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JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
Homilía de monseñor Joaquín Piña, obispo de Puerto Iguazú,
1 de junio de 2003
Hoy es la fiesta litúrgica de la Ascensión del Señor. Desde hace muchos años, en
este día se celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.
Tal vez por aquello de que Jesús se nos fue al cielo, pero no deja de
interesarse, y por lo tanto de “comunicarse” con nosotros –los que quedamos
aquí– y que tanto le necesitamos.
Es la oportunidad
para que hablemos de la importancia de la comunicación, y en particular de esto
que los yanquees llaman los “Mass Media”, o sea de los Medios modernos de
comunicación social.
Impresiona el
avance de la tecnología en este campo. Seguramente uno de los que más se han
desarrollado. Hoy en día, las noticias se difunden de manera que podemos saber
en simultáneo lo que está ocurriendo en el otro extremo de la tierra.
Me resulta
interesante constatar cómo los medios visuales, como la TV, no han reemplazado a
los auditivos, -la radio, sobre todo-, y a los escritos: la prensa, que sigue
siendo como la columna vertebral, no sólo para la información, sino también para
la formación de la opinión pública. Por lo demás, es cierto que no se puede
separar mucho la formación de la información, porque de acuerdo a cómo ésta se
presente, será el mensaje y la ideología que se transmita.
De aquí la
importancia de estos Medios. De aquí que, con razón se ha dicho que constituyen,
junto a los tres Poderes del Estado, un cuarto Poder. Que yo me atrevo a decir
que, a la larga, puede más que los otros tres.
Es enorme el poder
de la prensa para el bien o para el mal. Los gobiernos lo saben, y por esto se
esfuerzan tanto en controlarla.
Nos llenamos la
boca hablando de la libertad de prensa, pero todos sabemos que esta libertad es
relativa. Tiene un límite: lo que los grupos empresarios y los gobiernos que la
financian –o subvencionan- les permiten que digan. Esto es más evidente en los
regímenes totalitarios, pero se da también en nuestras democracias formales. Sin
ir más lejos, mucho de esto se pudo observar en la información que nos llegó de
la guerra de Irak. Y no hablemos ya de los canales adquiridos por los candidatos
en la campaña electoral.
El Papa lo sabe, y
por esto nos previene. Los Medios de Comunicación pueden ser utilizados para el
bien, pero también para el mal.
Comencemos por esto
último. Es evidente que hay una ética de los Medios. Los Medios no pueden
inmiscuirse, por respeto, en la vida privada de las personas. Nunca pueden
prestarse a la difamación, y menos aún a la calumnia. Su ley suprema es la
verdad. La objetividad de los hemos. No se puede mentir a sabiendas, o con
medias verdades.
Pero también la
prudencia. No se puede transmitir algo que sea una incitación a la violencia, a
la xenofobia, a la discriminación. Se debe respetar a toda persona y a toda
institución. No herir la sensibilidad de un pueblo que tiene sus creencias. Se
debe manejar con cuidado el tema del ridículo, porque no todo humor es saludable
y permitido. No sirve hacer campañas para perjudicar a una persona o a un grupo.
Es muy peligrosa la tentación del sensacionalismo.
Pero, de otro lado,
¡es tanto el bien que puede hacerse a través de los Medios! En primer lugar,
difundiendo buenas noticias. En Montevideo, años atrás, había una radio que
difundía sólo buenas noticias. Qué importante que es alentar a la gente, en
medio de tantas cosas que nos desalientan. Testimonios de vida. Y por supuesto,
que la mejor Buena Noticia es la que Jesús nos vino a traer; Que Dios ama
a los hombres. Y que nosotros debemos amarnos los unos a los otros, como Él nos
ama. Y de esto podríamos dar muchos ejemplos concretos.
A todos los
buenos comunicadores, que siembran el bien y la verdad, mi felicitación es este
día. Y a los consumidores, que sepan distinguir el trigo de la cizaña.
Los bendice su
Padre Obispo
Mons.
Joaquín Piña Batllevell,
obispo de Puerto Iguazú
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