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CANONIZACIÓN DEL PADRE ARNOLDO JANSSEN
Y DE JOSÉ FREINADEMETZ


Homilía de Mons. Agustín Roberto Radrizzani SDB, obispo de Lomas de Zamora, con motivo de las canonizaciones del Padre Arnoldo Janssen, fundador de las congregaciones Misioneras Siervas del Espíritu Santo y del Verbo Divino, y de José Freinademetz, primer misionero de la orden que llegó a la China
Rafael Calzada, 5 de octubre de 2003


Queridos Hermanos:

Eucaristía es acción de gracias y hoy queremos agradecer a Dios Padre el amor de su Hijo Jesús que se manifiesta en estos dos amados Santos de la Iglesia de Dios:

P. Arnoldo Janssen y P. José Freinademetz.


1. La Congregación del Verbo Divino eligió estas dos Lecturas que identifican a estos queridos Santos:

Primera Lectura: Ef. 3,8-12.14-19:

Pablo está prisionero en Roma, año 62/63, desde allí con la madurez de sus 56/57 años y después de haber proclamado el misterio de la historia de la salvación y haberse profesado él Apostól de Cristo, se declara el menor de todos los santos y el anunciador para los paganos de las inescrutables riquezas de Cristo.


Segunda Lectura: San Juan, Prólogo:

Es un escrito posterior al de Pablo. Es de fines del siglo I, año 95, y quiere presentar una síntesis formidable del Plan de Dios.

Aparece al amor de Dios, aparece el envío del Hijo, aparece el rechazo de unos y la aceptación de otros que llegaron a ser Hijos de Dios.


¿Porqué estas Lecturas?

Veo aquí varios motivos:

- Ambos Santos contemplaron el Plan de salvación.

- Ambos Santos se sintieron involucrados en dicho Plan.

- Ambos Santos tuvieron una pasión: el Reino.

Estaban enamorados de la Santísima Trinidad

Tenían una firme voluntad y clara vocación de llevar a Dios a todos y todos a Dios.


2. En segundo lugar se ubica la vida de santidad de este mundo que busca a Dios. Él, en Pentecostés, nos dejó su Espíritu Santo y Él suscita hombres y mujeres que son testigos del amor inagotable del Padre.

En cada época Dios elige, llama y seduce.

- Al inicio de los primeros tiempos del cristianismo fueron los mártires quienes dieron fuerza y vigor a los primeros cristianos.

- Cuando se debilitó la vida evangélica, fueron los monjes quienes confirmaron lo absoluto de Dios.

- Cuando las riquezas empañaron la belleza del Evangelio, fueron los mendicantes, Francisco y Domingo y otros, quienes volvieron al primer amor.

- Cuando Europa parecía ya que había hecho lo que debía, aparecieron los santos misioneros P. Arnoldo y P. José, Teresita, Charles de Foucauld, Don Bosco etc.

Son hombres con fuego en el corazón que sufren porque el amor no es amado.

Estos son los santos, y los santos fundadores.


3. Dos eminentes figuras de la vida misionera hoy en San Pedro han sido canonizadas.

La Iglesia desde Roma dice a todo el mundo: este es un auténtico camino de santidad. Hoy ya no son solo de una familia religiosa, sino ya son de todos nosotros, son Santos de la Santa Madre Iglesia de Dios.

¿Qué nos dicen esos Santos? ¿Cuál es su mensaje?

Es que tanto amaron a Dios que no podrían callar lo que habían experimentado. No podrían callar el fuego en que ardían.

¿Qué descubrimos en ellos? Varias convergencias:


I. La primacía de Dios

El P. Arnoldo recomendó siempre la oración.

Pasaba largas horas orando en la casa de las Ursulinas.

Ya en el ocaso de su vida decía: “He predicado mucho en casas, en Iglesias y desde los techos, pero no recuerdo haber convertido una sola alma con mis sermones. Todo lo hace la gracia, por eso es preciso implorarla”.

El P. José, el 20-4-1871 pisa tierra en Hong Kong, inmediatamente quiso rezar el Tedeum con quienes lo acompañaron.


II. Pasión por la vocación misionera

Esta fue el motivo de la vida de ambos. El fin principal de nuestra congregación será propagar la fe entre los paganos.

Tenía el P. Arnoldo 12 años de sacerdote cuando comienza a pensar en dedicar toda su vida a las misiones. Dos años después concreta el seminario para los misioneros.

La base de la casa fue la confianza en la providencia, la mortificación nacida de la vida, el saber contentarse con poco y ser agradecidos en medio de la pobreza, y el tema de las misiones: Dios era rechazado, y: “la Palabra vino a los suyos y ellos no lo recibieron”.

La Palabra fue su vida, su libro, su catecismo y su ideal.

