SUSCRIPCIONES

Inicio

Nosotros

Noticias

Actualidad

Santa Sede

Iglesia en la Argentina


Documentos


Santoral

Ediciones AICA

 

Copyright © 2006 AICA.
Todos los derechos
reservados.

 

 

 Documentos

 
   

DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA IV


Carta
de monseñor Joaquín Piña, obispo de Puerto Iguazú,
22 de enero de 2006

 

Hermanos y amigos:

Continuamos con este documento de los obispos sobre la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)

El tercer pilar sobre el que se asienta esta DSI es la subsidiariedad.

¿Qué es esto de la subsidiariedad? El principio de la subsidiariedad dice que no se debe delegar a una instancia superior de lo que se puede hacer, o resolver, en una instancia inferior.

En un Estado Federal como el nuestro, al Gobierno central no le correspondería lo que se puede resolver en la Provincia; así como la Provincia no tendría que hacer lo que se puede desde el Municipio. En la Iglesia, al Obispo no le corresponde hacerlo y decirlo todo. Para eso están los curas, y ¿por qué no?, Los laicos. En la familia, la mamá no tiene que hacer los deberes del nene. Si no, nunca aprenderá. Otra cosa es que lo ayude y estimule.

Subsidiar quiere decir precisamente esto: Ayudar, facilitar, para que el otro lo haga. Y no al revés, absorber, centralizarlo todo. Nosotros, en la Diócesis, hablamos de que la parroquia tiene que ser una “comunidad de comunidades”. No es bueno centralizarlo todo. Aunque claro está que debe reinar la armonía y una buena organización.

El principio de subsidiariedad, se dice en el documento, protege a las personas de los abusos de las instancias superiores; e insta e éstas para que, más bien animen a los particulares y a los cuerpos intermedios a desarrollar sus tareas. Así se podrá lograr que cada uno pueda ofrecer al conjunto lo que tiene de propio y original.

Entre las aplicaciones de este principio, se habla, por ejemplo, de la educación. La escuela de gestión privada cumple, en la sociedad, un papel importante, y por esto es justo que el Estado lo reconozca, y aporte lo que sea necesario para su financiamiento, en igualdad de condiciones con la de gestión pública o estatal. Al fin y al cabo esto se hace con los impuestos que pagan todos los ciudadanos y que se deben distribuir proporcionalmente.

Alguna vez yo dije que no me gusta que se hable de “enseñanza privada” y que se hagan distinciones con la pública. En realidad, toda enseñanza es una función pública. Otra cosa es que, según el principio de la libertad de enseñanza, el Estado acepta, agradece y facilita que sean las instituciones privadas las que ofrecen este aporte a la educación de los que está de acuerdo con sus principios.

Muchas veces no se ha aplicado este principio de subsidiariedad en nuestra organización social, ya sea por exceso, ya sea por defecto.

Por exceso, cuando el Estado acapara para sí todas las iniciativas, libertades y responsabilidades. Es lo que sucede, en grado extremo, en los regímenes totalitarios... ¡Cuidados que no caigamos en ello!

Por defecto se da cuando el Estado no protege a los más débiles frente a los más fuertes. Es el liberalismo a ultranza. La plena libertad de mercado, en la cual, como siempre, el pez grande se come al pequeño.

En la Argentina se dieron los dos extremos: desde un estatismo creciente, que hizo que termináramos pensando que el Estado era como un dios, que podía y tenía que solucionar todos nuestros problemas. Hasta un liberalismo feroz, (piensen en la década de los 90), que desmanteló el Estado, privatizándolo todo, sin la necesaria protección social que habría que haber exigido. Lamentablemente aumentó aun más el gasto público, que se pretendía reducir.

Ambas corrientes, -dice muy bien-, consolidaron y produjeron el sismo social que hemos conocido, (del 2001) Ahora estamos en la etapa de la construcción, y Dios quiera que aprendamos de la dolorosa experiencia pasada.

Porque demasiado se instaló entre nosotros esa cultura de la dávida, que pervierte el principio de subsidiariedad. Como si todo hubiera que esperarlo de arriba. Con lo que se degradó la dignidad del pobre, y se lo convirtió en un sujeto incapaz de participar en la vida democrática. Así, digo yo, es como se maneja a las masas empobrecidas, cada vez que tenemos una campaña electoral. ¡Pobre democracia!

El próximo domingo, Dios mediante, hablaríamos de los dos pilares que todavía nos falta, sobre los que se apoya la DSI. Entretanto les bendice su Padre Obispo


Mons. Joaquín Piña Batllevell, obispo de Puerto Iguazú


Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet: www.aica.org

Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.