|
Xº
ENCUENTRO DE LA IGLESIA
CON EL MUNDO DEL TEATRO
Palabras del obispo de Mar del Plata, monseñor Juan Alberto
Puiggari
Queridos amigos:
Hace ya diez años
que el obispo de Mar del Plata tiene este encuentro tan rico con
ustedes, los hombres del teatro que viven o que trabajan en estos
meses de temporada acá, en esta ciudad. Es para mi una alegría
continuar con esta iniciativa del anterior obispo, Monseñor José María
Arancedo.
Permítanme
presentarme brevemente, desde hace unos meses, más precisamente desde
el 10 de Agosto, el Santo Padre me ha nombrado como obispo de esta
diócesis, vengo del interior del país, de Entre Ríos, y ahora estoy
acá en esta ciudad polifacética, apasionante por sus posibilidades y
también por sus contrastes, queriendo servir al Señor en mis hermanos
que viven en este suelo. Es mi primer encuentro y lo vivo con la
expectativa de la novedad.
Entre mis tareas
pastorales, numerosas y muy variadas, le doy mucha importancia a una
evangelización que es imprescindible, que es la evangelización de la
cultura. En este contexto le agradezco a Dios este encuentro que me
permite vivir un momento de amistad entre la Iglesia y el mundo del
teatro, que ciertamente para mí será una oportunidad de
enriquecimiento, porque todo encuentro, cuando se realiza en una
actitud de respeto y sinceridad es siempre un acontecimiento muy
profundo porque como nos enseña el Santo Padre el cristiano “debe
tener la capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro
para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un don para mi”.
Gracias por la
presencia de ustedes, que valoro enormemente.
Con este sencillo
acto queremos como Iglesia diocesana, juntamente con San Pablo,
modestamente situarme en el camino del fecundo diálogo de la Iglesia
con los artistas que en dos mil años de historia no se ha interrumpido
nunca, y que el Santo Padre ha dado nuevo vigor con esa espléndida
carta a los Artistas, su mensaje en el Jubileo de los Artistas, y en
continuidad con lo hecho en ese campo por Paulo VI y por la
exhortación que en el Concilio Vaticano II en su Exhortación a la
Humanidad hace especialmente a los Artistas.
Creo que está de
más explicitar el aprecio de la Iglesia por el arte: Dios es el primer
artista. O acaso hay mejor obra que la creación (con sus amaneceres y
puestas de sol, sus mares, sus ríos y montañas, con sus campos
fecundos y con la aridez de los desiertos, hay algo más hermoso que el
varón y la mujer). Por eso el Génesis en pocas palabreas nos dice
“Dios vio cuanto había hecho, y estaba muy bien”
Y en la Sagrada
Escritura, encontramos en la Palabra de Dios textos maravillosamente
bellos: el Cantar de los Cantares, los Salmos.
Y cuando la palabra
se hace Carne: Jesucristo es un gran artista: sus gestos, sus
palabras, pensemos en el sermón del Monte, las Bienaventuranzas, el
Padre Nuestro…que han inspirado tantas obras de arte.
Es que Dios, como
dicen los filósofos, es el verum, el Bonum y el Pulchrum, y todo lo
que tenga o manifieste algo de verdad, bien o belleza lo está
manifestando.
El artista es aquel
que manifiesta la belleza. El Concilio Vaticano II tiene una expresión
muy rica: “Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza
para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, es quien
pone la alegría en el corazón de los hombres, es el fruto precioso que
resiste la usura del tiempo, que une las generaciones y las hace
comunicar en la admiración. Y todo esto por vuestras manos” De ahí la
grandeza de su vocación.
Pero hablando más
propiamente a ustedes, hombres y mujeres del teatro, quisiera
recordarles la importancia que tiene lo que hacen para la sociedad.
El artista, y más
precisamente el hombre del teatro, tiene un compromiso muy serio con
el destino de un pueblo.
Hoy estamos
viviendo un momento muy duro, una crisis inédita en nuestro País, es
una crisis de identidad, hoy muchos se preguntan si los argentinos
tenemos vocación de Nación, por eso ha prendido tanto esa oración que
se reza a lo largo y a lo ancho de nuestra Patria: “Queremos ser
nación, una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el
compromiso por el Bien Común. Danos la valentía de la libertad de los
hijos de Dios para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a
los pobres y perdonando a los que nos ofenden…” Concédenos la
sabiduría del diálogo y la esperanza que no defrauda”.
No es viable un
país que no se fundamente en los auténticos valores: de la verdad y la
vida, del amor, de la justicia, solidaridad y de la paz.
No podemos soñar
una Argentina mejor, cuando el hombre es el lobo del hombre, en vez de
ser su hermano, su amigo…
En esta tarea, que
es de todos, es donde ustedes pueden hacer mucho. Permítanme con
sencillez pedirles que ayuden a forjar una Argentina mejor, transmitan
valores, manifiesten belleza. No rehúsen a poner sus talentos al
servicio de todos los hombres que tengan la posibilidad de apreciar
sus trabajos.
Les agradezco la
presencia de todos, como Obispo de esta Diócesis rezo por ustedes y
le pido al Señor, fuente de todo lo bueno y lo bello, que los bendiga
abundantemente.
Mons. Juan Alberto Puiggari,
obispo de Mar del Plata |