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NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
Homilía de
Mons. Juan Alberto Puiggari, obispo auxiliar de Paraná,
en la Solemnidad de Nuestra Señora del Rosario, 7 de octubre de 2002
Queridos hermanos:
Desde el
inicio de la Evangelización, María es venerada en nuestra tierra bajo
la Advocación de nuestra Señora del Rosario. Ya en 1586 se le tributa
devoción siendo una de las imágenes más antiguas del país.
En
nuestra tierra entrerriana su presencia en una humilde capilla, en
1730, nuclea al primer grupo de pobladores en la llamada "Bajada de
Paraná". Así comienza la historia religiosa, política y social de
nuestra ciudad. Por eso la reconocemos como nuestra Madre, Patrona y
Fundadora.
El amor
a la Virgen, propagada por el primer párroco, el Padre Francisco Arias
Montiel, es el lazo de unidad y factor de progreso para los primeros
habitantes de la villa, los cuales en 1825 en un plebiscito popular,
la eligen como Patrona. Reconocimiento histórico de nuestro pueblo de
la especial protección de Nuestra Madre sobre esta tierra bañada por
el Paraná, que nació bajo Su patrocinio.
En esta
Eucaristía, celebrada en su honor, queremos adorar y agradecer a la
Trinidad Santísima, de una manera especial, por la Obra más perfecta
salida de su poder creador y redentor: La Santísima Virgen, La
Inmaculada, Toda Bella, sin rastros de pecado. "Dios ha juntado todas
las aguas y las ha llamado mar, todas las estrellas y las llamó cielo,
ha juntado todas las gracias y las ha llamado MARÍA ".
Le
agradecemos a Nuestro Señor, que en el momento supremo de su entrega
al Padre, en la Cruz, nos haya regalado a Su Madre. "Mujer he ahí a tu
Hijo" "Juan he ahí a tu Madre". En la persona del Apóstol estábamos
significados cada uno de nosotros, también en el plan providencial,
Jesús le confiaba a Su Madre la misión de protegemos como comunidad
que compartimos muchos bienes, pero sobre todo, una historia, una
cultura y un destino común.
Por eso
también hoy, nosotros queremos renovar una vez más nuestro
agradecimiento más profundo por su permanente predilección. ¿Quién no
ha experimentado su cercanía de Madre, especialmente en los momentos
de prueba?
Pero
quién no siente hoy, también, un cierto dolor y tristeza. No tendremos
que tener la valentía de mirarla a los ojos y preguntarle ¿en qué
hemos fallado? No hemos sido buenos hijos tuyos, no hemos reconocidos
tus derechos como Patrona y Fundadora. Esta es la ciudad que tu
soñaste cuando te instalaste a orillas del Paraná?
Los
tiempos de crisis son momentos de gracia porque nos ayudan a hacernos
preguntas profundas y a volver a lo fundamental. Estos momentos hacen
que algunos se encierren, pongan toda su fuerza en protegerse; en
cambio, otros parecen sacar fuerza de la debilidad y son capaces de
actos heroicos. En la crisis aparece nuestra grandeza y magnanimidad o
nuestra pequeñez y pusilanimidad. No hay alternativa.
Los que
se encierran en su egoísmo y ponen defensas a sus intereses, renuncian
a la historia, sólo la padecen... Suelen resignarse a las nostalgias
de tiempos pasados, a la resignación de que nada se puede o
amargamente esperar tiempos milagrosamente mejores. Se transforman en
profetas de desgracias y su vida se convierte en un triste sobrevivir.
Los que
afrontan la tormenta, hacen molinos de viento para aprovecharla. Saben
sacar de los vientos fuertes, agua fecunda para su tierra y su gente.
Tienen almas de Quijotes, suelen sufrir ciertas heridas, pero también
son los que el Señor de la Historia mira con mayor simpatía, porque
confían que Todo lo pueden en Aquel que los conforta y son los que
ante nuevos Goliat hacen presente la serena confianza de David en Su
Dios.
Frente a
la situación que nos agobia, ¿cuál será nuestra respuesta? ¿No tenemos
hoy la magnífica posibilidad de, contemplando a Nuestra Madre, salir
de la inercia y pedirle la gracia para poner nuestro corazón, nuestras
manos e inteligencia en la tarea de reconstruir nuestra patria?
Como
hijos, la Virgen nos pide la conversión profunda de nuestra vida, con
la convicción más profunda que sólo volviendo al orden establecido por
Dios en todos los aspectos: en lo personal, familiar, social,
institucional y de la comunidad se cumplirá la promesa del Señor que
el que busca el reino de Dios lo demás se la da por añadidura. Sólo
volviendo a Dios podemos soñar en un mundo mejor.
Esta
conversión nos llevará a parecemos más al Hijo de María, pero Ella nos
quiere ver configurados a Él. No quiere una imagen diluida. Nos quiere
santos, porque sólo así nuestra vida será fecunda y capaz de
transformar nuestro mundo. Sólo los santos son reformadores.
