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CARTA DE CUARESMA
Carta de Mons. Agustín Radrizzani, obispo de Lomas de Zamora
para la Cuaresma de 2003
“Algo nuevo está naciendo, ¿no lo nota?.” (Is. 43,19)
Queridos Hermanos:
La
humanidad siempre se empeña en cambiar para mejorar. El cambio se impone,
de modo especial, cuando los hombres sufren diversas formas de esclavitud.
Es por eso que la historia de los pueblos es, fundamentalmente, una
historia de liberación.
El Pueblo
de Israel, llamado por Dios a la verdadera libertad, también buscó su
propia liberación con la conducción de Moisés. Su figura, como guía del
Pueblo elegido que lucha por mantener su dignidad, es anticipo de Cristo,
el auténtico liberador.
Ya el
primer hombre había dado la espalda a Dios, fuente de todo bien, y así,
quien quería ser libre, solo consiguió hacerse esclavo. Por el contrario
Cristo, haciendo la Voluntad de Dios, llega a ser quien libera a toda la
creación de la peor esclavitud: el pecado.
Nosotros
como Argentinos vivimos sumergidos en una verdadera crisis que nos
esclaviza, crisis moral, económica y social. Muchos hablan que ésta es la
crisis más aguda de nuestra historia.
El tiempo
de Cuaresma, nos ofrece la posibilidad de hacer más radical ese cambio, ya
que se ubica precisamente en este anhelo de mayor libertad para todos. En
este Tiempo Litúrgico la Iglesia busca una profunda renovación. Miramos a
Cristo, miramos a su amor apasionado por el Padre y por sus hermanos,
viviendo el misterio de la semilla que, enterrada, muere y produce mucho
fruto.
1. Superar lo viejo
Sufrimos en
nuestra Patria una crisis de valores que podría sintetizarla en las faltas
contra la verdad, contra la dignidad de la persona humana y contra el bien
común.
Es una
crisis donde lo que cuenta son los intereses nacidos del egoísmo, y la
mentira es moneda corriente. Decían los Obispos reunidos en Santo Domingo:
El mayor sufrimiento del pueblo son las promesas incumplidas de los
políticos. En la propaganda de una gaseosa un joven se ufana de haber
engañado a su amiga para poder ir a ver un partido de fútbol. No se ama la
verdad. “Que tu lenguaje sea sí, sí, no, no”.
Hay un
atropello sistemático a la dignidad de la persona humana. No nos referimos
sólo a los que son violentos en sus familias y en las calles. De esto
tenemos sobradas referencias. Aquí quiero hablar de lo estructural. Cuando
estadísticamente se sabe que en Argentina hay 20 millones de pobres de los
cuales 10 millones son indigentes, no se puede hablar de respeto por la
dignidad de las personas.
Finalmente
hay un abandono por el bien común, y de todo lo que podemos llamar
comunitario. Se ha canonizado hasta tal punto el interés personal y el yo,
que se ha perdido totalmente lo nuestro y el amor y la defensa de la
comunidad.
Por esto y
por todo lo que ustedes saben, es un don de Dios la Cuaresma porque es el
tiempo en que escuchamos el mensaje de Cristo para desplazarnos de una
vida vieja ausente de valores, de respeto, de verdad, hacia la Vida Nueva
que Dios nos propone.
2. Vivir lo nuevo
Hemos
recibido, por la gracia de Dios, el inmenso don de la fe. Creemos. Creemos
en Dios Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Esta Vida
Nueva recibida en el Bautismo debemos actualizarla cada día y cada
momento. La Cuaresma nos invita a actualizarla cada año.
¿Qué
significa vivir la Vida Nueva de Cristo?
Si por el
Bautismo nos sabemos Hijos de Dios, nos empeñamos para que nosotros y
nuestros hermanos vivamos según esta dignidad. Por eso, a las obras de la
misericordia aconsejadas desde siempre por la Iglesia, buscamos formas
nuevas y creativas que manifiesten nuestra solidaridad con los demás.
Significa
optar por El siempre y a cualquier costo. Significa que cuando El nos dice
“Yo soy la Verdad”, nos unimos a Él hablando, pensando y obrando según la
verdad. Significa que somos fieles a El siempre, aunque nos cueste la
vida.
Nuestra
vida, aún en medio de dificultades, comienza a ser plenamente feliz,
descubrimos a Dios como Padre y nos reconocemos entre nosotros como
hermanos.
Esto supone
el respeto por la palabra dada y recibida, donde mi compromiso trasciende
la queja para hacerse propuesta de cambio.
Con esta
convicción y esta vivencia cambian totalmente nuestras relaciones:
sinceridad, respeto, servicio, misericordia, son algunos de los aspectos
que se recuperan con esta nueva visión de nuestro ser cristiano.
Hasta tal
punto cambian las relaciones que llegamos a vivir según el modelo
Trinitario y cobra sentido la petición del Padrenuestro: “Así en la tierra
como en el cielo”.
El engaño
que puede dañarnos es pensar que vivir así es una utopía y es imposible.
Pero este es el ideal que vivieron los Santos que tanto nos fascinan y
para ellos tampoco fue fácil vivir así. Este es el desafío de los
seguidores de Jesús: colaborar con El para hacer el mundo nuevo que todos
anhelamos.
Vivir,
creer, esperar, amar: esta es nuestra meta.
Todo inicio
tiene siempre esta característica: comenzar por lo pequeño. Pero no
podemos esperar otra respuesta a la crisis, si falta nuestra respuesta
Esta vida
es contagiosa. Ya no nos pertenecemos y por eso lloramos con los que
lloran y reímos con los que ríen.
Este ser
seguidores de Jesús convierte a cada cristiano en un buen Samaritano.
Viviendo
los ideales de Jesús, El nos da sus mismos sentimientos y un corazón
ardiente y misionero. No podemos callar lo que hemos visto y oído.
Anunciamos lo que tocaron nuestras manos del Señor de la Vida. Resuenan
permanentemente en nuestro corazón las palabras del Maestro: “Vayan y
hagan a todos discípulos míos”.
Por tanto
la Cuaresma hace nacer en nosotros un corazón enamorado del Señor, nos
enseña a amarnos los unos a los otros con una predilección por los pobres,
por los que sufren, por los marginados, por los que están tirados en la
vera del camino, por los pequeños, por los últimos y por los excluidos de
cualquier tipo.
Conclusión
Hermanos muy queridos: qué atrayente es esta Vida Nueva en Cristo.
Cuánto
deseo de corazón augurarles una fecundísima Cuaresma.
Que el
Evangelio de Jesús sea cada día más la regla de nuestra vida.
Que las
bienaventuranzas orienten nuestro pensar y nuestro obrar para que,
ocupando Dios el primer lugar, llevemos una vida de caridad tal, que la
tierra sea un auténtico preludio del cielo.
Le pedimos
a la Virgen, en este año del Rosario, que nos ayude a contemplar al Señor
Resucitado para vivir en la plenitud de Dios.
Esta es la
Vida Trinitaria, esta es el sueño de Dios para todos.
Con afecto.
Mons. Agustín Radrizzani,
obispo de
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