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LA NAVIDAD QUE YA LLEGA


Mensaje de Mons. Agustín Radrizzani, obispo de Lomas de Zamora
para
la Navidad 2002


“Queridos hermanos: estamos en la proximidad de la fiesta de la Navidad, que como siempre nos habla con mucha claridad del amor de Dios hacia su pueblo. Y tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo para que todo aquel que crea en El, tenga vida eterna. La presencia de Jesús entre nosotros, por eso, es una manifestación del amor de Dios. Y Jesús entre nosotros viene a enseñarnos la vida de la Trinidad: Dios es un Papá bueno y nos hace a todos hermanos, porque todos somos hijos de nuestro buen Padre Dios.

Estos conceptos, respecto del  mundo que estamos viviendo, parecen antagónicos, ya que vivimos en un mundo sumido en la violencia, en el egoísmo, en el no te metas, en todo lo opuesto a la realidad humana. Sin embargo, la presencia de Jesús entre nosotros hace nacer en el corazón de cada uno de los hombres, de los creyentes, en cada familia y en cada de comunidad, este sentido profundo de saber que Dios no nos abandona nunca.

Esta presencia de Jesús entre nosotros, también, nos enseña un estilo de vida. El podría haber elegido otro ambiente para nacer, muy distinto del lugar humilde -un comedero de animales- donde nació, cobijado por los animales que lo rodeaban en la gruta; podría haber elegido a una princesa o a una reina de esta tierra y, sin embargo, eligió una persona muy humilde como la Virgen; podría haber nacido en un lugar importante, pero eligió nacer en un pueblo que estaba oprimido.

Ese es el estilo de vida a imitar: el de la sencillez, la humildad y la caridad. Por eso, si tomáramos en serio la Navidad, cambiarían nuestras relaciones, entre nosotros, con aquellos que no piensan como nosotros y con aquellos que no creen en lo que creemos nosotros.

Porque el mensaje de la Navidad es un mensaje de vida. Ante el drama de la falta de trabajo, el hambre en tantos hogares, la violencia callejera, la crisis de las familias, las divisiones en las parejas, la crisis de la política y la incertidumbre de lo que pasará en la Argentina, con candidatos para la política que apenas superan el 20 % de la población porque nadie cree en nadie, ante todo esto, la Navidad nos recuerda que Dios es Vida, y que debemos vivir como Jesús y a vivir como hermanos, para desear una vida mejor, superior, fraterna y solidaria. Así como Jesús buscó en todo momento el bien común, hoy nos invita a nosotros a ser como El, constructores y propiciadores del bien común.

En definitiva, deseo que en esta Navidad sepamos “leer” el amor de Dios, que sepamos imitar el estilo de vida de Jesús que se opone a esos resortes del poder, el tener y el placer. La gruta de Belén, con Maria, José y esos hombres despreciados como los pastores, nos habla claramente que no existe para el Hijo de Dios esos anti-valores, sino, por el contrario, el servicio, la humildad y la generosidad.

Finalmente, yo les auguro, queridos hermanos, que -a pesar de vivir una situación penosa en nuestra Patria y, al mismo tiempo, ver brotar luces de esperanza en todos lados- veamos el amor de Dios en esas mismas luces. Multipliquemos esos pequeños gestos de sinceridad y caridad, o sea, de amor, y comprobaremos el Amor de Dios en su Hijo Jesús.

Feliz Navidad para todos.


Mons. Jorge Luis Lona,
obispo de San Luis



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