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MENSAJE PARA LA NAVIDAD 2005


Mensaje de monseñor Francisco Polti, obispo de Santo Tomé con motivo de la próxima Navidad (Diciembre de 2005)


A los queridos fieles de
la Diócesis de Santo Tomé,

El tiempo de Navidad, ya inminente, nos invita una vez más a la reflexión y al compromiso. En él contemplaremos el misterio del Hijo de Dios que “por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre”, como profesamos en el Credo.

Al Hijo de Dios que viene como un niño en la Navidad y que se nos ofrece cada jornada como Pan de Vida, abramos las puertas de nuestro corazón para que nuestro andar en la tierra sea un caminar hacia el cielo. Recordemos que su pobreza enriquece a quien la abraza y la Navidad trae gozo y paz para aquellos que, como los pastores en Belén, acogen las palabras del ángel: “y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (1). Este signo permanece también para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI. No hay otra navidad.

Jesús presente en la Eucaristía, está reservado como prueba de Amor por los hombres. El Sagrario es también Belén, un Belén perenne. “Belén” significa “casa del pan”. El Sagrario es lugar donde se guarda el Pan de la Palabra, el mismo Verbo de Dios, la Palabra única del Padre que nos habla del Amor. Es el pan de los ángeles, pan del cielo, medicina de inmortalidad (2).

La Eucaristía es un tesoro inestimable; no sólo su celebración, sino también estar ante ella fuera de la Misa, nos da la posibilidad de llegar al manantial mismo de la gracia. El Papa Pablo VI nos animaba a que “durante el día, los fieles no omitan el hacer la visita al Santísimo Sacramento, que debe estar reservado en un sitio dignísimo con el máximo honor en las iglesias, conforme a las leyes litúrgicas, puesto que la visita es prueba de gratitud, signo de amor y deber de adoración a Cristo Nuestro Señor, allí presente” (3).

Creer en el Señor presente en la el Santísimo Sacramento comporta para los que participan en la Eucaristía el compromiso de transformar la vida, para que toda ella llegue a ser en cierto modo “eucarística” (4). Como se ha recordado en el último Documento del Episcopado: “De la contemplación del misterio de la encarnación y nacimiento de Jesucristo, surge espontáneamente el anuncio del Evangelio aplicado a la vida social considerada en todos los planos: familiar, cultural, económico, ecológico, político, internacional" (5).

“Esto es lo que se llama Doctrina Social de la Iglesia. Dimana del Evangelio, pero no es un derivado menor del mismo. Es el Evangelio de Jesucristo aplicado a la vida social del hombre. Es su resonancia temporal. Y así como la Iglesia no puede callar el Evangelio, tampoco puede silenciar su Doctrina Social. Nadie ha de temerle a ella. La Iglesia la anuncia a favor del hombre y de la paz social, para el servicio de todos” (6).

Procuremos ser generosos y dar a Dios lo que nos pide, sin reservarnos nada, desprendidos de todo. Que al emprender cualquier tarea, nos ilusionemos por multiplicar los valores de la solidaridad y la búsqueda del bien común, para que las relaciones sociales sean cada vez más signo palpable de una convivencia fraterna. El Evangelio debe revivirse en nuestra vida cotidiana en una donación personal. Y ese darse se debe concretar en las cosas pequeñas de cada día, en la familia, en el trabajo, en la comunidad parroquial, con los que están cerca, con los hermanos más pobres y necesitados, con los enfermos… Que nuestros problemas, dificultades y contratiempos, no se conviertan en una excusa para darse a Dios y a los demás, o para retrasar ese compromiso en la vida social.

Asimismo, el Episcopado recuerda que la Iglesia necesita de la riqueza de nuestros dones: tiempo y talentos; deseos de trabajar por más justicia, fraternidad y solidaridad. Y también del aporte económico, para sostener la comunidad en la que cada uno vive y trabaja por Jesús y el Evangelio. La Iglesia necesita nuestra ayuda entusiasta y comprometida que nace del amor de Dios (7).

Que nos preparemos para el nacimiento del Hijo de Dios con las disposiciones de la Santísima Virgen y de San José, quienes con su actitud de disponibilidad total a la voluntad divina, nos enseñan a seguir las enseñanzas del Niño de Belén, que vino a la tierra para abrirnos las puertas del cielo.

Con el anhelo de que tengan una santa y feliz Navidad, les envío mi más afectuosa bendición

 

Notas:

(1) Lc. 2, 12

(2) Catecismo 1331

(3) Pablo VI, Carta Enc. Mysterium fidei (3 septiembre 1965): AAS 57 (1965), 771.

(4) Juan Pablo II, Carta Enc. Ecclesia de Eucaristía, n. 20

(5) Carta pastoral del Episcopado Argentino, La Doctrina Social de la Iglesia. Una luz para reconstruir la Nación, n. 3.

(6) Ibidem.

(7) Cfr. Carta de los obispos a cada uno de los católicos, Diciembre de 2005.


Santo Tomé, diciembre de 2005.
Mons. Francisco Polti, obispo de Santo Tomé


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