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¡Apostamos a la Vida!


Carta
de monseñor Joaquín Piña, obispo de Puerto Iguazú,
11 de abril de 200
4 - Domingo de Pascua



Hermanos y amigos:

Cuando un bebé nace. Una niña cumplió 15. Una pareja se casa. Vuelve la primavera. La abuela se ha repuesto de una enfermedad... Son todos acontecimientos, victorias de la vida, y por esto son motivo de fiesta. Cualquiera que sea el motivo, en la fiesta se celebra la vida.

Y la Pascua celebra el máximo logro de la vida. Los cristianos no tenemos otra fiesta más grande. No tenemos nada mejor que festejar. Se trata de nuestra fiesta más importante: La Resurrección de Jesús. (He tomado estos párrafos de un artículo de Grandin, en “Pan y Trabajo”).

Toda fiesta tiene su preparación. Nosotros nos preparamos para la Pascua durante toda la Cuaresma. No sé si nos alcanzaron los 40 días. En realidad, para las cosas grandes, uno nunca se acaba de preparar bien.

Pero llegó la Pascua, y estamos contentos. No podemos vivir siempre tristes. Es verdad que hay muchas cosas como para entristecernos. O, al menos, para preocuparnos. Más que por nosotros, por los demás. Por la gente que lo está pasando mal. Porque hay hambre, desnutrición. Gente que no consigue salir del pozo...

Nos preocupa. Pero con lamentos no solucionamos nada. Sí, si logramos que, la sociedad como tal, tome conciencia; y que la gente sepa reclamar sus derechos, en buena forma; no con violencia, que la violencia no lleva a nada bueno. Sólo engendra más violencia, destrucción y muerte.

Pero es bueno que la gente luche, que no se calle. Que reclame. Se haga oír. Llega un momento en que los de arriba, -que a veces son muy insensibles-, no tienen más remedio que escuchar.

Yo creo que, en la Argentina, en este último año, estamos mejor. Por lo menos hay un poco de esperanza, que es lo principal.

También es cierto que los cambios, las reformas, la mejoría no se hace sentir todavía a muchos niveles, (sobre todo aquí en la Provincia). Leí que en Brasil, los “Sin Tierra” y otros movimientos de base, se están poniendo un poco nerviosos, o impacientes, porque las reformas anunciadas por Lula, tardan en llegar. Ya llevamos un año, dicen, y ¿qué pasa? ¿Seguimos esperando?

Siempre hay que seguir esperando. La paciencia, -¡no la pasividad!-, siempre será una virtud necesaria. A nosotros, impacientes por naturaleza, también nos hace falta la paciencia. Apostamos a la vida; pero sabemos que la vida de un ser humano requiere sus nueve meses de gestación. Para dar a luz. Estamos todavía a oscuras, como el feto dentro de la mamá. Pero de cara al amanecer.

La Fe es esencialmente oscura. Se cree lo que no se ve. Pero en esto mismo está el mérito. (Si se ve, ya no es Fe). Es lo de Abraham, que “esperó contra toda esperanza”. Cuando ya era viejo él y su mujer. Pero creyó en la Promesa de Dios. Y vino el hijo. Vino la vida.

Nosotros también hemos creído en la Promesa de Dios. Hemos rezado mucho. Le hemos pedido a Él, y sabemos que Él nos salvará. Aunque para llegar a la Pascua de la Resurrección hay que pasar por la Pasión, el Viernes Santo. Los místicos hablan de una “noche oscura”; y más de una vez nos vemos sumergidos en ella. Pero es que no hay otro camino. San Bernardo decía que “por la cruz se llega a la luz”. Una luz que tiene que brillar para todos. Y ya saben que Cristo, como se definió Él mismo, es la Luz del Mundo. El que vino a iluminar a todo hombre que viene a este mundo. Que es lo mismo que decir que vino al mundo “para que todos tengan Vida, y la tengan en abundancia”. Que así sea.

Felices Pascuas les desea a todos su Padre Obispo


Mons. Joaquín Piña Batllevell, obispo de Puerto Iguazú



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