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“UN NIÑO NOS HA NACIDO, UN HIJO SE NOS HA DADO”
(Isaías 9,5)
Mensaje de Navidad del año 2003 de los obispos de Río Negro y Neuquén
Queridos hermanos y hermanas:
Una vez más,
nos hemos vuelto a reunir los Obispos de Río Negro y Neuquén, como Pastores que
tratan de observar la realidad con la mirada de Dios Padre, que envió a su Hijo
a nacer en un pesebre. Por eso quiere ser una mirada desde los pobres, desde
Jesús que “siendo rico se hizo pobre por nosotros” (2Cor. 8,9)..
1.
Caminar como Nación
En el camino
del Adviento nos hemos encontrado con figuras recias del Antiguo testamento,
como las de Isaías y Juan el Bautista, que, a través de sus enseñanzas, nos han
llevado a cuestionarnos seriamente: ¿Qué tenemos que hacer para salir de la
situación de pobreza material y moral, de desconfianza, de ese “amargo
sentimiento de desamparo… del colapso en los sistemas de seguridad, salud,
educación y previsión social”? (CEA, “ Navega Mar Adentro” n. 35)
Ya en 1987
Juan Pablo II, en su histórica visita a nuestra Patria, nos invitó a levantarnos
y caminar. El camino recorrido fue bastante tortuoso. Es cierto que aparecieron
propuestas nuevas y personas nuevas en el campo de la vida social; hubo también
momentos de “fuegos artificiales”; pero es también cierto que no se ha quebrado
la “destructiva gravedad de los pecados sociales que claman al cielo: una
corrupción que parece persistir, el descaro de quienes transfieren sus capitales
al exterior… el quiebre del sistema jurídico… la inseguridad y el aumento de la
brecha que se abre entre unos pocos privilegiados… y la marginación de
multitudes… Lo que antes fue pobreza, ahora es miseria” (NMA n. 36). Retomar
estos temas nos llevaría a repetir, en gran parte, lo que desde hace tiempo
hemos dicho de nuestra Nación y de nuestra Región.
Finalmente el
Adviento ha desembocado en la figura de María, esa Virgen que es bienaventurada
porque ha creído en la promesa del Señor y ha comprometido su vida para hacer su
voluntad y responder a su Proyecto (cf. Lc.1, 42).
2.
La familia de Jesús y nuestras familias
Este año, en
consonancia con la reflexión de todo el Episcopado argentino, los invitamos a
recorrer con nosotros los acontecimientos de la Navidad y a centrar nuestra
reflexión sobre la familia de Nazaret y sobre nuestras familias, sobre el Niño
Jesús y sobre los niños de nuestros pueblos y ciudades.
* Jesús fue concebido en el seno virginal de María. María es una mujer que ama
la vida y sabe renunciar a “su proyecto” para que Dios pueda hacerse hombre.
Hoy muchos
chicos no encuentran esa misma acogida porque hay madres que dicen “no a la
vida” ya sea por egoísmos personales o sociales o porque son víctimas de una
miseria agobiante.
Por otra
parte, surgen propuestas y hasta proyectos de leyes, que a menudo, no buscan
salvar la vida desde la concepción, sino más bien impedir que esa vida se
desarrolle plenamente.
* Jesús nació en la familia de un trabajador modesto, un carpintero que muy
probablemente no tenía siquiera un taller propio, que debía ir a los parajes de
los alrededores para encontrar trabajo. Una familia modesta pero llena de
respeto mutuo, de amor y de entrega. Una familia profundamente creyente que
reconocía a Dios como “su Señor”.
Los chicos que
nacen hoy día, no siempre tienen una familia así. Es cierto que existen aún
familias con estas características, pero existen familias donde la miseria o el
pecado han minado fuertemente las relaciones de la pareja, donde la falta de lo
necesario para la vida pone en segundo orden todas las demás dimensiones de la
familia: la convivencia serena, la educación de los hijos y la apertura a Dios.
* Jesús nació en una gruta, y fue acostado en un pesebre sobre un poco de paja
(cf. Lc.2, 7).
