron presente los valores eternos del
espíritu cuando pensaron fundar la Patria. Son estos valores de fe en Dios y de
unidad de todos los sectores para sacar adelante a nuestra Nación los que te
pedimos acrecentar, para responder a los serios y dramáticos desafíos que se
presentan hoy en nuestra Patria, cuyo pueblo quiere convivir en paz y anhela una
justicia, a veces demasiado largamente esperada, que distribuya equitativamente
la riqueza de nuestra tierra y el fruto de nuestro trabajo, a todos los hombres,
comenzando especialmente por aquellos hermanos que tienen menos.
Hoy
“nos duele comprobar que el
nuevo siglo encuentra al País en una situación tan delicada que no le deja
vislumbrar el rumbo y la orientación de su historia” (CEA, “Hoy la Patria
requiere algo inédito”, n° 3).
Nos lastima el corazón, Señor, que en un País tan rico y lleno de posibilidades,
haya crecido tanto la pobreza de nuestra gente. Con profundo dolor, hoy vemos a
“una multitud ingente de hombres y mujeres: niños, adultos y ancianos, en una
palabra, de personas humanas concretas e irrepetibles, que sufren el peso
intolerable de la miseria” (Juan Pablo II, SRS 13). Es un desafío enorme que
nos obliga a todos, pero especialmente a los dirigentes, a superar con rapidez y
decisión cualquier partidismo o interés de sector que nos impida buscar con
seriedad entre todos soluciones adecuadas y formular iniciativas creadoras para
que los recursos disponibles lleguen a todos, sin la injusticia de los
privilegios. Danos humildad, capacidad para dialogar sin segundas intenciones y
buscar con sinceridad el bien común. El bien de la Argentina tiene que estar por
encima de los intereses privados o de grupos, de los intereses políticos o
económicos, sean nacionales o extranjeros. Argentina es más grande que todos
ellos.
Nos aflige desde hace mucho
tiempo la injusta y dolorosa situación de cada vez más hermanos desocupados o
subocupados o que vemos mendigar alguna jornada de trabajo o algún magro
subsidio, porque a ellos no se les ha respetado el derecho natural a trabajar,
ni a sostener dignamente a sus familias. Te decimos con el Papa Juan Pablo II:
“Que el fantasma de la pérdida de trabajo, de un techo, de la salud o de la
posibilidad de educarse no se convierta en una sombra para la alegría de vivir”.
Afirmar la cultura del trabajo y la posibilidad cierta de tenerlo es un
derecho que todavía se nos debe. Es el trabajo merecido, bien tenido y bien
remunerado, el que nos irá permitiendo salir de la penosa situación social en
que nos encontramos, junto con la reactivación de la producción, hace tanto
tiempo prometida y que todavía estamos esperándola.
Te pedimos también Señor superar
el flagelo de la corrupción que tanto mal nos hace y que hoy se manifiesta de
muchas maneras: en los negociados financieros, en la especulación y en el
contrabando; en las promesas de los dirigentes no cumplidas y en el
insensibilidad social de aquellas empresas que parece no importarles nada el
hambre de otros; en el trabajo sin la debida cobertura social y en la ligereza
con los que algunos medios de comunicación tratan a la familia y al matrimonio.
Necesitamos que nos enseñes y ayudes a vivir honestamente para ennoblecer la
misión encomendada, para sanar la sociedad, y recrear la esperanza que es
posible una vida mejor, en esta Patria que amamos tanto. Concédenos tu gracia,
Padre, para que podamos vivir con la fidelidad y coherencia de tu Hijo Jesús.
Te pedimos que pongas paz en
nuestros corazones, para que cuando reclamemos legítimamene lo que nos
corresponde, lo hagamos sin violencias. Acrecienta el espíritu democrático, para
que podamos encontrar con el aporte de todos, y un diálogo sincero y respetuoso,
una convivencia mejor, más segura y solidaria, justa y pacífica. Purifica el
ejercicio de la democracia que no se reduce al simple hecho de votar, sino que
es el compromiso libre y solidario de ciudadanos y autoridades que buscan juntos
el bien común de la gente y defienden aquellos valores que respetan, defienden y
promocionan la vida y el sentido trascendente del hombre que busca en Dios su
destino más feliz y pleno. Porque, en definitiva,
“el
valor de una democracia se sustenta o se derrumba con los valores que encarna y
promueve” (Juan Pablo II, 25-02-01).
Sería injusto, Señor, no darte
gracias por todos aquellos hombres y mujeres que, por sí mismos o en
Instituciones, dan voluntariamente su tiempo y hasta sus bienes para aliviar el
sufrimiento de sus hermanos. En esta crisis social y económica, pero
especialmente de valores, ellos dan un testimonio claro y ejemplar del amor al
prójimo y del valor de la entrega gratuita.
Señor, cuántas veces en el
Evangelio te hemos visto rezar e invitarnos a la oración para encontrarnos con
Dios y descubrir nuestros compromisos más fraternos e inteligentes. Hoy pedimos
tu ayuda, con esta plegaria que hacemos de corazón por nuestra Patria en su
conjunto y por cada argentino en particular, en esta hora dramática pero llena
de esperanza a la vez, porque estamos seguros que querés ayudarnos. Te decimos,
pues, con toda la confianza de que somos capaces:
*
Jesucristo, Señor de la Historia, te pedimos que nos otorgues las gracias que
necesitamos para que cada uno de los habitantes asuma con fortaleza y grandeza
de espíritu las responsabilidades que le competen, a fin de recrear los lazos de
amistad social que hagan posible anteponer el bien común a los intereses
particulares o sectoriales.
* Que la dureza de las
dificultades acrecienten nuestra esperanza en Ti y arraiguen aún más nuestro
compromiso con los hermanos más necesitados.
* Que desde la familia hasta
la comunidad entera se levante hasta ti, Dios bueno y compasivo, la plegaria
confiada de este pueblo argentino que te reconoce “como fuente de toda razón y
justicia”.
Amén.
Bahía Blanca, 9 de julio de 2002.
Mons. Néstor Hugo Navarro,
administrador
apostólico de B. Blanca |