Mensaje
de monseñor Francisco Polti, obispo de Santo Tomé,
con motivo de la
Cuaresma 2000
Al empezar este tiempo de Cuaresma,
mi oración por todos los fieles de la Diócesis se hace más intensa para que sepamos
profundizar en las palabras de introducción que nos dice el Santo Padre en su Mensaje
cuaresmal del 2000: "Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo"
(1).
Como todos los años, el tiempo que vamos a iniciar
nos lleva a la penitencia, a la conversión y a la reconciliación. Pero esta Cuaresma
reviste un carácter muy especial porque tiene lugar dentro del Gran Jubileo del 2000.
Así, "el tiempo cuaresmal representa el punto culminante del camino de conversión y
reconciliación que el Jubileo, año de gracia del Señor, propone a todos los creyentes
para renovar la propia adhesión a Cristo..." (2).
En
este camino de la conversión, ese volver a Dios –al Padre misericordioso,
que nos espera como al hijo pródigo siempre dispuesto a perdonarnos- nos
lleva a que nos acerquemos con la frecuencia necesaria al sacramento de la
Reconciliación con verdadero espíritu de penitencia, para decirle que
-¡de veras!- queremos estar con Él.
Recorriendo
así la Cuaresma, nos preparamos para la Pascua de Cristo, el Misterio que
se anticipa en la Ultima Cena, como nos recordaba el Santo Padre: en la
celebración eucarística –la santa misa, el banquete eucarístico-
"se hace real, sustancial y duradera la presencia del Señor resucitado
(...), y se ofrece el Pan de vida que es prenda de gloria futura"
(3).
En este banquete, Dios Padre convoca a todos sus
hijos para que nos identifiquemos con Cristo y podamos vivir la vida de Cristo. En él nos
apropiamos de la Redención obrada hace 2.000 años por Cristo, motivo del Gran Jubileo
que ahora festejamos.
Además, el Santo Padre nos recuerda que "la
Eucaristía es la presencia sacramental de la entrega que el Padre hace de su divino Hijo
a los hombres. Por eso, la Eucaristía celebrada, recibida, adorada y vivida, es el acto
de amor objetivamente más perfecto del hombre a Dios para corresponder a la más alta
manifestación de su amor" (4).
Por ello, el participar sacramentalmente de la
Eucaristía y al rendirle culto de adoración en los sagrarios donde se reserva el
Santísimo Sacramento, podemos repetir las palabras del himno eucarístico: "No veo
las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios; haz que yo crea más y
más en Ti, que en Ti espere, que Te ame".(5)
De
este trato frecuente con Cristo, hostia viva, proceden también las gracias
de la conversión permanente y de la reconciliación con todos los hombres.
Por esto, "con ocasión de la cuaresma se invita a todos –ricos o
pobres- a hacer presente el amor de Cristo con obras generosas de caridad.
En este año jubilar estamos llamados a una caridad que, de un modo
especial, manifieste el amor de Cristo a todos aquellos hermanos que carecen
de lo necesario para vivir, a los que son víctimas del hambre, de la
violencia y de la injusticia" (6)
Y
este volcarse con obras de servicio hacia los más necesitados –especialmente
en estos momentos que atraviesa nuestro pueblo correntino– nos facilitan
ganar las indulgencias que Dios quiere prodigarnos a manos llenas en este
año del Gran Jubileo.
Que la Santa Madre de Dios, María de Itatí,
interceda muy especialmente a favor del pueblo cristiano y obtenga de la Santísima
Trinidad abundancia de gracia y de misericordia.
Con el deseo de una feliz Pascua de Resurrección,
porque nos hayamos convertido y reconciliado con Dios y viviendo en plenitud la vida nueva
en Cristo, les envío mi bendición más afectuosa.
Monseñor Francisco Polti, obispo de Santo Tomé