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el temporal puso en evidencia 
el espíritu solidario del pueblo


Mensaje de Cuaresma de monseñor Francisco Polti, obispo de Santo Tomé.


Comenzamos la Cuaresma y mi oración por los fieles de la Diócesis se hace más intensa para que todos sepamos profundizar en las palabras que inspiran al Santo Padre en su Mensaje Cuaresmal de 1999: "El Señor preparará un banquete para todos los pueblos"(1) .

En este año previo al Tercer Milenio dedicado a Dios Padre, es bueno redescubrir el amor inmenso de Dios -Padre amorosísimo- que no perdonó a su propio Hijo para que podamos participar del premio infinito de la Gloria, que es el Cielo.

Y mientras estamos en la tierra, la Cuaresma es un tiempo propicio para agradecer a Dios tantas bondades con cada uno de nosotros. Principalmente porque "nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los Cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en El antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor" (2).

En este itinerario cuaresmal -preparándonos para el Banquete Pascual, que prefigura el encuentro definitivo en el Cielo- queremos vivir con más empeño que nunca lo que nos indica la liturgia: convertíos y haced penitencia.

El convertirse, ese volver a Dios -el Padre misericordioso, que nos espera como al hijo pródigo siempre dispuesto a perdonarnos-, hará que nos acerquemos con más frecuencia al Sacramento de la Reconciliación con verdadero espíritu de penitencia, que nos llevará a poner los medios para decirle que -¡de veras!- queremos estar con El.

Recorriendo así la Cuaresma, nos preparamos para la Pascua de Cristo, el Misterio que se anticipa en la Ultima Cena, como nos recuerda el Santo Padre: en la celebración eucarística -la Santa Misa, el Banquete eucarístico-, "se hace real, sustancial y duradera la presencia del Señor resucitado (...), y se ofrece el Pan de vida que es prenda de la gloria futura" (3).

En este Banquete, Dios Padre convoca a todos sus hijos para que nos identifiquemos con Cristo y podamos vivir la vida de Cristo. En él nos apropiamos de la Redención obrada por Cristo. En cada Misa está presente toda la Iglesia y se "nos abre la puerta de la participación definitiva de la vida en Dios" (4).

Esta participación de la vida divina aumenta nuestra caridad: esa virtud que recibimos en el Bautismo, que se acrecienta en cada Sacramento que recibimos fructíferamente, y que el Santo Padre nos recomienda profundizar durante este año, en la Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente (5).

"La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por El mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios" (6). Para participar con todo fruto del Banquete eucarístico, es necesario vivir la caridad de este modo: procurando querer a Dios, y al prójimo como El nos ama.

En estos días el Señor ha querido bendecirnos de una manera muy especial: con el temporal sufrido en la ciudad de Santo Tomé. Este evento ha puesto en evidencia el espíritu solidario del pueblo correntino, de instituciones gubernamentales y privadas de todo el país, de diversas diócesis y personas en particular, que nos han prestado su colaboración de modo inmediato, y que siguen ayudando en la medida de sus posibilidades.

Sin duda un acontecimiento de esta magnitud conmueve, interpela a cada uno. Pero la caridad debemos procurar vivirla todos los días, y en cada momento del día: en la convivencia familiar, en el trabajo, en la calle, con los amigos… Por ello, qué importante es que acudamos, con la frecuencia posible, al Banquete Eucarístico donde al comulgar, nos hacemos uno con Cristo, y podemos amar como El nos ha amado.

Con el anhelo que todos podamos acercarnos a recibir a Jesús Sacramentado y así un día participar de la vida en Dios para siempre-"Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero" (7), les deseo una feliz Pascua de Resurrección y les envío mi bendición más afectuosa,


Mons. Francisco Polti,
obispo de Santo Tomé


Notas

(1) Juan Pablo II, Mensaje para la Cuaresma n.1

(2) Ef. 1, 3-4

(3) Juan Pablo II, Mensaje para la Cuaresma n.2

(4) Juan Pablo II, Mensaje para la Cuaresma n.2

(5) Cfr. Tertio millennio adveniente, n. 50

(6) catic, n. 1822

(7) Cfr. Juan Pablo II, Mensaje para la Cuaresma, n.2


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2203, del 10 de marzo de 1999


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