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MENSAJE NAVIDEÑO


Mensaje de Mons. Marcelino Palentini, obispo de Jujuy, para la Navidad de 2003


FELIZ NAVIDAD, nos auguramos todos.

¿Qué significa desde la palabra de Dios que hemos escuchado, este augurio?

Antes que nada, feliz presencia de Dios entre nosotros, los hombres, porque Dios “se hizo hombre y habitó entre nosotros…”

Y el evangelista Lucas nos describe las condiciones históricas y religiosas en que aconteció la primera Navidad. Nos habla de una situación política de dominación, una realidad religiosa de ritualismo, una situación social de sufrimiento de la mayoría del pueblo, con unos pocos privilegiados y muchos excluidos.

Una Navidad en la cual el mismo Dios busca un lugar y no lo encuentra.

Vivir la Navidad es renovar un compromiso con el Mesías esperado, con el Rey de reyes y Señor de los señores. Celebrar la Navidad es mucho más que preparar un pesebre debajo de un arbolito de navidad; es mucho más importante que reunirnos en la mesa familiar para celebrar el encuentro de  parientes y amigos; es mucho más serio que brindar o hacer ruido con cohetes y bombas de estruendo…

Celebrar la Navidad es dejar que Dios, el Emmanuel, el Dios con nosotros entre en nuestra historia y nos traiga la liberación, la salvación plena. Celebrar la Navidad es aceptar a Jesús, nombre que significa “Dios nos salva”.

No podemos entonces confundir la Navidad con el Papá Noel, con las lucecitas y los regalitos. Es mucho más serio: es abrir la puerta del corazón de par en par a Cristo que viene. No sólo el corazón de cada uno, sino de toda una sociedad que quiere recibir al Dios de la Paz, al Dios del amor, al Dios que es Mesías, Salvador, al que renueva todas las cosas.

Celebrar la Navidad es ir al encuentro de ese Niño que “nos ha nacido”. Él es la “señal” que dan los ángeles a los pastores: señal del cumplimiento mesiánico. Es la inauguración de una historia diferente.

Los ángeles anuncian a los pastores: “No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo. Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un  Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

Una señal ¿para quién? Para “todo el pueblo”, ese pueblo adormecido, distraído y necesitado de liberación.

Hoy también repetimos el anuncio de los ángeles: Vayan a Jesús, el Salvador, el Mesías. Y esta necesidad de encontrar al Señor es de todo nuestro pueblo jujeño, de nuestro hombre de hoy distraído por muchas voces y muchas falsas promesas de felicidad.

Nuestro pueblo necesita del mensaje de paz mesiánica, esa paz profunda y verdadera que no es sólo individual, intimista y superficialmente espiritual.

Necesitamos la paz que es gozo y amor, cercanía y calor humano, armonía social y justicia, vida comunitaria, libertad interior, esperanza y reconciliación de todo un pueblo


Navidad entonces

1. Es la aurora de un nuevo día, porque Cristo es la luz que ilumina a todo hombre y a toda la sociedad que lo quiere recibir, porque rechazamos la tiniebla de la corrupción, de la desnutrición de los niños, del abismo que separa a los ricos de los pobres, de la desesperanza que lleva a la pérdida del valor de la vida, de la violencia, de la soberbia.

2. Es comienzo de un cielo nuevo y tierra nueva, donde reina la justicia que dignifica y defiende a todos por igual.

3. Es esperanza de tiempos nuevos, porque  las familias se unen en un amor divino y sus miembros se respetan y se ayudan a ser fieles al proyecto que Dios tiene para cada uno; porque soñamos un mundo nuevo con los pies en la tierra para luchar con dignidad y el corazón puesto en Dios que orienta y consuela.

4. Es solidaridad, porque con la encarnación Dios se hizo solidario con los hombres, puso su morada entre nosotros. Asumió nuestra realidad de pueblo, de hombres limitados, de hombres divididos, para divinizarnos y unirnos en el amor.

5. Es verdad, porque Jesús es la Palabra verdadera del Padre, palabra que no acepta mentiras, engaños, sobornos, componendas.

6. Es paz  no sólo del corazón de cada uno, sino de toda la sociedad que se reconcilia en el amor.


Por todo eso vivir la Navidad es vivirla desde la fe, en el amor y la solidaridad, en la esperanza y la verdad, en la justicia y en la paz.

“No tengan miedo… alégrense”… les dijo el Ángel a los humildes pastores…

Lo repite a nosotros hoy en esta Navidad 2003.

La situación de nuestro pueblo encontrará salida en la confianza en Dios, en el compromiso con el hermano, en la certeza que con nosotros está el Emmanuel “Dios  con nosotros”, vive Jesús “el Dios que nos salva”.  Si nos dejamos iluminar por la luz de Cristo que vence las tinieblas de nuestros egoísmos, nuestros pecados, nuestras miserias… podremos cantar juntos: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres a quien Dios ama.”

Nuevamente les deseo una FELIZ NAVIDAD  y los bendigo junto a todas sus familias.

Les traigo también los saludos y augurios de p. obispo Pedro Olmedo


Mons. Marcelino Palentini,
obispo de Jujuy



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