Ella nos
quiere ver, viviendo el "Mandamiento nuevo"; muchas cos cosas son
necesarias en la Iglesia, en el mundo de hoy, pero si falta la caridad
todo es inútil como nos lo recuerda el apóstol Pablo. Por eso frente a
esta sociedad fragmentada, individualista, cada vez más escéptica,
tenemos que empeñarnos fuertemente para poner en alto el signo que nos
haga creíbles " Que sean uno para que el mundo crea". Hacer de nuestra
Iglesia diocesana la casa y la escuela de la comunión, es el desafío
que nos propone el Santo Padre y que será un remedio eficaz para la
sociedad civil que nos contempla.
Espiritualidad de la comunión que significa tener la capacidad de
sentir al hermano como uno que me pertenece, para saber compartir sus
alegrías y sus sufrimientos, para intuir su deseo y atender a sus
necesidades... para darle espacio llevando mutuamente la carga de los
otros, rechazando las tentaciones egoístas.
Como
alegraríamos el corazón de Nuestra Madre si de esta celebración
saliéramos dispuestos a combatir en nuestro interior todo aquello que
no sea auténticamente evangélico.
Y cómo
Fundadora, ¿que nos podrá pedir Hoy Nuestra Señora? Que todos, hasta
los más chicos, hagamos el mayor esfuerzo en pro de la amistad social,
que es mi amor de mutua benevolencia fundado en la comunicación y en
lo que tenemos en común. En nuestra patria, en nuestra patria chica,
se está desgarrando el tejido social, hay brotes anárquicos, se
encuentran resentimientos profundos que nos enfrentan unos a otros,
por eso, es imprescindible restaurar la amistad social. Es tarea de
todos.
Asumamos la
responsabilidad, no tenemos el derecho de claudicar, el amor a Dios, a
la Virgen Nuestra Fundadora y Patrona, a nuestra patria, nos exige
trabajar en pro de recuperar los valores indispensables para la vida
social: la religiosidad, la veracidad, la honestidad, la cultura del
trabajo, la justicia, el bien común, la solidaridad, el espíritu de
sacrificio, el respeto por la ley, la reconciliación, el diálogo, la
opción por los que sufren, y tantos otros.
Mis
hermanos estemos a la altura del momento que nos toca vivir,
demostremos que el amor a Jesucristo, a la Virgen a nuestros hermanos
es capaz de poner en movimiento lo mejor de nosotros mismos.
Ardua
tarea, fuerzas débiles las nuestras frente al desafío, pero el Señor
nos dice que nada podemos sin El, y que con El todo lo podemos, por
eso sí realmente estamos dispuestos a esta empresa, debemos encontrar
las luces y las energías en la Oración "la fuerza del hombre y la
debilidad de Dios". La primacía de la gracia.
Y en
esta fiesta, para terminar permítanme recordar lo que el santo padre
nos acaba de pedir y decir sobre esta oración maravillosa del Santo
Rosario
Rezar el
rosario es ver a Cristo con los ojos de María, nos dice Juan Pablo II
al pedir al mundo, que se rece esta oración por la paz durante todo el
mes de octubre."esta oración tradicional, tan sencilla y al mismo
tiempo tan profunda".
"El
Rosario es un camino de contemplación del rostro de Cristo realizado
-por así decir- con los ojos de María. Por tanto, es una oración que,
si se arraiga en el corazón mismo del Evangelio, está en plena
sintonía con la inspiración del Concilio Vaticano II y en perfecta
línea con la indicación que he dado en la carta apostólica 'Novo
millennio ineunte': es necesario que la Iglesia reme mar adentro en el
nuevo milenio, recomenzando por la contemplación del rostro de
Cristo".
El Santo
Padre llamó a "a cada una de las personas, a las familias, y a las
comunidades cristiana" a encomendar "la oración del Rosario una vez
más a la gran causa de la paz".
Recordó
que sólo Dios puede infundir estos sentimientos. "Es más necesario que
nunca que se eleve a Él desde todo el mundo la invocación por la paz.
Precisamente en esta perspectiva, el Rosario se revela como una
oración particularmente indicada", insistió.
El Papa
señaló que el Rosario "construye la paz, pues al mismo tiempo que hace
un llamamiento a la gracia de Dios, siembra también en quien lo reza
esa semilla de bien, de la que se pueden esperar los frutos de
justicia y de solidaridad en el vida personal y comunitaria".
Es lindo
ver el rosario en nuestro cuello, como signo de protección de la
Virgen. En nuestros autos... Pero lo más importante es tenerlo en
nuestras manos, contemplando a Cristo de la mano de María e
intercediendo por todas nuestras necesidades.
Madre
del Rosario, todo lo nuestro es tuyo, todo lo Tuyo es nuestro, únenos
a Ti en la tierra y llévanos contigo al cielo. Así Sea.
Mons. Juan Alberto Puiggari,
obispo
auxiliar de Paraná |