AHORA NOS PROTEGE DESDE EL CIELO,
PORQUE ESTÁ CON DIOS
Homilía de
monseñor Agustín Radrizzani, obispo de Lomas de Zamora en la misa de
exequias por Juan Pablo II (7 de abril de 2005)
Es significativo que esta celebración de la octava de Pascua también
celebremos el tránsito, el regreso a Dios del Papa. Vivir de y para Dios,
de Dios vino y a Él regresa.
¿Qué decir de
este gigante que Dios nos ha regalado? Es un hombre marcado por el
sufrimiento. A los 9 años muere su mamá y una hermanita al nacer, y luego
la muerte de su hermano médico.
Es un hombre
de lucha para poder estudiar filosofía y teología, a veces en los sótanos
de la curia polaca, sin olvidar su trabajo en la fábrica como operario.
Un hombre que
enfrentó por igual al comunismo, el nazismo y al capitalismo salvaje.
Siempre ha
anunciado las verdades en las que creyó y vivió. Para entrar en el corazón
de la gente y de Dios. Sus amores, Dios, Jesús, Maria Santísima, de allí
su fe robustísima. Otros amores, también, la persona humana, la comunidad,
los derechos humanos. Ha buscado a todos, y es destacable su cercanía con
los jóvenes, con el mundo obrero, con los niños.
¿Cómo quiere
ser recordado?, le preguntaron un día. Como alguien que convoca, comparte,
que camina con los otros hermanos, confesó. Los que compartimos y comimos
con él, sabemos que es poco lo que habla, pero pregunta mucho, siempre
interesado por saber más de la Argentina.
Sus grandes
preocupaciones fueron la paz, la vida, los jóvenes. La Argentina le debe
mucho a su intervención para evitar la guerra con Chile; lo mismo cuando
convocó al encuentro interreligioso de Asís, o en su visita a la sinagoga
judía en Roma; en fin, cultivó permanentemente el ecumenismo.
Otro tema, la
vida. La defensa desde la concepción hasta el ocaso, y nos dio testimonio
de cómo vivió. Quería presentarse y demostró que su debilidad era
evangelizadora. Otro tema fulgurante ha sido el tema del martirio, el
testimonio de aquellos que mueren por Jesús.
Por este
sentido del dialogo, de no tener fronteras, el mundo ha girado en torno a
él en estos días. La humanidad le ha devuelto lo que él hizo en tantos
años de pontificado. Por eso hemos tenido el privilegio de tener un pastor
de la Iglesia Universal. Así como nos ayudó desde la tierra, ahora nos
bendecirá desde el cielo. Nos queda su legado, que es vivir su fe.
No me olvido
de su optimismo, de su alegría en los labios. Es un ejemplo de Dios que
nosotros, por la fuerza del dialogo, debemos imitar. Ahora nos protege
desde el cielo, porque está con Dios.
Mons. Agustín Radrizzani, obispo de Lomas de Zamora |