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Cristo crucificado y resucitado 
en tantos hermanos 


Carta pastoral del obispo de Neuquén, monseñor Agustín Radrizzani, 
en la que expone sus reflexiones con motivo de la Cuaresma del año 2000.


Queridos hermanos:

Nos acercamos a la Pascua del 2000 y nos preparamos con una cuaresma que evoca los sufrimientos de Cristo. Ese mismo Cristo que hoy sigue crucificado en tantos hermanos.

En esta carta quisiera compartir con ustedes las reflexiones sobre algunos de los tantos sufrimientos de Cristo hoy y los sueños de vida nueva que presagian una nueva Resurrección.


1. Cristo sigue crucificado

El sigue en la cruz en esta sociedad que ignora a Dios. La economía, los números, el dinero y la apariencia han ocupado el primer puesto. El centro ya no es la persona humana, ni la familia, ni la comunidad.

Jesús vuelve a ser crucificado:

* En el desprecio por la persona humana, sobre todo por los más débiles y sufrientes.

* En las familias desgarradas por cuestiones económicas.

* En los jóvenes sin horizontes, privados de un trabajo digno y un pedazo de tierra para vivir.

* En el empobrecimiento de la mayoría del pueblo, merced al enriquecimiento escandaloso de unos pocos.

* En el acomodo y favoritismo político.

* En las comunidades mapuches, sin perspectiva y sin una política que los ayude a ser "gente de la tierra".

* En el cierre de los pequeños comercios ante la presencia avasalladora de los grandes supermercados que se llevan el dinero afuera.

* En tantos pueblos del interior neuquino que sobreviven en medio del hambre y a la desocupación.

* En la falta de unidad de la clase trabajadora y en la cuestionada representatividad de su dirigencia.

* En los crianceros de nuestro campo: sin que cuente su trabajo y sin la propiedad de la tierra.

* En las condiciones inhumanas de tantos trabajadores.

* En la constante angustia de vivir de changas, o la incertidumbre de no estar seguro en el propio puesto de trabajo.

* En los actos de deshonestidad de empresas públicas o privadas.

* En los atentados contra la vida en todas sus formas.

* En las incesantes propuestas de una falsa felicidad basada en el hedonismo, el alcohol, la droga, etc.

* En quienes ven rematar su vivienda porque no lograron pagar las cuotas adeudadas, ante un régimen de usura que destruye la familia y enferma a las personas.


2. Cristo Resucita en tantos hermanos:

Su fuerza renovadora se manifiesta en los santos y me permite soñar:

* Sueño en un pueblo que tenga lo necesario para vivir, para la salud y para la educación de sus hijos.

* Sueño con gobiernos que en lugar de distribuir la masa salarial de arriba hacia abajo, hagan un planteo inverso: se les dé a los más humildes lo necesario para llevar una vida digna y de allí, en forma escalonada, se distribuya todo el dinero hasta llegar a los máximos dirigentes.

* Sueño con una conciencia renovada de responsabilidad de los trabajadores, de los estudiantes, de los técnicos, de los profesionales, de los empleados, de los comerciantes, ... donde cada uno asuma su rol consciente de que sólo no puede cambiar la sociedad, pero que su aporte es muy valioso.

* Sueño con una provincia donde haya pan y trabajo para todos y no haya más mendigos entre nosotros.

* Sueño con esposos que busquen siempre lo que los une y dejen de lado lo que los divide para ser respiro de vida nueva para quienes los rodean.

* Sueño con papás que vivan con generosidad y alegría su entrega, de modo que sus hijos aprendan como por contagio el camino para ser felices.

* Sueño con jóvenes que vivan con ilusión y esperanza su futuro, vivan los grandes ideales del amor, de la pureza y del servicio, y no se dejen drogar por el alcohol, por los estupefacientes, por la pinta, por la apariencia, por lo fácil y por lograr el modelo que les imponen, pero que adentro los deja vacíos.

* Sueño con una educación que llegue a todos, que mire a la excelencia, con sueldos dignos para los docentes, evitando que sean siempre los niños y los jóvenes quienes paguen las consecuencias de los enfrentamientos por la falta de acuerdos.

* Sueño con una ciudad donde superada la inseguridad, la violencia, la pobreza y la miseria, vivamos todos como una gran familia.

* Sueño con una dirigencia política-social-religiosa servidora de sus hermanos.

Hermanos queridos, estamos viviendo este año Santo, año Jubilar, tiempo en que para nosotros, los cristianos, como sucedía con el pueblo de Israel, se renueva la invitación de volver a Dios.

Alguien dijo que quien sueña solo, sólo sueña, pero si soñamos juntos, ese sueño se hace realidad.

Pidamos al Señor y a nuestra Madre, la Virgencita de Guadalupe, que ama con ternura al pueblo de su Hijo, que nos ayude a convertirnos y a seguir soñando para que, alimentando el ideal solidario de Jesús, podamos avizorar una nueva primavera en nuestra tierra.

Dios quiere un mundo fraterno donde todos vivamos como hermanos ¿No será este el mejor fruto del Año Santo?

En este deseo de seguir soñando un mundo nuevo, suplico al Señor los colme de gracias y bendiciones para lograrlo y los saludo con afecto cordial en Jesús y María.


Agustín Radrizzani,
obispo de Neuquén

Neuquén, 2 de marzo, del Año Santo del Señor 2000.


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº  2257, del 22 de marzo de 2000


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