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LAS PRÓXIMAS
ELECCIONES
Carta pastoral de Mons. Joaquín Piña, obispo de Puerto Iguazú
para la Pascua de 2003
Entre tantas malas noticias, está bien que, al menos, demos alguna buena. Y hoy
la tenemos, y muy buena. Y es que ¡Cristo resucitó! No es un muerto, un
fracasado. ¡Él vive! Y si Él vive, –dice
San Pablo–,
quiere decir que nosotros, si morimos –sufrimos con Él- tenemos que resucitar
para una vida mejor. La definitiva. La que está más allá de la muerte. Y esta
vida, –dice
el Evangelio–,
nadie nos la podrá quitar.
Lo que en la Biblia se dice del
pueblo de Dios, se puede decir, o aplicar, a cada uno de nosotros. Y viceversa:
Lo que creemos acerca de nuestra propia vida como cristianos; se puede aplicar a
lo que ha de ser nuestro futuro como Nación. Por esto, yo sigo creyendo que la
República Argentina tiene que resucitar.
Claro que, en este mundo, las
cosas no son tan simples. Ni se hace todo de una vez. Por esto que me parecen
oportunas las palabras de la última declaración de los Obispos de la Comisión
Permanente, sobre las próximas elecciones. Para que no perdamos la esperanza; y
para que no nos dejemos llevar por unas exageradas expectativas, que se nos
podrían convertir luego en frustraciones. La declaración, o documento, dice así:
“Por débil que sea nuestra
democracia; por inútiles que a algunos puedan parecerles estas elecciones,
conviene que las mismas se lleven a cabo lo mejor posible. Aunque no se puede
depositar en ellas una confianza excesiva, pero pueden ser un instrumento para
seguir cultivando la esperanza de que somos capaces de construir una Argentina,
más allá de la magia y el desánimo.”
“Los candidatos deben fundar sus
aspiraciones en la probidad moral, demostrada a lo largo de sus vidas.
En el valor de sus proyectos. En el compromiso por el bien común, y no en
suscitar engañosas emociones”.
“Quienes acudimos a las urnas el
27 de abril, hemos de comprometernos a ser ciudadanos responsables de cumplir
los propios deberes, antes de reclamar nuestros derechos. Respetuosos del
vecino. Capaces de realizar bien el propio trabajo. Ser contribuyentes honestos,
(pagar los impuestos), pero, al mismo tiempo, ser exigentes para que los mismos
se administren bien. Que no nos dobleguemos ante las dádivas partidarias.
Que seamos incrédulos ante las promesas vacías de los políticos. Críticos de
nosotros mismos y de las autoridades que elijamos”.
“Debemos ser ciudadanos que nos
rebelemos ante la mentalidad mágica, que ha paralizado por decenios al pueblo
argentino, y nos resistamos a caer bajo la tentación del desánimo”.
Todo esto me parece muy realista
y muy oportuno. No soñar que todo se va a arreglar de repente, por arte de
magia. –o de algún mago–, ni caer en el desánimo, diciendo que nada se puede
hacer.
Algo se puede hacer, aunque no
sea más que dar pasos hacia una democracia más real. Más representativa.
No caigamos en el error de
volver a elegir a los que le hicieron tanto mal al país, y ahora estamos pagando
las consecuencias. O a los parientes de los parientes de los Señores del
Imperio, que nos quiere dominar, (como se ha visto una vez más en la guerra de
Irak). No dejemos que nos dominen una vez más.
Yo creo y espero que el domingo
que viene, si todos votamos a conciencia, se pueden dar algunos pasos hacia
delante. No se inhiban, porque, entre todos tenemos que construir esta nueva
Argentina. Esta Nación que todos deseamos. Porque algún día tenemos que
resucitar.
Y no se olviden de rezar. De
pedir la Paz. Porque, como dicen también los Obispos, a partir de nuestra paz
interior es que construiremos la paz social. Así que, ¡Felices Pascuas para
todos!
Les bendice su padre obispo
Mons. Joaquín Piña y Batllevell
Domingo de Pascua, 20 de abril
de 2003 |