«Un llamado insistente a la
conversión»
Carta pastoral de monseñor Jorge
Novak, SVD, obispo de Quilmes, con motivo de la Cuaresma 2000, dada el 16 de febrero de
2000.
Hermanos:
Nos ha llegado de la Santa
Sede el Mensaje que Juan Pablo II dirige a todos los católicos. Recomiendo vivamente su
lectura y aplicación. Comienza diciendo. «El tiempo cuaresmal representa el punto
culminante de conversión y reconciliación que el Jubileo, año de Gracia del Señor,
propone a todos los creyentes para renovar la propia adhesión a Cristo y anunciar, con
renovado ardor, su misterio de salvación en el nuevo milenio».
Jesús, en su discusión con los jefes judíos, les
decía: «les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado. El esclavo no permanece
para siempre en la casa; el hijo, en cambio, permanece para siempre. Por eso, si el Hijo
los libera, ustedes serán realmente libres» (Juan 8,34-35). Juan el Bautista
identificaba a Jesús en estos términos: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el
pecado del mundo» (Juan 1,29). Por su parte Pablo Apóstol escribía: «La prueba de que
Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Y ahora
que estamos justificados por su sangre, con mayor razón seremos librados por Él de la
ira de Dios» (Rom. 5,8-9).
Como regalo de su triunfo pascual otorgó Jesús un
poder asombroso a sus Apóstoles: «Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán
perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los
retengan» (Juan 20,22-23). Al perdón de los pecados sigue la vida nueva en Cristo
Jesús. El Apóstol advierte: «El Señor los ha perdonado, hagan ustedes lo mismo. Sobre
todo revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección. Que la paz de Cristo
reine en sus corazones, esa paz a las que han sido llamados, porque formamos un solo
cuerpo. Y vivan en la Acción de Gracias» (Col.3,13-15).
Hago un llamado muy afectuoso a nuestros sacerdotes
para que ejerzan con gran celo el ministerio de la reconciliación sacramental. Recuerden
esta página de la Exhortación Apostólica «Reconciliación y Penitencia» (Nº 29):
«Ante la conciencia del fiel, que se abre al confesor con una mezcla de miedo y de
confianza, éste está llamado a una alta tarea que es servicio a la penitencia y a la
reconciliación humana: conocer las debilidades y caídas de cada fiel, valorar su deseo
de recuperación y los esfuerzos para obtenerla, discernir la acción del Espíritu
santificador en su corazón, comunicarle un perdón que sólo Dios puede conceder,
celebrar su reconciliación con el Padre representada en la parábola del hijo pródigo,
reintegrar al pecador rescatado en la comunión eclesial con los hermanos, amonestar
paternalmente al penitente con un firme, alentador y amigable «vete y no peques más
(Juan 8,11)».
La Diócesis se moviliza pastoralmente
El comienzo de esta Cuaresma coincide
con el inicio de todas nuestras actividades pastorales. Invito, entonces, a relevar los
distintos aspectos en que se desglosa nuestra misión evangelizadora. Los diversos
sectores, animados por sus comisiones respectivas, acentuarán con mayores detalles los
objetivos que les corresponde fijar y cumplir.
Comienzo por nuestro servicio a la Palabra de Dios,
deber primario de toda comunidad diocesana. Los predicadores (ante todo los presbíteros y
diáconos) pondrán sumo empeño en esta santa Cuaresma en proclamar el Evangelio de la
salvación. ¡No escatimen el alimento espiritual de la fe a nuestras comunidades
hambrientas y sedientas de verdad y de luz!
Prepárense a conciencia, con la oración, el
estudio y, sobre todo, el empeño por vivir lo que proclaman.
Otro servicio eminente e imprescindible a la Palabra
de Dios es la Catequesis. El Movimiento Catequístico ha cobrado pujanza providencialmente
cuando una civilización técnica restaba eco a la verdadera religión. En nuestra
Diócesis hemos dado grandes pasos en la mejora y extensión de la catequesis. Todavía
queda una vasta tarea por cumplir. Agradezco la entrega de tantos centenares de
catequistas, muchas veces en forma heroica.
También menciono la labor evangelizadora desplegada
en nuestras comunidades educativas. En la Provincia de Buenos Aires, hace dos años, se
celebró el primer Congreso interdiocesano de Educación Católica.
Nuestra Junta de Educación impulsa asiduamente la
evangelización en nuestros colegios. Agradezco también esta solicitud, así como la de
los docentes. A las familias que nos confían sus hijos les expreso mi respeto y las
bendigo.
Nuestra Cáritas en la Diócesis organiza, como ya
es habitual, la Campaña de la Fraternidad a favor de nuestros pobres. Ella les hace
llegar subsidios impresos para promoverla. Apoyo ampliamente este objetivo y lo recomiendo
con urgencia. Juan Pablo II, en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, escribe (Nº
14): «en el inicio de un nuevo siglo, la pobreza de miles de millones de hombres y
mujeres es la cuestión que, más que cualquier otra, interpela nuestra conciencia humana
y cristiana. Es aún más dramática al ser conscientes de que los mayores problemas
económicos de nuestro tiempo no dependen de la falta de recursos, sino del hecho de que a
las actuales estructuras económicas, sociales y culturales les cuesta hacerse cargo de
las exigencias de un auténtico desarrollo».
