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CREO EN LA IGLESIA MISTERIO DE COMUNIÓN QUE
HUNDE SUS RAÍCES EN EL MISTERIO TRINITARIO
Homilía de
monseñor Agustín Radrizzani, obispo de Lomas de Zamora, el Jueves Santo
(24 de marzo de 2005)
1. Queridos hermanos, quisiera con ustedes realizar humildemente un
acto de fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, Uno en esencia y Trino en
Personas, fuente eterna de la unidad en la diversidad de la Iglesia,
Cuerpo Místico de Cristo al mismo tiempo que sociedad visible edificada
por Él sobre la piedra que es Pedro, la cual es Una, Santa, Católica y
Apostólica.
2.
A ella, en cuanto Iglesia terrestre, Pueblo de Dios peregrino en Lomas de
Zamora quiero expresarle:
Creo en
ti, espero en ti y, aunque tu ya lo sepas, quiero decirte que te amo.
3.
Pueblo de Dios que hundes tus raíces más profundas en el misterio
trinitario y confiesas a Cristo como la luz de los pueblos presentándote
ante los hombres simplemente como sacramento e instrumento de salvación (LG
1).
4.
Porque buscas caminos de comunión que se reflejan de modo claro en las
relaciones entre todos los miembros del Pueblo de Dios: el Obispo, los
sacerdotes, los religiosos, los laicos.
5.
Esposa sin mancha, la cual, por estar constituida por pecadores, pides a
Dios el don de la conversión, a fin de vencer toda tentación egoísta y
buscas realizar una activa pastoral de conjunto.
6.
Viña elegida, que te enriqueces por la multiplicidad de movimientos,
asociaciones y otras agrupaciones, y comprendes que estos regalos divinos
expresan la riqueza con la que Dios te bendice y jamás los consideras como
obstáculo de la comunión.
7.
Casa de Dios, puesto que no marginas al pobre, sino que lo atiendes tanto
en lo que hace a sus necesidades materiales como espirituales.
8.
Jerusalén celestial, porque
buscas
acrecentar la comunión eclesial y te empeñas en renovar el impulso
misionero queriendo en todos tus actos ser solidaria con los más
indefensos y débiles promoviendo la
globalización de la solidaridad.
9.
Pueblo elegido, donde toda parroquia y colegio educa a fin de crecer cada
vez más en una solidaridad comprometida en la promoción del hermano
carenciado.
10.
Tienda
de Dios, con los hombres porque fortaleces y promueves procesos de
reconciliación y de perdón, a fin de que estos actos contribuyan a la
reconstrucción del tejido social, sanando las heridas de la división,
promoviendo el diálogo y el respeto de la diversidad de pensamientos, y
siendo siempre servidora de la verdad.
11.
Edificación de Dios, porque te reconoces unida por muchas razones con
quienes, estando bautizados, se honran con el nombre de cristianos, pero
no profesan la fe en su totalidad o no guardan la unidad de comunión bajo
el sucesor de Pedro. Porque respetas y valoras a quienes no se confiesan
cristianos pero reconocen a Dios como fuente de vida y de amor, y a
quienes aún no reconociendo a Dios obran conforme a una voluntad recta y
se comprometen en el servicio para con los hombres.
12.
Porque
constato el
interés de mis hermanos sacerdotes por crecer en la fraternidad, alentando
experiencias de comunidades presbiterales, acompañando a quienes se hallan
enfermos o ancianos, considerando que aquellos que han entregado su vida
en el ministerio merecen ser escuchados y atendidos solícitamente a fin de
que tengan una digna vejez.
13.
Porque sé del empeño de muchos presbíteros que por la comunión en el orden
procuran crecer no sólo en fraternidad, sino incluso en amistad.
14.
Porque eres abierta y acogedora de todos los hombres y eres capaz de
anunciar la buena noticia a todos los sectores de la sociedad.
15.
Porque buscas trabajar desde una pastoral organizada e intentas articular
verdadera y eficazmente a los diversos movimientos, agentes y estructuras
y, puesta en pie, renuevas el fervor misionero acompañando a los hombres
en su peregrinar.
