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SEMANA VOCACIONAL


Homilía de monseñor Agustín Radrizzani, obispo de Lomas de Zamora, en la misa conclusiva de la Semana Vocacional


La Semana Vocacional concluye con la oración de toda la Iglesia, que se resume en la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebra el Domingo del Buen Pastor.

Esta fiesta de Jesús “Buen Pastor”, que se enmarca en el tiempo de Pascua, es muy emblemática para la Iglesia, ya que se refiere a una imagen muy querida por los primeros cristianos. En las catacumbas que hay en Roma, por ejemplo, aparece la imagen de Jesús con el corderito sobre sus hombros. Por eso, también para nosotros, los actuales seguidores de Jesús, esta fiesta tiene una gran importancia.

Al celebrar esta Jornada, entonces, nos interesa remarcar la figura de Jesús, que es Aquel que te conoce, que te cuida, te acompaña y te mira; y a nosotros nos corresponde escuchar su voz, encontrarnos con su mirada, dejarnos interpelar por todo aquello que El vive.

Cuando nos dejamos tomar por la persona de Jesús, terminamos enamorados de El. Pero nosotros nos enamoramos, porque antes El nos demostró su enamoramiento por nosotros, tal como lo hemos vivido en la Semana Santa y como ya lo experimentaron los santos. Por eso, a nosotros, la persona de Jesús no nos provoca miedo, ya que es mucho más grande lo que El nos da, que lo que nosotros tenemos. De repente nos turbamos, nos preguntamos qué será de mi, cómo será el presente y el futuro, pero sabemos que tenemos un Padre bueno que nos cobija y por ello nos confiamos del don de Dios.

En este día de las vocaciones, por lo tanto, no tengan miedo de decirle que sí a Jesús, no necesariamente para que todos sean sacerdotes, religiosas, porque también el laico comprometido, a la luz del Concilio y las enseñanzas de Juan Pablo II, debe querer ser santo. No optamos por la vida religiosa, sacerdotal o del matrimonio, solamente por enunciarlo. Nos dirigimos a la vocación que Dios piensa para cada uno, porque creemos que El es la plenitud.

En esta misa conclusiva de la Semana Vocacional quisiera que cada uno escuche la voz de Jesús que nos dice: “¿Querés ayudarme a salvar al mundo?” La respuesta la tenemos nosotros. Hay personas que se la dieron en un ciento por ciento, como la Virgen; otros se la dieron con alguna falla, como los santos. No todos seremos Juan Pablo II, la Madre Teresa o Don Orione, que son motores del reino y las turbinas poderosas que Dios regaló al mundo. Pero todos tenemos una llamita que por mas que sea chiquita lo que importa es que esté encendida No nos quedemos en las huellas o en la tranquera, entremos en el reino para decirle: “Señor, aquí estoy, para lo que mandes, para lo que quieras. Yo deseo que mi vida sea totalmente por el reino. En el camino que Tú me sueñas, en el camino que me has preparado. No me interesa en qué camino, pero quiero seguirte con plenitud, para que mi vida sea testimonio de la fe que Tú me has regalado”. (Periódico Eclesia, 1 de mayo de 2004)


Mons. Agustín Roberto Radrizzani, SDB,
obispo de Lomas de Zamora



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