Con la Santa Cuaresma comienzan sus actividades
nuestros Centros Pastorales de Formación. Es un capítulo importantísimo para el
presente y futuro de nuestra Diócesis. Ingresan este año seis jóvenes en el Seminario
«San Roque González»: ¡Loado sea Dios!
También inician su formación diez alumnos de la
Escuela de Diaconado permanente. Recordemos que hay ya un segundo año y que un grupo de
postulantes ingresa en el año preparatorio. Abren sus puertas para el nuevo año lectivo:
la Escuela de Ministerios «San Juan Evangelista»; el Instituto de Catequesis «San Pablo
apóstol»; el CERFORMIQ (Centro de Formación Misionera de Quilmes); el CEFITEQ (Centro
de Estudios de Filosofía y Teología de Quilmes «Santo Toribio de Mogrovejo»); la
Escuela Social «Jaime De Nevares».
Es muy importante que cada parroquia promueva las
vocaciones para las distintas áreas de la Pastoral y sepa descubrir a los futuros
agentes, brindándoles la posibilidad de una buena formación en los Centros Diocesanos,
donde adquirirán doctrina, metodología, técnica y espiritualidad.
En un marco eclesial más
amplio
Como diócesis argentina y americana
hemos asumido compromisos pastorales que es muy importante tener en cuenta al proclamar en
cada parroquia y en cada colegio las actividades del año. Es como insuflar el espíritu
en el organismo comunitario, levantando la vista, abriendo el corazón y animando el paso
misionero.
Menciono, en primer lugar, la Exhortación
Apostólica «La Iglesia en América». El Papa nos exhorta al «Encuentro con Jesucristo
vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad en América». Me parece
que el capítulo cuarto («Camino para la comunión») puede ofrecernos particularmente
valiosa inspiración para superar ausencias, tensiones e indiferencias. En el tema del
perdón viene muy al caso lo expresado por el Papa respecto de la Deuda Externa (Nº 59):
«Aún sin entrar en sus numerosos aspectos, la Iglesia en su solicitud pastoral no puede
ignorar este problema, ya que afecta a la vida de tantas personas. Yo he expresado
también varias veces mi preocupación por esta situación, que en algunos casos se ha
hecho insostenible».
En Paraná (fines de septiembre y principios de
octubre 1999) se ha dado un impulso fortísimo a la corresponsabilidad de cada Diócesis
en referencia a la Evangelización de los Pueblos. En las conclusiones de ese Congreso
Misionero leemos:
-Iglesia local (Nº 4): «Favorecer y articular las
estructuras de animación, formación, acompañamiento y sostenimiento de todas las
vocaciones mi-sioneras Ad Gentes (hacia adentro y hacia afuera)».
-Anuncio del Kerigma (Nº 4): «despertar un ardor
misionero que, inspirado en la mística de las primeras comunidades cristianas, anuncie
con audacia que Cristo murió y resucitó y está vivo con nosotros».
- Opción por los pobres (Nº 9): «Impulsar en la
Iglesia americana estructuras de solidaridad para responder, con clara opción, a los
Lázaros de nuestros tiempos».
- Pastoral orgánica (Nº 11): «Vivir la misión
como una escuela de comunión y participación, poniendo en común los dones recibidos
según las distintas vocaciones, de manera que la colaboración entre los diferentes
miembros se abra a un impu
lso misionero renovado. Promover la planificación
de la Pastoral orgánica, en un proceso participativo que integre a todos los bautizados.
Concientizar sobre la importancia del diálogo como elemento constitutivo de la misión de
la Iglesia, promoviendo una mentalidad abierta y un espíritu dialogante, desde la
pastoral de conjunto».
Menciono parcialmente estas conclusiones para
indicar mi firme voluntad de poner por obra lo que el Espíritu Santo inspiró a los
delegados del Congreso Misionero de Paraná. De ningún modo podemos permitir que ese
acontecimiento magnífico muera en los archivos de nuestras curias diocesanas. Todo lo
contrario: las comunidades parroquiales y educativas, las comunidades religiosas, los
movimientos de renovación han de mirarse en esas conclusiones como en un espejo y
aplicarlas con toda sinceridad.
En momentos en que redacto esta Carta Pastoral se
halla entre nosotros nuestro misionero en África, el P. Juan José Vasallo. Los años que
dedica a colaborar con la Iglesia de Rwanda son el mejor testimonio de que nuestra
Diócesis recoge obedientemente el mandato de la Evangelización de los Pueblos: «vayan
por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación ...» (Marcos 16,15).
Mons. Jorge Novak,
obispo de Quilmes
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2256, del 15 de marzo
de 2000 |