16.
Porque tus hijos evitan todo tipo de rivalidad e individualismo y juntos
intentan aunar criterios y privilegiar acciones pastorales de conjunto.
17.
Porque sabes que sólo construyendo una Iglesia comunión el Evangelio será
creíble.
18.
Porque cultivas el dialogo con todos los hombres, destacando las virtudes
por sobre los defectos y eres capaz de construir puentes que integren a
todos los que se sienten excluidos.
19.
Porque promueves aquella actitud pastoral que
en diálogo con el hombre desea comprenderlo, a fin de iluminarlo desde el
Evangelio, buscando darle una respuesta esperanzada –con los ojos de
Cristo (Mc. 6, 34; Mt. 14, 14)– más allá de los pronósticos humanos.
20.
Porque deseas realizar un camino de seguimiento
de Jesús y de crecimiento en la fe vivida, celebrada y compartida, y
buscas permanentemente crecer en los caminos de comunión, preocupándote
por abrirte a la misión, en la cual, cada miembro tuyo vive su vida como
una respuesta a un llamado (vocación) que deberá discernir y seguir con
entrega, alegría y decisión.
21.
Iglesia
Santa, aún cuando en tu seno nos albergas a nosotros pecadores. Porque
siguiendo a Jesús eres misericordiosa y aceptas el desafío de Navegar mar
adentro en el Océano de este nuevo milenio para buscar a aquellos que por
diversos motivos se han alejado del camino del Señor.
22.
En cuanto Comunidad convocada y enviada para testimoniar el Reino del que
eres germen y primicia, como «sierva de la humanidad», fermento y alma de
la misma sociedad.
23.
Porque encarnada en este mundo te sientes interpelada por los problemas
que dañan a los hombres y te comprometes en cada bautizado a ser creativa
a fin de llevar el mensaje del Evangelio que transforme tanto los
corazones, como las estructuras.
24.
Porque priorizas a las familias en cuanto células básicas que abarcan a
todas las personas: desde la niñez hasta la ancianidad, y en ella se dan
muchas de las más comunes situaciones de la vida.
25.
Porque también consideras prioritario que el mensaje de Jesús llegue a
todos los jóvenes, y los entusiasmas en el seguimiento del Buen pastor,
mostrándoles un Cristo vivo. Y, especialmente, creo en ti, porque te
preocupas preferencialmente de aquellos que se hallan en riesgo y que
sumergidos en el alcohol o en la droga, o cualquier otro tipo de cruz, han
perdido las esperanzas y caminan sin rumbo y, como madre solícita los amas
y los cobijas.
26.
Porque buscas un lenguaje atractivo y convincente. Más kerygmático que
moral. Anuncio del inmenso amor de Dios por los hombres que compromete
luego de conocido a construir una sociedad que intente desde el Evangelio
erradicar la corrupción a todo nivel, la inmoralidad, la inseguridad, la
miseria y todos los males que aquejan a los hombres.
27.
Porque te animas a plantearte si las estructuras pastorales actuales son
las que más adecuadamente responden a la realidad e intentas encontrar
nuevos caminos, sin anquilosarte en esquemas, sino abierta al Espíritu.
28.
Porque eres viva y permanentemente revisas si tu proyecto catequístico se
adapta y responde a los cuestionamientos del hombre de hoy.
29.
Porque tus comunidades educativas católicas persiguen como primer objetivo
evangelizar a través de la específica tarea educativa, tanto a los
docentes, como a los directivos, alumnos y padres.
30.
Porque veo al clero preocupado por prepararse seriamente tanto en lo
intelectual, en lo humano-afectivo y en lo pastoral para responder a los
desafíos que esta cultura plural presenta, y genera, en no pocas
ocasiones, exclusión social y eclesial.
31.
Cuando las Vicarías son lugares teológicos, en las cuales la Palabra de
Dios es el alma de la misma y en cuyo seno se respira un aire de
solidaridad, coordinación y colaboración en el empleo de recursos, sobre
todo humanos y pastorales.
32.
