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EN COMUNIÓN CON JESÚS EUCARISTÍA, NOS HACEMOS DON PARA LOS DEMÁS


Mensaje de monseñor Agustín Radrizzani, obispo de Lomas de Zamora
a los agentes de pastoral para la Navidad 2004


Queridos hermanos:

En pocos días más celebraremos la fiesta de Navidad.

La alegría que nace en todos los corazones es un eco de aquél gozo inicial de que nos habla el Evangelio: “Les anuncio  una gran alegría para ustedes y para todo el pueblo, hoy les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”.  ( cf. Lc. 2,10)

Con este compromiso que Dios asumió en la historia, nosotros nos acercamos a un nuevo año de vida pastoral iluminados y fortalecidos por este apasionado amor de Jesús por nosotros. El con nosotros. El en nosotros, El entre nosotros, El en los otros para vivir un 2005 lleno de Dios que se hace niño y cambia la historia.


Varios  eventos eclesiales marcan el año 2005

1. El año de la Eucaristía: que ha comenzado en octubre pasado con la celebración del Congreso Eucarístico Internacional en Guadalajara (México) y que culminará en octubre próximo, con el Sínodo de los Obispos que tratará también el misterio de la Eucaristía, y cuyo lema será: “La Eucaristía, fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia” El Papa quiere insistir en la importancia del misterio de la Eucaristía y dice “No hay peligro de exagerar en la consideración de este Misterio, porque en este sacramento se resume todo el misterio de nuestra salvación".(1)


2. El 40º aniversario de la conclusión del Concilio Vaticano II:
que ha sido el evento más importante de la Iglesia en el último siglo. Cuarenta años después es un buen momento para hacer un balance sobre los logros y las faltas en alcanzar las propuestas que hizo el Concilio, invitando a la Iglesia a redescubrirse como “Pueblo de Dios”. (2)  “En el Concilio –dice Juan Pablo II- se nos ofrece a todos nosotros una brújula fiable para orientarnos en el camino del siglo que se abre”. (3)


3. El Congreso Nacional de Laicos
: que se ha de realizar del 8 al 12 de octubre del 2005. Tendrá que servirnos para seguir impulsando el protagonismo propio del laicado en este alborear del tercer milenio, y en esta hora de nuestra patria.


4. El “Plan Compartir”:
que se relanzará en 18 parroquias de nuestra diócesis y que constituye un signo de esperanza y comunión y que, al mismo tiempo, “un cambio de mentalidad..., una adecuada y perseverante catequesis... y la conversión al Evangelio de Jesús”. (4)

Dóciles a la voz del Espíritu Santo, que nos habla a través de estos eventos de la vida de la Iglesia, queremos proponer a nuestra querida diócesis las siguientes reflexiones y acciones para el año 2005.


* * *


El Señor, tanto nos ha querido que vino en Navidad y tanto nos quiere que inventó la manera de quedarse con nosotros para siempre.

“Antes de la fiesta de Pascua,  sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.” (cf. Jn 13,1).

“En la santísima Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo por su carne, que da la vida a los hombres, vivificada y vivificante por el Espíritu Santo”. (5) Con estas contundentes palabras nos exponía el Concilio Vaticano II –hace casi cuarenta años– el misterio de la Eucaristía. Y con estas mismas palabras –el año pasado– abría Juan Pablo II su encíclica sobre la Eucaristía. (6) La presencia de Jesús en este sacramento es la realización de la mayor aspiración humana: el encuentro y la comunión con Dios.

Si queremos vivir la Eucaristía en toda su plenitud, debemos proyectarnos desde la contemplación de su misterio que es fuente y epifanía de la comunión eclesial y principio y proyecto de Misión y servicio a los hermanos, particularmente a los más necesitados y sufrientes, en donde reluce la presencia del Señor (cf. Mt 25, 31-45).(7)

Por eso, concentrando estas tres perspectivas en un lema, decimos que, en el 2005:


“En comunión con Jesús Eucaristía, nos hacemos don para los demás”.


