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NAVIDAD de 2002


Mensaje de Mons. Francisco Polti, obispo de Santo Tome, 
con motivo Navidad de 2002


¿No es este el hijo del carpintero, y no es María su madre? (1)

Nos introducimos una vez más en el misterio de Belén, y este año querría que detuviéramos nuestra mirada en la Familia compuesta por Jesús, María y José, modelo de cada familia cristiana.

Es así como conocían a Jesús, al Hijo de Dios hecho hombre, como el hijo del carpintero y como el hijo de María, como un integrante de una familia humilde y trabajadora de Nazareth.

En San José, vemos a un hombre normal y cumplidor en su trabajo diario, sin muchas posibilidades económicas y con una idea muy clara de cuál es su deber y voluntad sincera para cumplirlo, venciendo su comodidad.

María, una mujer que se sabe llamada a algo a lo que ninguna otra mujer podrá experimentar ni ser: Madre de Dios; es la llena de gracia que, a la vez, crece en santidad en las labores cotidianas del hogar de Nazareth.

Un hijo, ser humano perfecto, que nace, vive y muere, pero que, al mismo tiempo, es Dios, el Hijo de Dios Encarnado, Jesús; y que pasa la mayor parte de su vida aquí en la tierra, viviendo en familia, con sus padres, dándonos ejemplo de cómo se santifica la familia, cómo han de ser nuestras relaciones familiares.

Es una familia singular y es también una familia normal; en la cual no había lujos ni ocasión de tenerlos, pero sí alegría, calor humano, cariño de verdad, donde cada uno estaba al servicio del otro.

La Navidad es una fiesta para compartir en familia. Es un tiempo oportuno al final de año, para que cada integrante de la familia, haga un examen sobre el trato que dispensa a los demás, del tiempo dedicado desinteresadamente al que vive a su lado, del servicio al otro, de si supo perdonar de corazón las ofensas del otro. 

"Muchos problemas de las familias contemporáneas, como nos decía el Santo Padre, derivan de una creciente dificultad de comunicarse. No se consigue estar juntos y a veces los raros momentos de reunión quedan absorbidos por las imágenes de un televisor.(2) ¿No sucederá esto en nuestra familia? ¡Qué bueno sería que todos para esta fiesta saquemos el propósito de compartir lo que cada uno somos y tenemos, de abrir nuestro corazón a la familia expresando nuestros sentimientos, de comunicarnos con el que tenemos al lado!

Tenemos que hacer nuestro el grito del Papa "familia, sé lo que eres", es decir una comunidad que tiene la misión providencial de custodiar, de revelar y comunicar el amor de Dios a los hombres. Y para eso, como decía un sacerdote santo, "tenemos que estrenar el amor todos los días", principalmente a través del servicio desinteresado en las pequeñas cosas que van sucediendo cada día en el hogar.

Cada uno de nosotros tenemos que hacer crecer más en nuestras familias el amor y la fidelidad, la comprensión y el respeto, la alegría y la paz, la solidaridad y la ayuda generosa. Podemos –¡y debemos!– ayudarnos y alentar a tantas familias que sufren las consecuencias del egoísmo y de la pobreza.

Para vivir todo ello con ilusión sobrenatural, nos ayudará lo que nos dice el Santo Padre en su Carta Apostólica "El Rosario de la Virgen María", instituyendo un año del Santo Rosario: "La familia que reza unida, permanece unida. El Santo Rosario, por antigua tradición, es una oración que se presta particularmente para reunir a la familia. Contemplando a Jesús, cada uno de sus miembros recupera también la capacidad de volverse a mirar a los ojos, para comunicar, solidarizarse, perdonarse recíprocamente y comenzar de nuevo con un pacto de amor renovado por el Espíritu de Dios".

En estos días navideños imploremos a Jesús, María y José para que cada familia de la diócesis y del mundo entero sea el más fiel reflejo de la familia de Nazareth.

Con el anhelo que tengan una santa y feliz Navidad, los bendigo de todo corazón.

Santo Tomé, diciembre de 2002.


Notas:

(1) Mt. 13, 56.

(2) Juan Pablo II, Carta apostólica "Rosarium Virginis Mariae", 16 de octubre de 2002.


Mons. Francisco Polti,
obispo de Santo Tomé



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