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Cuaresma 2005


Mensaje de monseñor Francisco Polti, obispo de Santo Tomé,
para la Cuaresma 2005



Al comenzar la Cuaresma, mi oración se hace más intensa para que todos los sacerdotes, religiosas y laicos de la Diócesis nos dispongamos a vivir este tiempo de preparación a la fiesta solemne de la Pascua, muy unidos al sentir de la Iglesia.

 “Cada año, la Cuaresma nos propone un tiempo propicio para intensificar la oración y la penitencia y para abrir el corazón a la acogida dócil de la voluntad divina" (1), de aquí la importancia que todos tratemos de volver filialmente, como el hijo pródigo, a Dios. Así, el anuncio del profeta: “Vuelvan a mí de todo corazón” (2), en este tiempo litúrgico, resonará con intensidad en nuestro caminar hacia Dios.

Podemos preguntarnos: ¿estoy cerca de Dios?, es decir, ¿vivo en gracia de Dios? En estos días penitenciales, lo que Dios espera de mí, es una conversión, un volverme a El, y la mejor forma de concretar es acudir al sacramento de la Reconciliación con más dolor de mis pecados. Es entonces que yo podré dar con mi ejemplo y con mi vida -más que con mis palabras, que también son necesarias-, eso que Dios espera que brinde a mis hermanos: un actuar coherente, ya que pido a Dios perdón de mis ofensas, que son la causa de que Jesús esté en la Cruz.

Sin la ayuda de la gracia, los hombres no sabríamos acertar con el sendero en nuestro peregrinar hacia Dios. Jesús hace de la caridad el mandamiento nuevo (3). Amando a los suyos “hasta el fin” (4), manifiesta el amor del Padre que ha recibido. Amándose unos a otros, los discípulos imitan el amor de Jesús que reside también en ellos. La caridad es superior a todas las virtudes. “Si yo no tengo caridad –dice el apóstol …nada soy” (5). Tenemos que convencernos de que la vivencia del amor nos llena el alma de gozo, de paz y de misericordia. Esto nos exige la práctica del bien y la corrección fraterna. Ser caritativo es ser desinteresado y generoso en el servicio a los demás (6).

“La Cuaresma, con su fuerte llamada a la conversión y a la solidaridad (7)”, nos impulsa a ser más entregados al prójimo. Al meditar en nuestra oración personal el amor de Dios, nos damos cuenta de cuanta vigencia tienen las enseñanzas de la Iglesia para animarnos a vivir las obras de misericordia. Estas acciones caritativas, mediante las cuales ayudamos a nuestros hermanos en sus necesidades corporales y espirituales, son también una práctica de la justicia que agrada a Dios. “El día en que su madre le reprendió por atender en la casa a los pobres y enfermos, Santa Rosa de Lima le contestó: Cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro prójimo, porque en ellos servimos a Jesús” (8).

Y con estas obras de penitencia y de caridad y las que nos sugiere el Espíritu Santo en nuestra alma en gracia recorremos este tiempo de cuaresma, y llegaremos a la Semana Santa muy unidos a Dios y a nuestros hermanos.

Pedimos a la Santa Madre de Dios, María de Itatí, que fomente en nuestras almas la unión al Romano Pontífice y que sintamos la unidad al Cuerpo Místico, llevando a diario “los unos las cargas de los otros” (9).

Con el deseo de una feliz Pascua de Resurrección, les envío mi bendición más afectuosa.


Notas:

(1) Juan Pablo II, Mensaje para la Cuaresma de 2005, 1.

(2) Joel. 2, 12. Primera lectura del Miércoles de ceniza.

(3) Catecismo de la Iglesia Católica, n.1823.

(4) Jn. 13,1

(5) 1 Co 13, 1-2

(6) Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1829.

(7) Cfr. Juan Pablo II, Mensaje para la Cuaresma de 2005, 3.

(8) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2449.

(9) Gal 6, 2


Mons. Francisco Polti,
obispo de Santo Tomé



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