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TEDÉUM DEL 25 DE MAYO
Homilía de monseñor Marcelino Palentini, obispo de Jujuy en el
Tedéum del 25 de Mayo de 2005
Lc 4, 16-32
“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El
me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los
cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar
un año de gracia del Señor…Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que
acaban de escuchar”
La Palabra de Dios no basta
saberla de memoria, hay que reactualizarla.
Los acontecimientos
históricos no basta celebrarlos como recuerdo, hay que reactualizarlos.
No hay que volver al núcleo
histórico de nuestros comienzos para ejercitar nostalgias formales, sino hay que
buscar en ellos la huella de la esperanza. Hacemos memoria del camino andado
para abrir espacios al futuro.
Nuestra fe nos enseña que de
la memoria de la plenitud se hace posible vislumbrar los nuevos caminos. Dios se
vuelve a hacer presente en la historia, vivimos en el hoy la historia de la
salvación y por eso podemos recomenzar, inspirarnos, fortalecernos y
proyectarnos.
Pero para eso hay que
escuchar la voz del Señor y dejarnos cuestionar íntimamente por ella.
Jesús fue muy claro: hoy se
ha cumplido este pasaje de la Escritura, en su persona.
Hoy también se cumple en
nosotros, si estamos abiertos a la misión que el Señor nos confía: anunciar la
Buena Nueva a los pobres, liberar a los cautivos y oprimidos y dejar actuar a
Dios en nuestra vida y en nuestra sociedad.
Sufrimos opresiones internas
y externas. Hay cadenas para romper dentro de nosotros mismos (egoísmos,
envidias, competencias desleales, chismes, críticas que no construyen,
indiferencia frente a las necesidades de los demás, superficialidad, modelos de
vida y valores que nada tienen que ver con nuestras raíces cristianas, etc.
Y hay cadenas externas como
la deuda externa, los modelos de vida impuestos por los intereses de la
masificación, de una globalización que nos hace pensar con la cabeza ajena, una
mentalidad economicista liberal que no tiene en cuenta a los más débiles, etc.
Frente a todo esto Jesús nos
vuelve a decir que un mundo nuevo es posible, que el hombre tiene en sí
recursos que le permiten revertir el rumbo de la historia para que sea una
historia fundada en los verdaderos valores de la hermandad, de la solidaridad;
del ojo y oído atento al prójimo más que mirarnos a nosotros mismos para sacar
ventajas egoístas de todas las circunstancias que se nos presentan…
¿El que tiene aspiraciones
políticas está pensando verdaderamente en los demás? ¿Quiere una Provincia y un
País renovado según el espíritu que nos propone Jesús?
El que educa lo hace pensando
en el futuro del País, inculcando estos valores trascendentes, eternos y
evangélicos de la abnegación, la entrega hasta el don de sí, la búsqueda del
bien común por encima del propio interés?
¿Las familias ayudan a
entender que el amor al otro, a costa de sacrificios personales, es la base de
la sana y alegre convivencia?
¿La Iglesia, que la
constituimos todos los bautizados, forma para profundizar estos valores
fundados en la Palabra de Dios que nos pide servir y no ser servido como lo hizo
Jesús?
¿Estamos programando una
sociedad para el futuro o solamente nos conformamos con aguantar el presente,
buscando salir del paso lo mejor posible, pero sin perspectivas?
El mundo se asombra de que
nuestro País, lleno de posibilidades materiales y con tanta riqueza humana e
intelectual, viva constantes crisis. Necesitamos profundizar las causas para
proyectar el futuro.
Jesús ha venido a dar la
vista a los ciegos, nos decía el Evangelio.
Nosotros a veces somos ciegos
porque no miramos la realidad con objetividad. Nos conformamos a no aceptar lo
distinto, no vemos lo complementario, ridiculizamos y censuramos al que piensa
diferente, no reconocemos las virtudes y grandezas de los otros y así provocamos
la mediocridad.
Los judíos decían de Jesús:
No es acaso el hijo del carpintero?... Y no creyeron en él, por el contrario
tomaron piedras para apedrearlo… Les molestaba su actitud que invitaba a mirar
la verdad con la frente alta.
Puede sucedernos también a
nosotros.
Si hacemos una campaña
electoral solamente para sacar ventajas personales, no vemos la verdad.
Si pensamos en nuestros
mezquinos intereses, no vemos la verdad
Si programamos sólo nuestro
futuro, sin pensar en los más pobres y desamparados, no vemos la verdad…
Nuestra sociedad necesita
educación en valores, dirigentes abnegados y de excelencia, formadores de
personas en lo humano y espiritual que reflejen la figura de Jesús.
Celebrar el día de la Patria…
Es celebrar el heroísmo de
nuestros próceres, pero también celebrar las posibilidades que hoy tenemos de
construir una Patria soñada por ellos.
Es recordar el pasado para
construir un futuro comprometido con el hombre y con todos los hombres
Es admirar para imitar
Es celebrar la vida como don
de Dios desde el primer instante de la concepción y defender la vida de toda la
comunidad para reflejar la comunidad divina, la Trinidad.
Es decirnos mutuamente:
“podemos salir adelante”, trabajando codo a codo, pensando juntos en el respeto
de las diversidades, sin tomar piedras para echarlas al que piensa distinto,
sino enriqueciéndonos mutuamente.
San Martín de Porres, gran y
humilde Santo latinoamericano decía:
Quien tiene fe tiene amor.
Quien tiene amor tiene Paz
Quien tiene Paz tiene a Dios
Y quien tiene a Dios… no le
falta nada.
Dejémosle a Dios el mejor
lugar en nuestra vida personal y en nuestra sociedad y lo tendremos todo.
Mons. Marcelino Palentini, obispo de Jujuy |