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"Y LA PALABRA SE HIZO CARNE
Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS”
(
Juan I, 14)


Mensaje de monseñor
Francisco Polti, obispo de Santo Tomé,
con motivo de la próxima Navidad



A los queridos fieles de la Diócesis de Santo Tomé,

El Año Jubilar Diocesano, que finalizó el pasado 8 de diciembre, por los 25 años de la creación de la Diócesis por el Santo Padre Juan Pablo II, nos introdujo en un tiempo de gracia, que nos impulsó a la conversión y la penitencia, principio y camino. Es por ello, que damos gracias a Dios porque nos permitió recuperar lo que no podemos alcanzar sólo con nuestras fuerzas: la amistad con Dios, su gracia y la vida sobrenatural, la única en la que pueden resolverse las aspiraciones más profundas del corazón humano.

Con la labor cotidiana en el servicio al Evangelio hemos ido recordando, celebrando y agradeciendo, el don de ser una Diócesis, una Iglesia particular bendecida por la piedad de sus fieles, muchos de ellos muy humildes y en zona de campos. No dejaremos de manifestar nuestra gratitud a Dios por los frutos de vida cristiana alcanzados en estos años de evangelización. El Santo Padre nos alienta a renovarnos a la luz de la Palabra de Dios para ser, bajo la guía del Espíritu Santo, centro impulsor de dinamismo misionero (1).

Con este deseo nos encuentra la preparación para el Nacimiento de Jesús. El camino hacia la Navidad, necesita tener su corazón en la Eucaristía, para que aprendamos de Jesús el estilo de vida evangélica. Se nos invita a buscar gestos concretos de amor a Dios y actitudes nuevas de amistad, de perdón y de servicio a los demás, especialmente a los más necesitados, material o espiritualmente.

La Iglesia nos anima descubrir en la Eucaristía, fuente y alimento de la vida cristiana, la gracia para que nos encontremos con el Señor que viene. En consecuencia, “la fe cristiana no consiste en creer en la existencia de Dios o de la persona histórica de Jesús, sino en el hecho  que,  en  Él  el  Verbo de Dios se ha hecho carne y continúa a habitar entre nosotros (2).

El “Año de la Eucaristía”, que por iniciativa del Santo Padre Juan Pablo II la Iglesia ha comenzado a vivir desde el pasado mes de octubre -y que se prolonga hasta octubre de 2005-, nos invita a profundizar con intensidad en el misterio eucarístico, y a vivir en toda su riqueza la centralidad de este Sacramento, ya que “la Iglesia vive del Cristo Eucarístico, de Él se alimenta y por Él es iluminada” (3).

En este año, queremos contemplar con especial gratitud, fe y amor, el don más precioso que la Iglesia tiene en su peregrinar por la historia: la Eucaristía; y así redescubrirla y celebrarla como sacrificio, acción de gracias, memorial, presencia real, banquete pascual, fuente de caridad fraterna y prenda de la gloria futura (4). Estamos llamados a revivir de algún modo la experiencia de los dos discípulos de Emaús: “entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron” (Lc 24, 31).

En la mesa que nos reúne, la Eucaristía nos da fuerza para tener como prójimos a todos los demás y nos solidariza con ellos. Cuando nos acercamos a recibir al Señor en la comunión eucarística, buscamos inundarnos de caridad, que es amor de Dios. Esta es la suprema perfección del ser humano, porque su meta es el encuentro con Él. Pero Dios no puede ser amado si no amamos al prójimo. El Apóstol San Juan nos recuerda: “El que dice amo a Dios y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve? (5).

Queridos sacerdotes, religiosas y demás fieles: tratemos la Eucaristía con el máximo respeto y cariño. Para ello fomentemos y testimoniemos, con nuestra voz, con nuestros gestos y comportamientos, y en los momentos de silencio, tanto en la celebración de la Santa Misa como en el culto eucarístico fuera de ella, la viva conciencia de la presencia real del Señor en este augusto sacramento. ¡Celebrar bien la Eucaristía y profundizar en su adoración y contemplación! ¡Éste es el hermoso camino que deseamos recorrer en el presente año!

Si buscamos la compañía de la Santísima Virgen y San José, podremos recibir al Niño Dios como fue acogido por ellos en el pesebre de Belén.

Unidos a todas las familias deseo expresarles mi cercanía en estas fiestas de Navidad, a la vez que les envío mi bendición más afectuosa,


Notas:

(1) Mensaje de Bendición Apostólica, Secretario de Estado de Su Santidad, Cardenal Angelo Sodano, 24-06-2004.

(2) Cfr. Lineamenta Sínodo de la Eucaristía, n. 24.

(3) Juan Pablo II, Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n.6.

(4) Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1356-1405. Cfr. Juan Pablo II, Carta Apostólica Mane nobiscum Domine, n. 15-16.

(5) 1 Jn. 4, 20-21


Mons. Francisco Polti,
obispo de Santo Tomé



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