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Cuaresma de 2003
Mensaje de Mons. Francisco Polti, obispo de Santo Tome,
para la Cuaresma de 2003
Cuando
empezamos a vivir esta Cuaresma, ruego al Señor que todos los fieles de la
Diócesis sepamos profundizar en las palabras que inspiran al Santo Padre
en su Mensaje Cuaresmal de 2003: “Hay mayor felicidad en dar que en
recibir"
(1).
“El Padre
Santo no deja de llamarnos a una vida plenamente feliz"
(2)
y con cuánto ahínco el hombre busca la felicidad. En bastantes ocasiones
quiere encontrarla en las cosas efímeras, caducas, y pone ahí todo su
empeño; y no se da cuenta que los caminos para llegar a la felicidad
verdadera, es bien diferente de los que suele elegir.
Muchas veces
imbuidos en nuestro egoísmo, el prójimo, el hermano que tenemos a nuestro
lado, pasa a un segundo plano; dedicamos nuestro tiempo casi
exclusivamente a pensar en nuestra persona y en las cosas que poseemos o
queremos alcanzar antes que en los demás.
Estamos
viviendo así una vida en la que el amor a Dios y al prójimo no ocupan un
lugar importante en lo más hondo de nuestro corazón. Este tiempo cuaresmal
tiene que ser un momento oportuno para que nuestro amor sea encausado,
rectificado; para que vivamos para Dios y, por Dios, para los demás. De
este modo, afincados en Dios, encontramos la felicidad que todo hombre
busca.
El Santo
Padre nos recuerda que el Hijo de Dios nos ha amado primero, “siendo
nosotros pecadores"
(3),
sin pretender nada ¿cómo no ver en este tiempo de la Cuaresma la ocasión
propicia para opciones decididas de generosidad?
El Hijo de
Dios cuando se hizo hombre como nosotros y bajó del Cielo, no vino a la
tierra solamente a dar algo: su tiempo, su ejemplo, unas enseñanzas de
cómo llegar a la perfección, vino a darse El mismo, a dar su vida.
Al meditar
en nuestro corazón estas palabras de Jesús “Nadie tiene amor más grande
que el que da la vida por sus amigos"
(4),
que en El son una lección hecha vida en su entrega generosa en el árbol de
la Cruz por cada uno de nosotros, surge el examen en nuestra alma de qué
estamos dando en este momento y cómo nos estamos dando.
Ese apego al
dinero, a las cosas materiales que es desordenado y que nos impide una
entrega generosa se vence con la privación de algo necesario, “dando hasta
que duela”, comentaba la Madre Teresa de Calcuta.
Y ese darse
se debe concretar en las cosas pequeñas de cada día, en la familia, en el
trabajo, en la comunidad parroquial, con los que están cerca, con los
hermanos más pobres y necesitados, con los enfermos…
Que nuestros
problemas, dificultades y contratiempos, no se conviertan en una excusa
para darse a Dios y a los demás, o para retrasar esa donación personal.
Procuremos ser generosos y dar a Dios lo que nos pide, sin reservarnos
nada, desprendidos de todo.
Apartemos
con decisión los obstáculos para ese dar y darse que el Hijo de Dios nos
invita con su vida, su pasión y muerte en la Cruz. Y para ello recurramos
con humildad a los medios divinos que Dios nos ha dejado: el Sacramento de
la Reconciliación, para recobrar la alegría de la filiación divina; y la
Eucaristía, para vivir con el mismo Cristo y poder seguir sus pisadas.
Viviendo así
experimentaremos lo que los santos nos comentan: “Dios no se deja ganar en
generosidad"
(5),
y que “es muy buen pagador y paga muy sin tasa"
(6).El
nos paga ya aquí, con la felicidad relativa que podemos alcanzar en esta
vida, y luego la dicha completa en el Cielo.
Con la
petición a Nuestra Madre del Cielo para que nos acompañe en este camino
cuaresmal, les envío mi bendición más afectuosa,
Santo Tomé,
5 de marzo de 2003
Notas:
(1) Hech. 20, 35
(2)
Plegaria Eucarística sobre la Reconciliación I
(3) Rom. 5, 8
(4) Juan 15, 13
(5) San Josemaría Escrivá,
“Es Cristo que Pasa”, 40
(6) Santa Teresa de Jesús,
“Camino de Perfección”, 37, 3
Mons. Francisco Polti, obispo de Santo Tomé
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