1. En el ámbito de la fe: Eucaristía, de la contemplación a la misión

Así, vemos que la Eucaristía –al ser la actualización del Misterio Pascual de Jesús­– es la fuente de la misión. Pues “en la Eucaristía volvemos a vivir el misterio de la Redención culminante en el sacrificio del Señor, como lo señalan las palabras de la consagración: "mi cuerpo que es entregado por ustedes... mi sangre, que es derramada por ustedes" (Lc 22, 19-20). Cristo ha muerto por todos; el don de la salvación es para todos, don que la Eucaristía hace presente sacramentalmente a lo largo de la historia: "hagan esto en recuerdo mío" (Lc 22, 19).”. (8)

Y también, la Eucaristía –al contener sustancialmente a Cristo mismo, “Pan de Vida”– es el alimento de la misión. Pues la Eucaristía es el pan que nos fortalece, “pues el camino es demasiado largo” y podemos desfallecer sin este alimento.(9) Incluso, la misma palabra “Misa” esta relacionada con “Misión”: “Al término de cada santa Misa, cuando el celebrante despide la asamblea con las palabras "vayan en paz", todos deben sentirse enviados como "misioneros de la Eucaristía" a difundir en todos los ambientes el gran don recibido. De hecho, quien encuentra a Cristo en la Eucaristía no puede no proclamar con la vida el amor misericordioso del Redentor.”.(10)


2. En el ámbito del amor: la espiritualidad de comunión

El año pasado hemos reflexionado sobre la comunión, y nos hemos esforzado por crecer en ella. Pero la construcción y la reconstrucción de la comunión son tareas permanentes de la Iglesia.

Hace 40 años concluía el Concilio Vaticano II que nos mostró la Iglesia como Pueblo de Dios, Misterio de comunión. En este sugestivo aniversario –40 años son, en la Biblia, el paso de una generación a otra (cf. Jos 5,6)– convendrá revisar nuestra comprensión y vivencia de la enseñanza del Concilio.

Y, en el contexto del año eucarístico, conviene recordar también que la Eucaristía –que es anticipo del Banquete del Reino– es la finalidad de la misión. La Trinidad es comunión; la Iglesia es comunión; la Eucaristía es comunión; y el Cielo es comunión. Por eso, surgiendo de la Trinidad, la comunión se concentra hoy en la Eucaristía que celebra la Iglesia, y que anticipa la comunión eterna de “los cielos nuevos y la tierra nueva” (Ap 21,1).  La Eucaristía es precisamente «la comunión de los hombres con Cristo y, en Él, con el Padre y con el Espíritu Santo».(11) Alimentados con ella, “los creyentes comprenden que la tarea misionera consiste en el ser "una oblación agradable, santificada por el Espíritu Santo" (Rom 15, 16), para formar cada vez más "un solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32) y ser así testigos de su amor hasta los extremos confines de la tierra.”.(12)

Por eso, La Eucaristía, como enseña el Concilio Vaticano II, «es fuente y cumbre de toda la vida cristiana»,(13) «fuente y culminación de toda la predicación evangélica».(14)


3. En el ámbito de la esperanza: la solidaridad que se hace misión y servicio al hermano necesitado

En las Asambleas del año 2002 vimos surgir cuatro prioridades: comunión, misión, formación y la situación social. El año pasado –como dijimos– comenzamos por el principio: fortalecer nuestra comunión eclesial. Sin dejar de alimentar este aspecto, conviene que vayamos atendiendo a los otros.

Por un lado –como vinimos mostrando hasta ahora– la Eucaristía nos impulsa a la misión, que es un rasgo esencial de la Iglesia que es “católica y apostólica” por definición, y por eso mismo, misionera. “La Eucaristía es un modo de ser que pasa de Jesús al Cristiano y,  por su testimonio tiende a irradiarse en la sociedad y en la cultura”.(15)

Y por otro lado, la Eucaristía también nos exige “hacernos pan” para el hermano necesitado, con nuestro servicio y con los bienes necesarios de modo que “ninguno padezca necesidad” (cf. Hch 4,37). La misma publicación –por primera vez en la historia de la Iglesia– de un compendio de Doctrina Social de la Iglesia, manifiesta la preocupación católica en esta hora de la humanidad donde la exclusión, la pobreza y la miseria golpean a millones de personas. La esperanza cristiana, que es la fuente de la mayor fortaleza, nos impulsa hacia un futuro que –con la bendición de Dios y con nuestro esfuerzo– puede ser un futuro mejor. Necesitamos una “nueva imaginación de la caridad”.(16) Además, “todo camino integral de santificación implica un compromiso por el bien común social. Se trata de presentar el anuncio de Jesucristo, Señor y Salvador, con valentía, audacia y ardor testimonial, integrando mejor en la acción pastoral la opción por los pobres, la promoción humana y la evangelización de la cultura. Nunca hemos de separar la santificación de los compromisos sociales.”.(17)

