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La primera meta de la educación es la plena escolarización


Carta de monseñor Joaquín Piña, obispo de Puerto Iguazú,
5 de febrero de 2006

 

Hermanos y amigos:

Todos los años, por el mes de febrero, suelo compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el tema de la Educación.

Son muchos los aspectos que podríamos tocar. Empezando con lo cuantitativo, que es mi primera preocupación. ¿Cuántos chicos van a quedar sin escolarizar el próximo curso lectivo? Da pena, cada año, por estas fechas, ver a los padres de familia, -generalmente las mamás-, deambulando de escuela en escuela, buscando un banco, un huequito para su hijo. O sus hijos, que son un montón. Porque parece mentira que las autoridades educativas de la Provincia sean las únicas que no se den cuenta de lo que ha crecido la población en estos últimos años. Aquí, en Iguazú, al menos se ha triplicado la población. El Intendente me dijo que ya estamos en los 50.000. En Eldorado llegaron a 70.000; y así en todos lados. Barrios nuevos por todas partes. Y ¿escuelas? Evidentemente que estamos ante un déficit muy grande.

Uno escucha los discursos oficiales y parece que todo está bien. Pero cuando se pone en contacto con la gente de los barrios, se da cuenta de que seguimos con aquello de las dos Argentinas, o las dos Misiones, o los dos Puerto Iguazú. Es algo que requiere una actuación rápida, si no queremos caer en aquella contradicción que denunciaba años atrás un Director de la Radio LT4, (Don Madelaire, el “mal del aire”, como decían algunos (¿?), que decía: ¿Qué sentido tiene gastar tanto presupuesto en campañas de alfabetización, (de adultos), cuando los chicos en edad escolar andan vagando por las calles? (Si no hay lugar en la escuela, o no tienen documentos, o no pueden comprar la lista de útiles que pide la maestra)

Claro que están también los padres de familia que le sacan prematuramente a sus hijos de la escuela para que empiecen a laburar. Se la rebusquen. Aporten algo para la casa. (Mientras el papá, -¡si existe!-, se queda tomando mate, o tereré. Tal vez porque no consigue trabajo. O porque no le gusta mucho el laburo... ¡Qué daño irreversible le están haciendo a su hijo!

Y están los pre-adolescentes que ya no quieren estudiar más. Dejaron la escuela para ver si conseguían un laburito, no para aportar a la familia sino para tener una platita en el bolsillo para poder  ir al boliche el fin de semana. Si ya no se la pasan vagando, o fumando (¿?) con la barrita, en cualquier esquina, no tan bien iluminada.

En resumen, que la primera meta, impostergable, tendría que ser la plena escolarización. Facilitarla, y no complicársela a los pobres papás. Pero está claro que esto no es más que el primer paso.

Lo que precisamos es una educación de calidad. Y realista. Que se formen de verdad las nuevas generaciones. Porque es evidente que el sistema educativo actual no funciona. A juzgar por los resultados... Con tantos Planes, tanta Reforma Educativa, resulta que, en vez de mejorar, estamos cada vez peor.

Cuando la Reforma actual, yo dije que eran los mismos perros con distintos collares. ¿Qué más da que sean 7 grados primarios y 5 secundarios, o que sean 3+3+3+3? Hay cosas de fondo, que son las que hay que modificar. Y una de ellas es la dedicación, y, ¿por qué no?, la retribución del docente.

Y lo que antes llamábamos la “vocación”. En cualquier profesión, las cosas cambian, y los resultados son distintos, cuando existe una vocación. Gracias a Dios tenemos buenos ejemplos, incluso heroicos. Pero no siempre es así.

Y ni hablar de otras corruptelas. Por ejemplo, ¿qué tiene que ver la Dirección de un Hospital, o de una Escuela, con la política? Pero me dicen que estos son “cargos políticos” (¡!) ¿Será así? Es evidente que, con esta escala de valores, no vamos a ir bien.

Y será hasta el domingo que viene, si Dios quiere. Su Padre Obispo

Joaquín Piña Batllevell, SJ


Mons. Joaquín Piña Batllevell,
obispo de Puerto Iguazú


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