Hoy día muchos
niños no tienen mucho más en los ranchos del campo o de algún asentamiento: las
paredes de cantoneras y de plástico negro dejan pasar el frío intenso del
invierno, el viento con la tierra y el calor insoportable del verano. Tanto
sufrimiento apaga en esos niños el deseo de vivir.
* Jesús con su familia tuvo que dejar su patria y refugiarse en un país
extranjero (cf. Mt. 2, 13-15).
Muchas de
nuestras familias han tenido igualmente que dejar su pueblo, sus amistades, sus
costumbres para encontrar entre nosotros una nueva posibilidad de vida y han
terminado en los barrios periféricos de nuestras ciudades o en las “tomas de
tierra”, bastante frecuentes hoy día. Esta inseguridad y desarraigo hacen que
tantos niños crezcan sintiendo que son un estorbo para la sociedad.
* El niño Jesús participó ciertamente de la instrucción que las Sinagogas
(lugares de culto hebreo) ofrecían, tanto que el Evangelio lo muestran leyendo
(cf. Lc.4, 17) o escribiendo (cf. Jn. 8,8).
Hoy son cada
día más los niños y adolescentes que no alcanzan a mantenerse dentro del sistema
escolar o van a la escuela más por la comida que reciben, que por la enseñanza
que se les imparte.
* El niño Jesús frecuentó el culto semanal con José y participó en la oración
cotidiana de su familia, además de ir cada año en peregrinación a Jerusalén (cf.
Lc. 2,41 ss).
La gran
mayoría de los chicos de hoy día no ven a sus padres ir a la Capilla o a la
Iglesia a rezar, ni tienen a nadie que les enseña las oraciones, y así crecen
sin la certeza de saberse hijos de Dios.
3.
Compromisos de solidaridad
¡Cuántos niños
a nuestro lado tienen los mismos o peores problemas y sufrimientos que Jesús de
Nazaret!. ¡Qué fácil es conmoverse delante de la imagen del Niño divino y luego
no tener ningún gesto concreto de solidaridad hacía los “niños Jesús” que viven
a nuestro lado!
Invitamos a
las familias de nuestras Comunidades a pensar en algunos gestos concretos para
hacerlos con los niños necesitados del barrio, de modo que hagan presente, de
esa manera, el amor de María y José con el niño Jesús. Nuestro compromiso de
solidaridad tiene que llegar a “dolernos” (como afirmaba la Hna. Teresa de
Calcuta) para que los niños de nuestro alrededor tengan lo suficiente para una
vida digna.
4.
Llamado a las autoridades
Exhortamos en
particular a los que han asumido funciones públicas hace unos pocos días, que,
partiendo del derecho del niño a la alimentación, educación, salud y una vida
digna, legislen modos concretos que lo protejan a él y a sus familias,
asegurando sus derechos fundamentales: así se estará cuidando a la vez la vida
de nuestros niños y el futuro de nuestra Patria.
El presupuesto
de nuestras Provincias y Municipalidades debe tener en cuenta la cruel realidad
que viven muchos niños y, por lo tanto, debe reflejar la decisión política de
una ayuda verdadera, libre de toda acción partidaria.
5.
Conclusión
María, la
madre amorosa que acogió y protegió al Niño Jesús, nos inspire gestos de
profunda caridad. Que estos nos animen a proteger a cada nueva vida. Así
estaremos celebrando en familia el nacimiento del Hijo de Dios. ¡Qué lindo hacer
presente la llegada de Jesús con la oración, el Pesebre familiar y la
participación en las celebraciónes Navideñas.
Pero nuestros
campos, chacras, barrios, pueblos y ciudades necesitan muchas personas y
comunidades que, como María, hagan presente la esperanza, compartiendo en forma
solidaria con los que más sufren y necesitan. Así del Niño Dios que vuelva a
nacer entre nosotros podremos decir con el profeta Jeremías: “El Señor es
nuestra Justicia” (Jer. 23,6).
Diciembre del 2003
Mons. Néstor Hugo Navarro, obispo del Alto Valle del Río Negro
Mons.
Fernando Maletti, obispo de San Carlos De Bariloche
Mons.
José Pedro Pozzi, obispo emérito del Alto Valle del Río Negro
Mons.
Esteban María Laxague, obispo de Viedma
Mons.
Marcelo Melani, Obispo de Neuquén |