Homilía
de Mons. Marcelino Palentini, obispo de Jujuy
en la fiesta patronal del Santísimo Salvador (6 de agosto de 2004)
“HAGAMOS REINAR A CRISTO SALVADOR
EN LAS ESTRUCTURAS DE NUESTRA SOCIEDAD”
Así reza el lema de esta Fiesta Patronal en el contexto de las celebraciones de
los 70 años de nuestra Diócesis.
Celebrar a
Cristo que triunfa, que manifiesta su rostro divino es una hermosa oportunidad
para preguntarnos si también nosotros, hermanos suyos, miembros de su cuerpo,
manifestamos ese rostro divino en nuestra vida personal y social.
Cada cristiano,
nos dice San Pedro, debe “dar testimonio de lo que ha visto y oído”. Cada uno de
nosotros, los bautizados, estamos llamados a manifestar este rostro
resplandeciente de Cristo en la vida personal y en todo ambiente. De esta manera
hacemos reinar a Cristo que hoy también, una vez más, nos dice que tenemos una
misión en el mundo: poner amor donde haya odio; unión donde haya división;
solidaridad donde haya egoísmo e individualismo; compromiso donde haya
indiferencia; paz donde haya corazones angustiados; entusiasmo por el anuncio de
la Buena Noticia, donde haya escepticismo e indiferencia religiosa; compromiso
con el hermano, donde haya intereses mezquinos de personas o corporaciones…
En vísperas del
Congreso Eucarístico Nacional a celebrarse en Corrientes a comienzos de
septiembre, recordamos lo que nos dicen los obispos argentinos:
“El pueblo
argentino, expectante y esperanzado, encuentra en la fe católica, que en su
mayoría profesan, no un consuelo superficial sino el sentido cristiano del
sufrimiento y de la cruz. La pobreza y el desconcierto han superado sus marcas
históricas!!! la desconfianza y la decepción siguen instaladas en los gestos y
en las palabras de una población extenuada. La fe católica, que inspira sus
multitudinarias manifestaciones religiosas, hace posible el camino de regreso de
tantas desilusiones y esperanzas humanas fallidas. Es el momento de la
conversión de los ídolos al Dios verdadero. Creemos necesario que Jesucristo
ocupe su lugar en la vida ciudadana de los cristianos.
La
sociedad se vuelve a Dios o se enfrenta con el vacío!
Nuestro
pueblo necesita volver a Cristo. En Él hallará las respuestas que los preserven
de la desesperanza y lo reconduzcan a la unidad nacional lamentablemente
dañada.”
Por eso, de una
manera especial resuena en nuestros oídos la voz del Padre en la
Transfiguración: Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo!
Tenemos que
volver a escuchar a Jesús para no caer en el vacío!
Tenemos que
escuchar a Jesús que nos habla de amor al hermano, nos habla de cargar con
nuestra cruz de cada día para llevarla con Él y así darle un sentido de
redención y de apertura a la resurrección, nos habla de lucha para tener el pan
de cada día y para compartirlo con el que está a nuestro lado, nos habla de
hacer de nuestra vida un don como lo hizo Él, que vino para servir y no para ser
servido; nos habla de Resurrección y de vida eterna a la cual todos estamos
llamados por ser hijos de un Padre que nos ha regalado este mundo para que lo
disfrutemos juntos, para que agrandemos la mesa y no para que eliminemos antes
de nacer a los posibles comensales… nos habla de que Dios Padre es la recompensa
del que ha vivido para El, siguiendo el ejemplo de Cristo…
La voz del Padre
resuena en nuestros oídos llamándonos a mirar hacia arriba, pero caminando con
los pies en la tierra, para hacer de este mundo una casa de hermanos.
El pan en la
mesa y el pan de la Eucaristía son un único signo de comunión y de amor.
No podemos comer
el “Pan del Cielo” sin compartir el Pan de la tierra.
No podemos
llamarnos hermanos, si algunos quedan fuera de la casa porque están sin un techo
digno.
No podemos
llamarnos con gozo hijos de Dios, si en nuestras familias y en nuestras escuelas
no hablamos a los niños y a los jóvenes de Dios Padre y de Jesús hermano
No podemos
llamarnos felices porque tenemos cosas, si no tenemos la gracia de Dios y su paz
en el corazón
No podemos
considerarnos constructores del mundo según el proyecto de Dios, si somos
indiferentes frente a una humanidad angustiada y oprimida por los riesgos del
terrorismo, de la violencia, de la inseguridad
No podemos rezar
el Padre nuestro, si pensamos solamente en nosotros.
