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EL SUEÑO DE UN MUNDO CON VERDAD Y JUSTICIA


Mensaje de Pentecostés (año 1999) de los pastores jujeños: Mons. Marcelo Palentini, obispo de Jujuy y Mons. Pedro Olmedo Rivero, obispo-prelado de Humahuaca



"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación de los cautivos, a dar la vista a los ciegos, a libertar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor." (Lc 4, 18-19)

En la celebración de la fiesta de Pentecostés, la diócesis de Jujuy y la prelatura de Humahuca, queremos rescatar la necesidad de dejarnos conducir por el Espíritu Santo y recuperar nuestra capacidad de soñar -bajo su conducción- con un mundo, un país y una provincia mejores, fundados en la verdad y la justicia, consolidando y sosteniendo así en la historia el más maravilloso sueño de Dios Padre.

Constatamos con dolor que ese sueño de Dios Padre está lejos de concretarse.

Vemos que "los rostros de la pobreza y la exclusión, como consecuencia de criterios exclusivamente economicistas, son una afrenta moral que hiere a la humanidad" (Conferencia Episcopal Argentina, 77ª Asamblea Plenaria. San Miguel, 12-17 de abril de 1999)

Nos duele que la provincia ocupe actualmente uno de los últimos lugares en el país
-si no el último- en cuanto al nivel de desarrollo y bienestar.

Nos duele lo que revelan los indicadores sociales: desempleo, deserción escolar, mortalidad infantil, desnutrición, hacinamiento, enfermedades sociales (tuberculosis, paludismo, sida, etc.).

Nos preocupan, a nivel político, las sucesivas crisis institucionales aún sin resolver y que dejan truncos programas iniciados.

Nos preocupa que no existan planes y programas consensuados por todas las corrientes políticas y que sean sostenibles en el tiempo.

Nos preocupa la falta de diálogo entre los distintos estamentos (gobierno, sindicatos, empresarios, políticos) para resolver los problemas sociales ampliamente reclamados para dar respuesta al clamor del pueblo.

Nos preocupa que los discursos políticos prometan salidas mientras los hechos generan desesperanza, apatía y descreimiento.

Nos preocupa que primen los intereses personales y los proyectos electoralistas sobre el bienestar de la comunidad.

No obstante, nuestra provincia cuenta con recursos humanos de gran valía, capaces de revertir la situación actual; en ello estamos todos involucrados, según el grado de responsabilidad que a cada uno le compete en la sociedad.

Por lo tanto, apelamos a la madurez y la grandeza de nuestros dirigentes políticos para asumir su compromiso histórico frente a la grave realidad que atraviesa la provincia, abriendo sin postergación un espacio de diálogo fecundo, sin sectarismos.

Nos hacemos eco del clamor de nuestro pueblo y de la respuesta esperanzada de Dios Padre: "He visto la humillación de mi pueblo...he escuchado sus gritos...conozco sus sufrimientos para liberarlo del poder opresor...para hacerlo subir...a un país grande y fértil, a una tierra que mane leche y miel" (Exodo 3, 7 ss.).

Que el Espíritu Santo -"Padre de los pobres"- ilumine, aliente y fortalezca los esfuerzos de todos en la tarea de recuperar, en nuestra Provincia, el camino hacia el bien común.

Pentecostés 1999.

Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2116, del 9 de junio de 1999


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