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DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA V


Carta de monseñor Joaquín Piña, obispo de Puerto Iguazú,
29 de enero de 2006

 

Hermanos y amigos:

Continuamos con este sencillo comentario o resumen de la Doctrina Social de la Iglesia.

La participación es otra de las columnas de esta enseñanza. Es una consecuencia, dice el documento, de la subsidiariedad. No se trata sólo de una aspiración del individuo-ciudadano, sino que es uno de los pilares sobre los que se apoya la democracia.

Esto supuesto, ¿cuál es el grado de participación del argentino medio en la vida social y política del país?

Tenemos signos positivos. Cada tanto hay elecciones, y son bastantes los que acuden a votar. (Aunque algunos no van si no les pagan el taxi, que es el último eslabón de la campaña electoral. Por lo demás, se han multiplicado, en estos últimos años, los centros vecinales, los clubes, las ONG...)

Pero también hay señales negativas. Dicen los Obispos. Sabemos exigir nuestros derechos, pero no siempre estamos dispuestos a cumplir con nuestros deberes.

“El que el pueblo intervenga en el gobierno a través de sus representantes, es un principio que muchas veces se ha interpretado mal, ya que se piensa que los deberes del ciudadano se agotan en el acto eleccionario”. Una vez que votaron, la mayoría se desentiende de toda intervención, hasta las próximas elecciones. No son conscientes de que, al salir del cuarto oscuro, les aguardan otros deberes ciudadanos. Y se ponen algunos ejemplos: No cruzar la calle en semáforo en rojo. No hacer ruidos molestos. Cuidar la limpieza de los espacios públicos. Realizar bien el propio trabajo, pagar los impuestos, y exigirle al Estado que administre bien lo que se recauda. Hacer la propia opción partidaria, con toda responsabilidad, (no por ventajas materiales. Nadie puede comprar mi opción, o mi conciencia) Incluso, tal vez, postularse para un cargo público. Para servir, y no para servirse de él, según aquel criterio del Evangelio, ya que el Hijo del hombre dice que no vino a este mundo para ser servido, sino para servir.

Fácilmente se olvida que el cumplimiento de estos deberes es una obligación moral, y necesaria para que el orden social funciones adecuadamente. Por esto se ha dicho, con razón, que los argentinos estamos siempre dispuestos a exigir nuestros derechos, sin pensar en los deberes que le son anexos.

¿Cómo se podría transformar esta pasividad de muchos en una auténtica participación democrática? ¿Cómo se pondrían en marcha esas iniciativas sobre la reforma política, que se plantearon y acordaron en la “Mesa de Diálogo”? (Mucho esfuerzo, pero después no pasó nada).

Y el último pilar, necesario, de esta Doctrina Social de la Iglesia., es la solidaridad. Quizás nunca como hoy hemos tomado conciencia de la necesaria interdependencia de unos con otros, en todos los órdenes. O nos salvamos todos, decimos, o nos vamos todos a pique.

En situaciones especialmente difíciles, (por ejemplo, ante una catástrofe natural), los argentinos hemos demostrado que somos solidarios. En estos casos, hemos visto nacer, sobre todo entre los más humildes, formas impensadas de solidaridad. Pero no se trata sólo de juntar donativos para aliviar a los hermanos que han sufrido una desgracia, sino de una actitud normal y constante.

Preocupa, como dijimos tantas veces, la escandalosa desigualdad en la distribución de los ingresos. Preocupa cómo se ha ido perdiendo la cultura del trabajo. Preocupa la reiteración de los reclamos no atendidos, que pueden llegar a situaciones cada vez más violentas. Así como ciertas huelgas “desproporcionadas”, que no reparan en las consecuencias para los más débiles. Finalmente se advierte que, cuando la marginalidad crece nos extraña que aumenten las manifestaciones violentas por parte de los excluidos del mundo del trabajo, que podrían derivar en peligrosos enfrentamientos sociales. Que lo tengan en cuenta los gobernantes, y no piensen que lo van a contener con represión. Porque ya dije muchas veces, que la represión no soluciona ningún problema. Al contrario, los agrava. No se olviden de la dictadura del tiempo de los militares.

Les saluda con afecto su Padre Obispo


Mons. Joaquín Piña Batllevell,
obispo de Puerto Iguazú


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