Porque en tu seno hay numerosos laicos que entregan generosamente sus
fuerzas, su tiempo, sus capacidades y su compromiso, y son quienes, luego
de contemplar el rostro de Jesús son capaces de ahondar el misterio
de aquel rostro, y buscan hacérselo ver a los hombres de hoy,
enseñando y sobre todo viviendo lo que enseñan.
33.
Porque los hermanos religiosos
insertos en tu corazón son testigos del invisible, signos que
apuntan más allá de lo terreno y dan testimonio con sus vidas de la
primacía de Dios y de los bienes futuros. Porque la vivencia de sus
carismas los impulsa permanentemente no sólo a conservarlo, sino también a
profundizarlo y desarrollarlo, para responder a los actuales desafíos.
34.
Porque renuncias a la omnipotencia y humildemente te haces fuerte en el
Señor.
35.
Porque valoras la piedad Popular reconociéndola como un verdadero tesoro a
través del cual se manifiesta la sed de Dios, incluso haciendo capaces de
generosidad y de sacrificio hasta el heroísmo a muchos hombres y mujeres,
y eres capaz de ponerla en contacto con la palabra del Evangelio para que
sea verdaderamente fecunda.
36.
Porque haces de Cristo el centro de toda tu acción y muestras su presencia
en el estilo de vida y la alegría de cada uno de tus hijos.
37.
Porque comprendes que todo camino integral de santidad implica un
compromiso por el bien común social.
38.
Porque te diriges al hombre concreto y completo buscando su promoción
integral, con actitud cercana, amable y desinteresada, valorando siempre
lo noble y bueno que encuentres en su corazón.
39.
Porque preocupada por salir al encuentro del necesitado no te demoras en
debates interminables.
40.
Porque en tus diáconos veo preocupación por atender a las necesidades del
hermano, e impregnados por el amor misericordioso del Padre descubren en
las miserias humanas, no una ocasión para el juicio y la condena, sino una
oportunidad maravillosa de mostrar la generosidad absolutamente gratuita
de Dios.
41.
Porque no dejas que el desaliento, la inconstancia, o la desidia, ganen el
corazón de las Parroquias y haces de la caridad que va más allá del simple
asistencialismo una constante a ser asumida por todo bautizado.
42.
Porque confiesas que el Reino de Dios iniciado aquí abajo, no es de este
mundo –cuya figura pasa– y que su crecimiento propio no puede confundirse
con el progreso de la civilización, de la ciencia o de las técnicas y
esfuerzos humanos; pero, sin embargo, buscas el bien temporal de los
hombres, promueves la justicia, la paz y la fraternidad y prodigas ayuda a
todos.
43.
Porque incluso el servicio litúrgico es entendido como servicio a los
demás que se prolonga en la vida de cada día.
44.
Redil santo que te alimentas del pan de la Palabra de Dios pues descubres
en la Sagrada Escritura tu sustento y vigor, firmeza de fe, alimento del
alma, fuente límpida y perenne de la vida espiritual.
45.
Esposa de
Cristo que valoras las riquezas culturales para que el Evangelio y la fe
se vivan, se celebren, y se expresen, desde las raíces de cada pueblo.
46.
Que siempre de modo humilde sabes y quieres aprender del “mundo” y miras
con el mayor respeto cuanto de verdadero, bueno, y justo, se encuentra en
las variadísimas asociaciones que la humanidad ha fundado y no cesa de
fundar.
47.
Que posees Parroquias acogedoras; abiertas para recibir a todos, donde se
vive verdaderamente el espíritu fraterno de comunión. Donde se da
protagonismo a todos los bautizados superando todo tipo de exclusivismo.
María, Madre
de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los
fieles como de los pastores, intercede ante tu Hijo, a fin de que
crezcamos en santidad y encontremos caminos de comunión que hagan creíble
el mensaje que hemos de transmitir con un espíritu misionero que nos
impulse a ir más allá de nuestras fronteras individuales, parroquiales, e
incluso diocesanas y así, colaboremos con el Señor para ser artesanos del
cielo nuevo y la tierra nueva que todos soñamos. Amén.
Mons. Agustín Radrizzani, obispo de Lomas de Zamora |