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DÍA DEL TRABAJADOR
Homilía de Mons. Agustín Radrizzani, obispo de Lomas de Zamora, en la misa
del 1 de mayo, celebrada en la catedral Nuestra Señora de la Paz
En el día de San José Obrero, la Iglesia quiere acompañar a los hermanos y
hermanas trabajadores. Celebramos esta fiesta en un contexto dramático
para nuestra patria, no tanto por el alto índice de pobreza (se habla de
20 millones de pobres, donde 10 millones son indigentes), sino también
porque esta crisis, además de económica, tiene implicancias en lo social,
y mucho más, porque tiene sus raíces en una profunda crisis moral que se
refleja en la ausencia de valores como la honestidad, la caballerosidad,
la fraternidad, la falta de sentido de responsabilidad y de generosidad, y
todo aquello que hace este clima enrarecido en que nos encontramos.
Este clima
de falta de valores, da como resultado un profundo y dramático
individualismo, donde domina primero el yo y el interés personal, y la
comunidad queda marginada. Impera el dicho: “Sálvese quien pueda”.
Gobernados actualmente por lo que Juan Pablo II definió como “capitalismo
salvaje”, notamos en nuestra querida Patria, un nivel de desocupación
nunca visto antes (se habla de un 22 %), lo que crea el clima de
dificultad en que nos movemos. Pese a esto, yo no vincularía la
inseguridad, la violencia y el asesinato de ciudadanos y policías con la
pobreza, sino a la falta de valores. A todos nos impresiona a la caída del
sol encontrar en cualquier calle esas mamas con sus chiquitos que
revuelven el tacho de basura para encontrar algo de comer, nos impresionan
los botelleros y cartoneros. Pero la inseguridad ciertamente no nace de
ellos. Pero sí, la pobreza da un clima de cultivo para el “todo vale”.
Con todo,
estamos aquí en oración y en fraternidad. Si la misa como tal es acción de
gracias, entonces queremos dar gracias a Dios por todo aquello que ha
nacido en medio de esta crisis y por lo que la crisis ha puesto de
manifiesto:
a. Se nota
una mayor conciencia y responsabilidad en el pueblo. Fue impactante esa
manifestación popular que dejó varios muertos el 20 diciembre de 2001,
donde el pueblo se manifestó y reclamó aquello que es justo, y pidió a los
poderes públicos un mayor nivel de justicia y honestidad. Saben ustedes
que por amor a Jesús y al evangelio como comunidad de creyentes, nos
oponemos a todo tipo de violencia, pero cuando la persona está en extrema
necesidad y nadie hace nada para solventar sus necesidades básicas, es
licito también esa manifestación publica.
b. Ha
crecido en nuestro pueblo el nivel de comunidad y solidaridad. Impresiona
la solidaridad en los barrios y entre los mismos desocupados que reciben
algo y lo quieren compartir. Mucha gente no pasa hambre por los altísimos
niveles de solidaridad. El que tiene poco, comparte lo poco que tiene con
el otro. Son gestos que dicen que nuestro pueblo vive el evangelio,
sabiéndolo o ignorándolo, pero viven el evangelio.
c. En varios
niveles de la sociedad se nota que buscan agruparse para implementar
huertas comunitarias, para acompañar comedores y salitas al servicio de la
salud, todo para afrontar juntos la crisis.
d. Hay una
renovada conciencia para defender las fuentes de trabajo, como aquellos
obreros que se comprometen a reabrir las fabricas cerradas, tal cual nos
los muestran los medios de comunicación
e.
Descubrimos cada día más, una nueva generación de dirigentes sanos. No
todo está corrompido, no todos son corruptos, pero ha sido una conclusión
tan generalizada que ha puesto de manifiesto la llaga moral de nuestro
pueblo. Sin embargo, sabemos por el dato histórico que cuando una sociedad
toca fondo, ésta vuelve a resurgir, como los políticos, los sindicalistas
y la juventud sana, que avanzan, aunque le cueste luchar, contra los
poderes de las tinieblas y contra la corrupción.
f. Se nota
un renovado amor a la Patria. Hasta hace poco más de un mes se creía que
las votaciones iban a tener un altísimo nivel de ausentismo, sin embargo,
las estadísticas hablan de casi un 90 % de presentismo. ¿Por qué esto?,
por esa capacidad de recuperación y de amor a la Patria. “Esto que
vivimos, no nos gusta, busquemos otro camino, otras alternativas”, pensó
la gente.
g. Se buscan
economías nuevas. Frente al neoliberalismo, estas economías alternativas
se siguen elaborando y socializando, donde nuestro pueblo se da cuenta que
en la cúspide de la pirámide está la persona humana y la comunidad, con
todo el calor de la comunión como el “Banco de los pobres”, por ejemplo,
esa iniciativa que nació en la India y que ya está en nuestra Patria.
h. La Mesa
del Dialogo. Algunos preguntan: el diálogo, ¿fracasó o no?. Hay que
distinguir varios aspectos: sí nos sentimos dolidos porque en realidad,
este gobierno que está acabando, debería haber sido el gobierno de
transición. No analizo las causas, pero termina no siendo un gobierno de
transición, lo que hace suponer que la próxima etapa será la del gobierno
de transición. En este sentido el dialogo fracasó, porque no logró los
objetivos que perseguía. Pero por otro lado, hay más de 2 mil encuentros y
entrevistas, donde se notan las raíces de nuestro pueblo con ese deseo
profundo de superación. Así encontré empresarios, sindicalistas y
políticos que no se han enriquecido ilícitamente y que tienen el deseo de
hacer el bien. Por esto, no podemos decir que todo el mundo es corrupto.
Además, no hay que olvidar los encuentros con diversos credos e ideologías
políticas; ahí también estaba la gracia del dialogo. El dialogo en si
mismo está en muchos ámbitos comunitarios, pero en otros es un ilustre
desconocido. Como método para entenderse entre dos o más es novedoso, y en
un mundo pluralista no tenemos otra salida mas que dialogar con aquel que
piensa de modo diferente.
Como
conclusión, pedimos al Señor que acompañe nuestra Patria y nos de
fortaleza. Impresionan las reservas morales y religiosas de nuestro
pueblo, por eso, sabemos con mucha esperanza que otro país sano, fraterno
y progresista es posible. Pero como dice el dicho popular: “A Dios orando
y con el mazo dando”, entonces pedimos al Señor, por intercesión de la
Virgen y de San José Obrero, que nos ayude a vivir la coherencia de
personas magnánimas, caballerescas y con sentido de responsabilidad que
cultivan en su interior la honestidad. Que El nos ayude a vivir esa Luz de
Cristo resucitado. De nosotros depende decirle que sí a esa luz, la luz de
la bondad, la solidaridad, la honestidad. No podemos rehacer el tejido
social si cada uno de nosotros no pone su parte en el seno de su gremio,
partido político, organismo, familia y amigos. No mofándose de aquel que
hace una acto honesto y no ponderando a aquel que juega sucio. El futuro
de nuestra Patria está en nuestras manos, no exclusivamente en nuestras
manos, pero sin nosotros no se hace Patria. Que el Señor nos ayude a vivir
esta vida nueva que trae Jesús resucitado, esa vida nueva que nuestro
pueblo necesita y espera.
Mons. Agustín Radrizzani,
obispo de
Lomas de Zamora |