No podemos
considerarnos auténticos discípulos de Cristo, si nos conformamos con algunas
oraciones, procesiones, misas, sin vivir una auténticas espiritualidad de
comunión y participación.
“DENLE USTEDES
DE COMER”, le dijo Jesús a los apóstoles que habían descubierto el hambre de la
gente, pero que no estaban todavía decididos a compartir lo poco que tenían.
Es el lema de
este Congreso Eucarístico Nacional, y debe ser nuestro compromiso para celebrar
dignamente nuestra Fiesta Patronal.
A nosotros se
dirige Jesús para pedirnos que nos organicemos como Iglesia y como sociedad
jujeña y empecemos a compartir lo mucho que nos dio el Señor: cultura, bondad,
amabilidad, servicialidad, honestidad, creatividad, arte, bellezas naturales y
riquezas personales…
No basta tomar
conciencia de los problemas y proclamar al mundo que las cosas no van como
quisiéramos…
Hay que actuar.
Tenemos que comprometernos en primera persona, como Jesús, después de la
Transfiguración se comprometió hasta la muerte en cruz y los apóstoles, que
habían entendido poco en ese momento, después de Pentecostés se comprometieron
hasta dar su vida por el Reino.
Es nuestra
responsabilidad hoy.
No tengamos
miedo al “qué dirán”, que siempre hace abortar hermosos proyectos.
No tengamos
miedo a ser pocos, porque la levadura es siempre poca, pero hace fermentar la
masa.
No tengamos
miedo a que no nos entiendan, porque la semilla demuestra que es fértil después
de brotar y madurar.
No tengamos
miedo de no ser reconocidos humanamente, porque “el Padre que ve en lo secreto
nos recompensará”, dice Jesús…
No tengamos
miedo de perder algunas ventajas materiales, porque Dios mismo es nuestra
recompensa.
Hoy muchos
hermanos esperan que les demos de comer el pan en la mesa de su casa, no en los
comedores, porque han conseguido ese pan con el trabajo digno.
Pero muchos
también esperan el Pan de la Palabra de Dios que orienta y reconforta; el Pan de
la Eucaristía que sostiene en los momentos más difíciles y da la fuerza del
servicio y de la entrega.
Si comulgamos
tenemos que “sentir como propias las necesidades de los otros” nos dice el
apóstol Pablo (1 Cor. 10,24)
Los ministros
extraordinarios de la Eucaristía que instituimos hoy en este servicio, tienen
justamente esta misión: Llevar el Cuerpo de Cristo a los hermanos enfermos para
permitirles sentirlo a Jesús cerca, a su lado, y así llevar la cruz de la
enfermedad junto con el mismo Jesucristo.
Pero todos, de
una u otra manera tenemos que ser portadores de ese Cristo que tenemos en el
corazón, a los compañeros de trabajo, de oficina, de escuela, de diversión, de
barrio y sobre todo a los miembros de la familia.
De esta manera
haremos reinar a Cristo Salvador en las estructuras de la sociedad, porque lo
hacemos reinar en los corazones que tienen su paz y que crecen en la capacidad
de amar.
Señor Jesús, salvador del mundo,
Sálvanos del
egoísmo, de la indiferencia, de la mediocridad, de los intereses mezquinos, de
las vanidades y de los miedos falsos
Y danos un
corazón como el tuyo,
Abierto a los
demás, sensible hacia los niños, los jóvenes y los ancianos que están solos,
Enamorado de
la vida y con capacidad de entregarla a la familia y para el bien común
Solidario con
todos y comprometido con los valores del Evangelio.
Señor Jesús,
nuestro Salvador,
Bendice a
nuestra Provincia, a nuestra Diócesis
Y haz que
todo bautizado sienta el compromiso de anunciar con las palabras y con su propia
vida que vale la pena ponerse a tu servicio para que la verdad, la justicia y la
paz, signos de tu Reino, sean una realidad entre nosotros.
Amen.
Mons.
Marcelino Palentini, obispo de Jujuy