Mensaje de monseñor
Francisco
Polti, obispo de Santo Tomé,
con motivo de la próxima Navidad
A los
queridos fieles de la Diócesis de Santo Tomé,
El Año
Jubilar Diocesano, que finalizó el pasado 8 de diciembre, por los 25 años
de la creación de la Diócesis por el Santo Padre Juan Pablo II, nos
introdujo en un tiempo de gracia, que nos impulsó a la conversión y la
penitencia, principio y camino. Es por ello, que damos gracias a Dios
porque nos permitió recuperar lo que no podemos alcanzar sólo con nuestras
fuerzas: la amistad con Dios, su gracia y la vida sobrenatural, la única
en la que pueden resolverse las aspiraciones más profundas del corazón
humano.
Con la labor
cotidiana en el servicio al Evangelio hemos ido recordando, celebrando y
agradeciendo, el don de ser una Diócesis, una Iglesia particular bendecida
por la piedad de sus fieles, muchos de ellos muy humildes y en zona de
campos. No dejaremos de manifestar nuestra gratitud a Dios por los frutos
de vida cristiana alcanzados en estos años de evangelización. El Santo
Padre nos alienta a renovarnos a la luz de la Palabra de Dios para ser,
bajo la guía del Espíritu Santo, centro impulsor de dinamismo
misionero
(1).
Con este
deseo nos encuentra la preparación para el Nacimiento de Jesús. El camino
hacia la Navidad, necesita tener su corazón en la Eucaristía, para que
aprendamos de Jesús el estilo de vida evangélica. Se nos invita a buscar
gestos concretos de amor a Dios y actitudes nuevas de amistad, de perdón y
de servicio a los demás, especialmente a los más necesitados, material o
espiritualmente.
La Iglesia
nos anima descubrir en la Eucaristía, fuente y alimento de la vida
cristiana, la gracia para que nos encontremos con el Señor que viene. En
consecuencia, “la fe cristiana no consiste en creer en la existencia de
Dios o de la persona histórica de Jesús, sino en el hecho
que,
en
Él
el
Verbo
de Dios se ha hecho carne y continúa a habitar entre nosotros”
(2).
El “Año de la
Eucaristía”, que por iniciativa del Santo Padre Juan Pablo II la Iglesia
ha comenzado a vivir desde el pasado mes de octubre -y que se prolonga
hasta octubre de 2005-, nos invita a profundizar con intensidad en el
misterio eucarístico, y a vivir en toda su riqueza la centralidad de este
Sacramento, ya que “la Iglesia vive del Cristo Eucarístico, de Él se
alimenta y por Él es iluminada”
(3).
En este año,
queremos contemplar con especial gratitud, fe y amor, el don más precioso
que la Iglesia tiene en su peregrinar por la historia: la Eucaristía; y
así redescubrirla y celebrarla como sacrificio, acción de gracias,
memorial, presencia real, banquete pascual, fuente de caridad fraterna y
prenda de la gloria futura
(4).
Estamos llamados a revivir de algún modo la experiencia de los dos
discípulos de Emaús: “entonces se les
abrieron los ojos y le reconocieron” (Lc 24, 31).
En la mesa
que nos reúne, la Eucaristía nos da fuerza para tener como prójimos a
todos los demás y nos solidariza con ellos. Cuando nos acercamos a recibir
al Señor en la comunión eucarística, buscamos inundarnos de caridad, que
es amor de Dios. Esta es la suprema perfección del ser humano, porque su
meta es el encuentro con Él. Pero Dios no puede ser amado si no amamos al
prójimo. El Apóstol San Juan nos recuerda: “El que dice amo a Dios y no
ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve,
el que no ama a su hermano, a quien ve?
(5).
Queridos
sacerdotes, religiosas y demás fieles: tratemos la Eucaristía con el
máximo respeto y cariño. Para ello fomentemos y testimoniemos, con nuestra
voz, con nuestros gestos y comportamientos, y en los momentos de silencio,
tanto en la celebración de la Santa Misa como en el culto eucarístico
fuera de ella, la viva conciencia de la presencia real del Señor en este
augusto sacramento.
¡Celebrar bien la
Eucaristía y profundizar en su adoración y contemplación! ¡Éste es el
hermoso camino que deseamos recorrer en el presente año!
Si buscamos
la compañía de la Santísima Virgen y San José, podremos recibir al Niño
Dios como fue acogido por ellos en el pesebre de Belén.
Unidos a
todas las familias deseo expresarles mi cercanía en estas fiestas de
Navidad, a la vez que les envío mi bendición más afectuosa,