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TODOS TENEMOS UN PADRE EN EL
CIELO
Mensaje de
Navidad, del obispo de Santo Tomé, monseñor Francisco Polti.
"Ustedes oren de esta
manera: Padre nuestro, que estás en el cielo
" Mat. 6,9.
Dentro de un
año comienza el gran jubileo del Año 2000 y el Romano Pontífice Juan Pablo II ha
querido que dediquemos este año de 1999, que litúrgicamente ya comenzó y que por el
calendario empezará dentro de una semana, a preparar el inicio del tercer milenio
dirigiendo nuestra mirada hacia Dios Padre.
Cuando los
Apóstoles piden a Jesús que les enseñe a rezar, el Maestro les enseña el Padre
Nuestro. Es así que la primera palabra con que el Hijo de Dios, que ahora contemplamos
como un Niño recién nacido, quiere que recemos es la palabra Padre, que acudamos a Dios
sabiéndonos hijos de un verdadero Padre.
Todos tenemos
un Padre en el Cielo, porque Dios es Padre, un Padre amoroso y lleno de misericordia. El
mismo Jesús nos lo enseña en el Evangelio cuando usa la figura de padre en sus
parábolas: el padre de familia que vela por su casa (cf. Mt 24,43) , el padre del
hijo pródigo que espera todos los días el regreso del que se había marchado sin
experiencia, pero despreciándolo, y que cuando vuelve lo perdona sin reproches, lo llena
de regalos y hace una fiesta (cf. Lc 15, 11 y ss.).
Ese Padre es
el Padre Nuestro que está en los Cielos, del que todos somos hijos. Nos pide, nos exige
el cumplimiento de su voluntad, pero es comprensivo y perdona siempre, aunque no lo
merezcamos y en eso consiste la misericordia. Por eso es que no podemos decir, como a
veces se escucha, "esto no tiene perdón de Dios", porque el Padre celestial
perdona siempre al que se arrepiente del mal que ha hecho.
La bondad de
este Padre del Cielo es tan grande que nos manda a su Hijo haciendo que nazca de la
gloriosa y bienaventurada Virgen María. Como un Niño indefenso lo recordamos hoy y nos
alegramos de su nacimiento. Muchas canciones de Navidad nos hablan del trabajo del Niño
en la tierra, que es enseñarnos a vivir cerca, muy cerca de Dios Padre, ese Padre que
tanto nos quiere.
Señalábamos
el vivir muy cerca de Dios y eso -más que un sentimiento- es poder vivir participando de
la misma naturaleza divina, por la gracia. Esa gracia que nos hace hijos de Dios el día
del bautismo; gracia que conservamos hasta que la perdemos por un pecado mortal y que
podemos recuperarla en el sacramento de la reconciliación.
Esa es la
Voluntad de Dios Padre: que vivamos en gracia y que cuando la perdamos por debilidad o por
maldad, porque a veces nos ponemos bravos y hacemos el mal con intención de perjudicar,
vayamos a pedir perdón y nos confesemos. A fuerza de arrepentirnos, vamos aprendiendo el
camino del bien. Dios lo quiere así y el Santo Padre, su Representante en la tierra, ha
querido que festejemos el año 2000 como Año Santo en el que la Iglesia pondrá con mayor
cariño a nuestra disposición toda la gracia que Jesucristo ganó para nosotros en el
madero de la Cruz.
Si acudimos a
la Santísima Virgen, Nuestra Madre, "llena de gracia" le decimos en el
avemaría, Ella nos animará a vivir en todo momento lo que somos, hijos del Padre Nuestro
que está en los Cielos.
Con el anhelo
que todos tengan una santa y feliz Navidad, les bendigo de todo corazón.
Santo Tomé,
diciembre de 1998.
Mons. Francisco
Polti, obispo de Santo Tomé
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2196, del 20 de marzo
de 1999
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