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EL COLMO DEL AMOR DE DIOS


Carta
de monseñor Joaquín Piña, obispo de Puerto Iguazú,
13 de junio de 200
4 -  Solemnidad del Corpus Christi


Hermanos y amigos:

En las antiguas Misiones Jesuíticas, entre los guaraníes, la Fiesta del Corpus era una de las más importantes del año, si no la más importante. Aquellos misioneros habían logrado hacerles entender a los naturales la centralidad de este Misterio, por el que Jesús mismo quiso quedar presente entre nosotros, bajo esta humilde apariencia del pan, (la hostia), en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Por esto, –las crónicas de la época, las Cartas ánuas de los Jesuitas, y otros escritos–, nos hablan del modo, tan solemne, como popular, con que se celebraba esta Fiesta. Aquellas procesiones solemnísimas, en las que, al paso de Jesús-Hostia, –el cuerpo de Cristo = Corpus CHRISTI–, se adornaba todo el pueblo con guirnaldas, enramadas, alfombras de flores; los pájaros más hermosos de la selva, los cantos, las bandas de música y todo lo que la buena voluntad, la imaginación, y sobre todo la Fe de aquellos neófitos tan fervoroso les daba a entender.

Corpus siguió siendo una fiesta muy importante, hasta que, en malahora, fue suspendido el feriado y se hubo de trasladar al domingo siguiente; con lo que, en la práctica, y por desgracia, pasó a ser un domingo más. O, por lo menos, perdió mucho de lo que fuera su antiguo esplendor.

Qué pena que nuestros gobernantes, que más de una vez se avergonzaron de declararse católicos, (¡qué poco se acuerdan de lo que dijo Jesús en el Evangelio, cfr. Mc 8, 37), suprimieron casi todos los feriados religiosos, con la excusa de que había que trabajar más, –en realidad que cada vez trabajamos menos–, y en su lugar fueron sumando toda una serie de feriados, muchos de los cuales solamente sirven para que nuestra gente aproveche para ir a hacer sus compras en el Paraguay, o el Brasil. Si no fuese por los actos escolares, el día anterior, (= menos clases todavía), mucha gente ni sabría lo que se festeja.

Pero volvamos al tema. Corpus es una fiesta muy grande, porque en ella queremos honrar y agradecer la presencia de Jesús, que quiso quedar entre nosotros hasta el fin del mundo, en este Sacramento que llamamos Eucaristía.

En este año en que nos estamos preparando para el Congreso Eucarístico Nacional, que tendrá lugar en Corrientes, en septiembre, con más razón debemos esforzarnos en recuperar el sentido de esta fiesta, y sobre todo, la centralidad de este Misterio, que es el colmo del amor de Dios.

San Juan dice que Jesús, la noche antes de su Pasión, en aquella Última Cena: “Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1), y los Sinópticos (Mt 26, 26-29; Mc 14, 22-25 y Lc 22, 14-20) nos cuentan la Institución de este Sacramento: “Tomó el pan...”.

Con este Sacramento, anticipó de un modo simbólico, su muerte, que iba a tener lugar el día siguiente. Su mayor prueba de amor, como lo había dicho, está en que es capaz de dar su vida por aquellos a quienes ama, sus amigos, que somos todos nosotros.

Evidentemente que la Eucaristía esta cargada de simbolismo. “Lo que yo he hecho, –dice Jesús, refiriéndose al lavatorio de los pies, que antecede inmediatamente a la institución–, háganlo también Ustedes” (Jn 13, 14-16) Y después de darles a comer, misteriosamente, su Cuerpo, bajo la apariencia del pan, les dirá: “Hagan esto mismo en memoria mía” (1 Cor 11, 24)

Si la Eucaristía es nuestro principal alimento espiritual, es también el mandato de que, los que comemos de este único pan, hemos de ser solidarios entre nosotros. De aquí el lema del Congreso: “Denles Ustedes de Comer”. No se puede separar una cosa de la otra. El término más común con el que nosotros hablamos de este Sacramento, es el de Comunión, que quiere decir: “unión con”. Con Él, con Jesús en primer lugar, porque sin Él no será posible que realicemos nuestra unión con los hermanos. Unión que se debe demostrar en el servicio, en las obras. “Denles Ustedes de Comer”, como dijo Jesús antes de multiplicar el pan.

Otro día les hablaré de cómo, aquí en la Provincia, a la palabra Corpus, lamentablemente le damos otro significado, cuando nos referimos a la represa que se pretende construir sobre el Paraná. Es bueno que tomemos conciencia de lo que se nos viene encima. Les saluda con afecto su Padre Obispo.


Su padre obispo

Mons. Joaquín Piña Batllevell, obispo de Puerto Iguazú



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