La Comunidad diocesana debe tener muy presente que la Celebración del Misterio Eucarístico nos debe llevar a tener “un compromiso activo en la edificación de una sociedad más equitativa y fraterna. Nuestro Dios ha manifestado en la Eucaristía la forma suprema del amor, trastocando todos los criterios de dominio, que rigen con demasiada frecuencia las relaciones humanas, y afirmando de modo radical el criterio del servicio: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos (cf. Mc. 9,35). No es casual que en el evangelio de San Juan no se encuentre el relato  de la Institución Eucarística, pero sí el lavatorio de los pies a sus discípulos, Jesús explica de modo inequívoco el sentido de la Eucaristía” (18)


4. La concreción de la fe, el amor y la esperanza

A fin de concretar estas tres perspectivas a lo largo del año próximo, les propongo:

1. En el ámbito de la fe, la Eucaristía y la contemplación: a nivel diocesano, dar gran relieve a la celebración de la solemnidad del Corpus Christi. Y, a nivel parroquial, revalorizar el domingo, la celebración de la Eucaristía y la adoración eucarística fuera de la misa.

2. En el ámbito del amor y la espiritualidad de comunión expuesta por el Concilio Vaticano II: a nivel diocesano, un curso sobre el Vaticano II, con un subsidio que ayude a volver a profundizar en su enseñanza y sus propuestas. Y, a nivel parroquial, trabajar los documentos del Vaticano II, con el subsidio mencionado.

3. En el ámbito de la esperanza, la solidaridad y la misión: que – a nivel diocesano y a nivel parroquial– los organismos e instituciones que se dedican a la misión articulen una acción conjunta. Y que lo mismo hagan, por su parte, los organismos e instituciones que se dedican a la asistencia de los hermanos más necesitados. De este modo caminaremos hacia una mayor comunión ya sea parroquial, como diocesana.

Queridos hermanos, ponemos en manos de María este año nuevo de Gracia, ella nos enseñe a ser adoradores, fraternos, eucarísticos, solidarios y misioneros, pues ella es Madre de la Iglesia y “Mujer eucarística”. (19)

Contemplemos a Aquél que es el “Dios con nosotros”, reconocido y celebrado “al partir el pan”, ya que “la Eucaristía es misterio de presencia, a través del que se realiza de modo supremo la promesa de Jesús de estar con nosotros hasta el fin del mundo” (cf. Mt. 28,20).(20)

Dios está con nosotros, nos ama como nunca nadie nos amó ni nos amará jamás. Este es el grito que nace de la gruta de Belén y de la Pascua. Feliz Navidad.


Notas:

(1) Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia 61.

(2) Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 9.

(3) J.P. II.  (13-X-2002)

(4) CEA, Navega Mar Adentro 89.

(5) Concilio Vaticano II, Presbyterorum Ordinis 5.

(6) cf. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia 1.

(7) Juan Pablo II, “Mane Nobiscum Domine” Nros. 19 y 24.

(8) Juan Pablo II, “Eucaristía y misión” 4, mensaje para la Jornada Misionera mundial 2004.

(9) Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia 61, citando 1º Reyes 19,7.

(10) Juan Pablo II, “Eucaristía y misión” 2.

(11) Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia 22.

(12) Juan Pablo II, “Eucaristía y misión” 4.

(13) Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 11.

(14) Concilio Vaticano II, Presbyterorum Ordinis 5.

(15) Juan Pablo II, “Mane Nobiscum Domine” Nro. 25.

(16) CEA, “Navega Mar Adentro” 39.

(17) CEA “Navega Mar Adentro” 74.

(18) Juan Pablo II, “Mane Nobiscum Domine” Nro. 28.

(19)  Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia 53.

(20) Juan Pablo II, “Mane Nobiscum Domine”. Nro. 16.


Mons. Agustín Radrizzani, obispo de Lomas de Zamora



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