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MENSAJE A LOS EDUCADORES


Mensaje de Mons. Agustín Radrizzani, obispo de Lomas de Zamora,
a los educadores


Queridos amigos educadores:

Se acerca la fiesta anual de todos ustedes que cumplen un rol muy importante en nuestra sociedad. De hecho es competencia de ustedes colaborar con los padres en la educación de sus hijos.

Ustedes siguen la misión de los papás que han comenzado a plasmar en el corazón de los jóvenes un proyecto de persona que les permite injertarse de modo adecuado en la sociedad y en el mundo.

Sabiendo, por otra parte, que se educa más por lo que se es, que por lo que se dice, es fundamental que vivan aquellos valores que son propios de una mujer o un hombre de bien. El respeto, la sinceridad, la fidelidad a la palabra dada, el sentido del trabajo, de la familia y de Nación, son vividos por ustedes y sobre todo son transmitidos en el diario vivir de la convivencia educativa.

Hoy, mas que nunca, debemos despojarnos de nuestros propios temores, angustias y tristezas para saber asumir los de nuestros hermanos, sean ellos compañeros de trabajo, como padres y los mismos jóvenes.

Están trabajando en obras de la Iglesia porque creen en Jesús. Esta fe deberá exteriorizarse cada día más, no tanto por un discurso formal sobre Jesucristo, sino por el testimonio de coherencia y de entrega a los intereses del Reino.

Esta fe en Jesús y las dificultades vividas en nuestra zona, nos permiten creer que otro modo no sólo es deseado, sino también posible. Para esto necesitamos cultivar en nosotros el don de la Esperanza.

Esa esperanza que vivieron y viven los grandes educadores. Esperanza que es cruz, es camino, es peregrinación y es también sacrificio. Sí, porque la esperanza del cristiano no es fruto de un gran acto heroico, sino de un sinfín de actos aparentemente insignificantes, pero que forjan en nosotros la constancia, la paciencia, la justicia, la entrega, la responsabilidad y todo aquello que plasma una personalidad atrayente. Es nuestro estilo de vida lo que más forma a nuestros jóvenes.

Por eso, el auténtico educador recibe de Dios un alma grande para olvidarse de los pequeños o grandes dramas de su vida y abrirse con corazón generoso y capacidad de escucha a los problemas de los niños y jóvenes y a sus respectivas familias.

Con el testimonio de vida están marcando rumbos de verdad y de justicia, y como dice San Pablo son capaces de abrir caminos nuevos. Este es el servicio para aquellos a quienes fueron enviados.

Entonces, teniendo en el horizonte este anhelo de coherencia, esta renuncia a todo interés mezquino y esta entrega absoluta a nuestra misión, yo les deseo: ¡Feliz día del educador!.


Mons. Agustín Radrizzani,
obispo de la Iglesia de Lomas de Zamora



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