El P. José le escribe a sus padres, siendo sacerdote joven, que le permitan ir a las misiones, aunque sea para salvar una sola alma:

“Es una bendición especial llegar a ser misionero, es una gracia tan grande que no la cambiaría por al de ser Emperador de Austria”.

En la primavera de 1878 ambos van al Obispo de Bressanone y él le dice al P. Arnoldo: “llévese a este querido hijo Freinademetz y haga de él un gran misionero”. El P. José en este momento tenía 26 años.

Ya en el seminario se siente feliz. En una carta enviada a sus padres el 18 de agosto de 1878 expresa los motivos de la felicidad: el entusiasmo por las misiones, el clima de piedad y la convicción de que “llegar a ser misionero no es un sacrificio que hago sino una gracia que Dios me regala”.

Se comprenderá así por qué el P. Janssen decidió que será el P. José el primer misionero que saldría para China.

Una vez allá, quiso asemejarse en todo a este amado pueblo chino: se hizo rapar la cabeza y se dejó crecer la barba y el bigote.


III. Riqueza de humanidad

Es otra característica que los identifica:

- El P. Arnoldo escribe a un hermano el 17-6-1891: “Recuerde siempre las palabras de S. Vicente Paul: varias veces me pareció que debía hablar con mayor firmeza, incluso con dureza, después, siempre me arrepentí de haberlo hecho”.

- El P. José al narrar la despedida de su familia dice: “El misionero es un ser humano que late con iguales sentimientos y emociones de cualquiera. Al ver a su anciano y querido padre y a su queridísima madre, a sus 8 hermanos y hermanas bañados en lágrimas: “Pedí a mi padre que me bendiga y luego le di mi bendición. Después todos fuimos a la Iglesia a renovar nuestra unión de familia y partí deprisa para nunca más volver...”

Antes de partir fue a San Martín donde había sido Párroco y se despidió de todos, dijo a los niños: “Nos veremos en el cielo, no aquí en la tierra”. Tanto ellos como el padre, lloraban.


IV. La pobreza

El P. Janssen comienza la construcción del seminario, ¡sin dinero!

Era una taberna. En la planta baja hizo una Capilla al Sagrado Corazón.

No había ni altar ni reclinatorio. Sólo un cuadro del Sagrado Corazón.

En el primer piso había otra Capilla dedicada a la Virgen. Allí cada noche todos rezaban la Salve Regina.

Dormían en el suelo con colchones de paja.

La cama del P. Arnoldo era una tabla que durante el día la usaba de mesa, tenían 4 sillas para 5 personas. Después de una visita, sacerdotes alemanes enviaron 12 sillas. Comían cuanto les daban o mendigaba el Hno. Junífero

La pobreza del P. José era material y espiritual: el Obispo lo trasladaba continuamente.


V. Sacrificio

Se nota en toda la vida de ambos.

El P. Janssen fue abandonado por los 3 primeros que él había nombrado como co-fundadores.

Muchísimo debió sufrir el P. José

El misionero es considerado como un demonio extranjero. Para la China el extranjero era un enemigo y considerado un asesino, hechicero e imperialista.

Sufren persecuciones, les quemaron las Capillas. Tenemos Verbitas mártires desde los primeros tiempos.

“Quien venda casa o campo a estos demonios, serán saqueadas sus propiedades y se quemarán sus casas. A quien les venda combustible, se les cortará la oreja. Quien los ayude de cualquier forma, perderá un dedo de la mano derecha. A quien coma con estos bastardos se les sacarán los ojos. Quien desobedezca estos órdenes, se los torturará hasta morir”.

El P. José se prepara al martirio. Más tarde sufren una epidemia de tifus. El se contagia y muere a los 56 años de edad.


VI. Conclusión

El P. Arnoldo: es un hombre serio, reflexivo y tímido. El P. José: un misionero lanzado, jocoso y amigable.

Ambicionan un mismo ideal: las misiones, y un motor: Dios.

“Cuando comencé la Congregación, la opinión general fue que sería un gran fracaso. Quienes así juzgaban estaban en lo cierto, dada la pobreza de mi persona. Pero quiso Dios que la obra fuera un éxito, un éxito que nunca creía que fuera posible”.

El P. José vivía amparado por la ley del Evangelio: la caridad.

“El amor es el lenguaje que entienden todas las personas”.

“Dios no examina qué trabajo hacemos, sino el modo como lo hacemos.

Usted puede ganarse el cielo tejiendo como yo predicando...”

El P. Arnoldo al cumplirse 70 años (2 años antes de morir) le dice a los Hermanos:

Represento a 40.000 cristianos, a 43.000 catecúmenos y a 150.000 niños a quienes se les abrieron las puertas del cielo.

Que el Señor por intercesión de la Santísima Virgen nos dé a nosotros la posibilidad de imitar a estos queridos Santos que Él ha regalado a su Iglesia para la transformación del mundo. Amén.


Mons. Agustín Radrizzani, obispo de Lomas de Zamora



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