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Oposición al proyecto de aborto
en ocasión de una violación


Carta de los obispos de Río Negro (24 de junio de 2005)



A las queridas Comunidades de nuestras Diócesis de Río Negro:

Como lo hemos hecho en distintas ocasiones (carta para Navidad, para Pascua y otras circunstancias), también ahora les escribimos conjuntamente los Obispos de Río Negro con el propósito de subrayar una vez más el valor inalienable de la vida humana en todo momento y en cualquier circunstancia.

Lo hacemos esta vez porque estamos preocupados por un proyecto de ley, de conocimiento público, que en nuestra Provincia se reglamentaría la interrupción de la vida humana en ocasión de una violación.

Frente a esto queremos reiterar la sabia y humana doctrina cristiana que defiende la vida de todo hombre y mujer, desde el principio de su concepción hasta su fin natural. La vida humana es tan grande que en ningún caso puede interrumpirse voluntariamente; aún cuando fuera violado otro derecho, como en el caso que comentamos es la integridad y el respeto del cuerpo de la mujer. Por otra parte, ¡la violación de un derecho no puede llevar a aceptar violar otro, sobre todo tratándose del más básico de todos los derechos: la vida, y menos todavía con quien no es para nada culpable, como es el niño por nacer!

Frente a tantos casos de «violación sexual» de la mujer apoyamos y alentamos que se multipliquen iniciativas para sostener y acompañar a esa mujer, en muchos casos adolescente, especialmente cuando queda embarazada. Así como también acciones que obliguen a los violadores a asumir la responsabilidad y gravedad de su acto.

Sabemos lo difícil que resulta la tarea de mantener la serenidad ante el dolor de quienes fueron víctimas de algún acto de violación o de un atentado contra la integridad sexual, o ante quienes sufren el desconsuelo de saber que llevan dentro de sí una persona que padece una enfermedad; pero quien legisla no puede cargar sobre los hombros de una mujer dolorida la marca, que tarde o temprano aparece, de haber interrumpido la vida de un hijo.

Los pastores sabemos, por los casos que en el ejercicio de nuestro ministerio nos ha tocado acompañar, del daño que produce en la conciencia y en la mente de una mujer la realización de un aborto. Lo que parecía una solución, no fue más que la agudización de un conflicto interno. Es una doble cruz que le imponemos cuando estamos más atentos a «eliminar una persona problemática» que a legislar para asegurar a todas las madres la posibilidad de criar a sus hijos en un marco de seguridad sanitaria, o permitir que puedan dar su hijo en adopción sabiendo que tendrá el amor y la contención necesarias para crecer sano, desplegando todos las potencialidades que lleva en su código genético desde el momento de la fecundación y que su madre biológica, por alguna limitación psicológica o afectiva, no puede brindarle.

Lamentablemente, algunos no piensan así y creen que la solución es reglamentar el aborto, cuando en realidad son muchas las acciones que se podrían y deberían realizar a favor de la vida del niño por nacer y de su madre.

Algunos dirán: la reglamentación del aborto en estos casos de violación no obliga a nadie a optar por él. Es cierto, pero es verdad también que «las leyes desempeñan un papel muy importante y a veces determinante en la promoción de una mentalidad y de unas costumbres» (Juan Pablo II, Evangelium Vitae, nº 90). Por eso, ¿se puede aceptar la contradicción que legisladores que fueron elegidos para preservar el bien común, legislen violando el derecho natural a la vida de un inocente?

Respetando siempre el pluralismo de nuestra sociedad, creemos que este llamado a favor de la vida de tantas víctimas inocentes es tan evidente que no puede ponerse en discusión; por eso estamos seguros que encontrará un eco positivo en nuestras Comunidades, en todos los hombres y mujeres de buena voluntad y en nuestros propios legisladores, elegidos para defender la vida y acrecentar el bien común.

Los saludamos con todo afecto, rezamos por ustedes y le dejamos nuestra bendición personal de pastores que, junto a ustedes, quieren estar siempre del lado de la vida.


Mons. Esteban M. Laxague,
obispo de Viedma

Mons. Néstor H. Navarro, obispo del Alto Valle

Mons. Fernando Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche

Mons. José Pedro Pozzi, Obispo Emérito Alto Valle



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