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MIENTRAS, LA GENTE ESPERA


Carta
de monseñor Joaquín Piña, obispo de Puerto Iguazú,
6 de junio de 200
4 -  Fiesta de la Santísima Trinidad


Hermanos y amigos:

El día 25 de Mayo no quise amargarle la vida a nadie. Es un día para festejarlo, dar gracias a Dios, y pedir por la Patria. Pero me quedan pendientes una serie de cuestionamientos, que no quiero dejar de compartir con Ustedes.

Evidentemente que mentiríamos si dijéramos que todo marcha bien.

Es cierto, como ya lo dije varias veces, que el Gobierno Nacional ha dado unas cuantas señales positivas; pero no es fácil que la mejoría llegue hasta estas latitudes.

Por la prensa, la TV, nos enteramos de no sé cuántos planes sociales, pero que llegan, (si es que llegan), hasta nosotros con mucha merma. Hace años que un Subsecretario de Bienestar Social me dijo que, de lo que el Gobierno gasta en acción social, sólo un 20 % llega a sus verdaderos destinatarios. Quiere decir que el 80 % restante se queda por el camino (papeles, burocracia, funcionarios corruptos, facturas –o favores que se deben pagar-; el clientelismo político, etc., etc.) Yo le dije que esto era como una red de agua, con muchas pérdidas. Claro que con caños viejos, con agujeros por todos lados, que nunca se repararon.

Si nos ponemos a analizar, no son pocos los problemas que se detectan: El Gobierno provisional de Duhalde, en su momento, convocó a una “Mesa de Diálogo”. Sé que trabajaron bastante, y que se habló no poco de la necesaria Reforma Política del Estado. De vez en cuando escuchamos que se intenta algo de esto. Pero, ... por lo visto que no es fácil. Nadie se anima a ponerle el cascabel al gato. Aunque se debe reconocer que tenemos a un Presidente valiente. Pero, ¿va a poder terminar con tantos privilegios e intereses creados?

Ya dije que es difícil que los planes sociales bajen hasta los más necesitados, pasando por las provincias y los municipios. Y, desde luego, que éste no es el único problema. 

No es nada fácil extirpar la corrupción, una vez instalada en una sociedad. Tenemos problemas ancestrales, que se han ido perpetuando con modernas formas. Nuestro caudillismo, por poner un ejemplo. Cada provincia tiene su propio caudillo. ¿No recuerdan a los Saadi en Catamarca? Y Romero Feriz en Corrientes. Últimamente los Juárez en Santiago y los Rodríguez Saa en San Luis. La misma provincia de Buenos Aires; no hace falta nombrarlo. Y Salta, Jujuy, Formosa... ¿Será que nosotros estamos exentos de esto? Alguien me dijo que aquí tenemos dos, y no sabemos cuál de los dos es mejor, (o peor). Uno aliado a la mafia, y otro prepotente, autoritario. Que dijo que iba a cambiar todo, -no se trata de cambiar a los funcionarios, sino el estilo-, y por lo visto seguimos en todo igual. O Peor. Una división tremenda entre los Poderes del Estado, y el que sufre las consecuencias es el pueblo, los más humildes. Porque mientras nuestros gobernantes están tan ocupados, peleándose, no tienen tiempo para ocuparse de los problemas reales de la gente. Y las soluciones se van agiornando cada día más. ¿Recuerdan aquello de “La justicia largamente esperada”, que decíamos los Obispos?

Hay quienes creen que, porque ganaron unas elecciones, ya pueden hacer lo que les dé la gana. Se olvidaron del ABC de la democracia, que quiere decir EL GOBIERNO DEL PUEBLO Y PARA EL PUEBLO. Que no es sólo un acto eleccionario, sino el día a día. ¿Dónde está la participación de la ciudadanía?

Yo sé muy bien que a la Iglesia no le corresponde el gobernar; pero sí que es parte de su deber, (su misión), decirles a todos lo que está mal. Lo que no debe ser. Que se debe respetar a todo el mundo, porque todos somos hijos de Dios. Y que si le hacemos caso a Él, tenemos que aprender a convivir. No es posible que vivamos así, como enemigos unos de otros. O nos vamos a destruir, (devorar, dice Martín Fierro, hablando de “los de afuera”) Peor aún si son los de adentro.

¿Queremos, o no queremos, edificar una sociedad, una Patria mejor?


Su Padre Obispo

Mons. Joaquín Piña Batllevell, obispo de Puerto Iguazú



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