"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido
para anunciar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a
proclamar la liberación de los cautivos, a dar la vista a los
ciegos, a libertar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia
del Señor." (Lc 4, 18-19)
En
la celebración de la fiesta de Pentecostés, la diócesis de Jujuy
y la prelatura de Humahuca, queremos rescatar la necesidad de
dejarnos conducir por el Espíritu Santo y recuperar nuestra
capacidad de soñar -bajo su conducción- con un mundo, un país y
una provincia mejores, fundados en la verdad y la justicia,
consolidando y sosteniendo así en la historia el más maravilloso
sueño de Dios Padre.
Constatamos
con dolor que ese sueño de Dios Padre está lejos de concretarse.
Vemos
que "los rostros de la pobreza y la exclusión, como
consecuencia de criterios exclusivamente economicistas, son una
afrenta moral que hiere a la humanidad" (Conferencia Episcopal
Argentina, 77ª Asamblea Plenaria. San Miguel, 12-17 de abril de
1999)
Nos
duele que la provincia ocupe actualmente uno de los últimos lugares
en el país
-si no el último- en cuanto al nivel de desarrollo y bienestar.
Nos
duele lo que revelan los indicadores sociales: desempleo, deserción
escolar, mortalidad infantil, desnutrición, hacinamiento,
enfermedades sociales (tuberculosis, paludismo, sida, etc.).
Nos
preocupan, a nivel político, las sucesivas crisis institucionales
aún sin resolver y que dejan truncos programas iniciados.
Nos
preocupa que no existan planes y programas consensuados por todas
las corrientes políticas y que sean sostenibles en el tiempo.
Nos
preocupa la falta de diálogo entre los distintos estamentos
(gobierno, sindicatos, empresarios, políticos) para resolver los
problemas sociales ampliamente reclamados para dar respuesta al
clamor del pueblo.
Nos
preocupa que los discursos políticos prometan salidas mientras los
hechos generan desesperanza, apatía y descreimiento.
Nos
preocupa que primen los intereses personales y los proyectos
electoralistas sobre el bienestar de la comunidad.
No
obstante, nuestra provincia cuenta con recursos humanos de gran
valía, capaces de revertir la situación actual; en ello estamos
todos involucrados, según el grado de responsabilidad que a cada
uno le compete en la sociedad.
Por
lo tanto, apelamos a la madurez y la grandeza de nuestros dirigentes
políticos para asumir su compromiso histórico frente a la grave
realidad que atraviesa la provincia, abriendo sin postergación un
espacio de diálogo fecundo, sin sectarismos.
Nos
hacemos eco del clamor de nuestro pueblo y de la respuesta
esperanzada de Dios Padre: "He visto la humillación de mi
pueblo...he escuchado sus gritos...conozco sus sufrimientos para
liberarlo del poder opresor...para hacerlo subir...a un país grande
y fértil, a una tierra que mane leche y miel" (Exodo 3, 7
ss.).
Que
el Espíritu Santo -"Padre de los pobres"- ilumine,
aliente y fortalezca los esfuerzos de todos en la tarea de
recuperar, en nuestra Provincia, el camino hacia el bien común.
Pentecostés
1999.