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MENSAJE DE CUARESMA


Mensaje de monseñor Juan Alberto Puiggari, obispo de Mar del Plata
para la Cuaresma 2004



“Déjense reconciliar con Dios” (2Cor 5,20)


Queridos hermanos:

Al comenzar una nueva Cuaresma, tiempo santo en que el hombre es invitado a volverse a Dios, quiero animarlos paternalmente con las palabras del Apóstol: “Este es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación” (2Cor 6,2).

La Cuaresma se orienta hacia la Pascua, nos adentra en el camino que conduce hacia ella, nos entrena en el paso de la muerte a la vida. Cuaresma y Pascua constituyen una unidad centrada en: Cristo, el Señor, Redentor de los hombres.. En la liturgia no celebramos al hombre que quiere alcanzar a Dios, sino por el contrario, la acción de Dios en la historia, Él tiene la iniciativa, por amor, la Segunda Persona de la Trinidad, el Hijo, dejando la casa paterna, vino a un país lejano y trazó, para todos los hombres, el camino de retorno al Padre. El que no tenía pecado se hizo pecado para liberarnos. En Jesús, el Hijo amado, todos fuimos abrasados por el Padre.


Cristo es el verdadero protagonista de la cuaresma

El Señor, conducido por el Espíritu al desierto, es tentado por el Diablo y logra vencerlo sostenido en la obediencia a la voluntad del Padre.

En el monte Tabor, Cristo es transfigurado y los apóstoles –a pesar del sueño- logran ver la Gloria de Jesús.

En el camino hacia Jerusalén, donde va a consumar su Pascua, el Señor invita a la conversión a quienes lo siguen y escuchan. Con la parábola de la higuera estéril enseña la paciencia divina: Él es el jardinero dispuesto a trabajar la tierra y abonarla con su amor para que dé los frutos deseados por Dios.

En la meditación de unos de los textos más conmovedores de la Escritura: la Parábola del Hijo Pródigo, se nos invita a la reflexión sobre nuestra conversión al contemplar el contraste del hijo carente del amor y el padre lleno de bondad. En esta enseñanza de Jesús cada uno ve reflejada su propia historia.

En el encuentro con la mujer adúltera, Jesús invita, ante todo, a que cada uno examine su conciencia y mire su corazón: “el que no tenga pecado que arroje la primera piedra”. Quedándose solo con la mujer le devolvió su dignidad, perdonándola. Y le pide que cuide el amor que ha puesto en su corazón: “vete y en adelante no peques más”.

En esta breve síntesis de los Evangelios correspondientes a los domingos de esta cuaresma, vemos que el verdadero protagonista es el Señor. Sólo si contemplamos a Jesús y lo escuchamos con atención, podremos ser conducidos por el camino que lleva a Jerusalén. Cristo nos invita a renovar nuestra fidelidad en su  seguimiento para ser introducidos, por su Gracia, en el misterio de la Pascua.

Entrar en la cuaresma es entrar en la escuela de Jesús. Sentados a sus pies, queremos contemplarlo y aprender que en la serena y confiada obediencia vencemos al maligno; que sólo por medio de la cruz es posible alcanzar la Gloria, que debemos ser misericordiosos como nuestro Padre del cielo, que el amor es paciente, y sin consentir al pecado ama al pecador y al amarlo lo dignifica.

Con esta reflexión, quiero invitarlos a todos, para que juntos, Obispo, Sacerdotes, Diáconos Consagrados, y Laicos; contemplemos el rostro del Señor, el rostro del Hijo, del Siervo sufriente, el rostro de la misericordia y del perdón, el rostro traspasado por el odio de los hombres, el rostro translúcido de amor por todos.

¿Cómo contemplar el Rostro de Jesús en esta Cuaresma? : la Reconciliación, la Eucaristía y la Caridad.


La Reconciliación

La Cuaresma es el tiempo propicio para celebrar el sacramento de la penitencia. Desde el miércoles de ceniza resuena en la Iglesia el llamado de San Pablo, que se presenta hoy nuevamente como embajador de Cristo y nos suplica: “¡Déjense reconciliar con Dios!”.

El Evangelio de la misericordia es proclamado especialmente, cuando hacemos un sincero examen de conciencia, nos arrepentimos de nuestros pecados, los confesamos y en el perdón que nos da el sacerdote somos reconciliados con Dios y con los hermanos.

¡Cuánto dolor y tristeza provoca el pecado en las personas y en las comunidades! El pecado nos vuelve estériles y obstaculiza la fecundidad que, por el Espíritu, Cristo quiere regalar al mundo por medio de la Iglesia. Que esta cuaresma sea un tiempo de verdadera reconciliación para nuestra Iglesia Diocesana. Que ella  sea para todos, sacramento de salvación. Que la Divina Sangre del Señor nos alcance y haga de nosotros hombres nuevos, capaces de asumir el desafío de vivir y celebrar la comunión.


La Eucaristía

 “Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. “Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes” (Lc. 22, 19-20) Durante la Cuaresma, los invito a contemplar al Cristo Eucarístico, participando, de manera renovada y comprometida, en la Santa Misa todos los domingos, y de ser posible los días de semana.

Que la Eucaristía celebrada con fe y verdadera devoción sea nuestra principal preparación  durante este tiempo, ya que ella es signo sacramental de la Pascua del Señor, el día en que Jesús “que había amado a los suyos, que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin”.

Asumamos, para este año 2004, el compromiso de que la Eucaristía sea fuente y culmen de nuestra vida personal y comunitaria.


La Caridad

“Ámense como yo los he amado” (cf. Jn. 13, 34). Cristo es el “icono” del verdadero amor. Él nos ama perdonándonos, sanando nuestras heridas, alimentándonos con su Cuerpo. En esta cuaresma debemos preguntarnos: ¿así amamos nosotros?

Cuando llevamos un plato de comida al pobre, cuando servimos una tasa de leche, cuando abrigamos el cuerpo con frío del hermano que vive en la calle, cuando visitamos un enfermo o un anciano solo, cuando escuchamos al que nadie quiere escuchar, cuando realizamos las múltiples tareas de caridad que hace la Iglesia, hagámoslo porque descubrimos al Cristo sufriente.  

La realidad que vive nuestro país reclama con urgencia nuestros gestos solidarios. Este sólo será efectivo y podrá elevar al hermano si tiene su origen en el costado de Cristo.

Les pido que el ayuno y la penitencia cuaresmal se vea reflejada en un redoblado esfuerzo de atención a los hermanos más pobres. Que nuestra abstinencia se convierta en alimento de los pobres y que aproveche al necesitado lo que cada uno sustrae de su alimentación. Cristo tiene sed de nuestro amor.

Nuestra Iglesia Diocesana, en esta cuaresma tendrá una particular alegría; la ordenación sacerdotal del diácono Luis Damián Albóniga y del diácono Ezequiel Eduardo Kseim. Cuánto debemos agradecer a Dios el don de estos dos nuevos sacerdotes. Una vez más la Iglesia podrá contemplar el rostro de Cristo sumo y eterno Sacerdote, el Buen Pastor que nos pacifica con su vida entregada en el altar del Gólgota por amor a nosotros. Recemos por ellos y para que el Señor siga enviando trabajadores para su mies.

Junto a María, Nuestra madre querida, recorramos este tiempo de gracia y salvación para celebrar, reconciliados con Dios y entre nosotros, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Con mi afecto y bendición


Mons. Juan Alberto Puiggari, obispo de Mar del Plata



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