|
MISA POR EL ETERNO DESCANSO DE JUAN PABLO
II
Homilía de
monseñor Rafael Rey, obispo de Zárate-Campana, dada en la catedral Santa
Florentina de Campana (6 de abril de 2005)
Queridos hermanos:
Por medio de
esta celebración Eucarística deseamos unirnos a toda la Iglesia y
compartir el dolor causado por la muerte del Papa Juan Pablo II. No queda
ninguna duda que la noticia de la muerte del Papa conmovió, no sólo a la
Iglesia Católica, sino también a la humanidad entera.
Su
preocupación por la causa de la paz, su defensa de la vida y el respeto de
la dignidad de las personas, su dedicación generosa al crecimiento
espiritual de todos los pueblos, han impactado a toda la humanidad.
Juan Pablo II
ha sido un regalo de Dios para la Iglesia y para el mundo. Su ministerio
apostólico nos ayudó a todos.
Hoy queremos
agradecer a Dios el don otorgado a la Iglesia y al mundo a través del
ministerio del Papa Juan Pablo II y también expresar nuestra gratitud al
Papa por su entrega generosa al servicio de todos.
Nunca antes
un evangelizador había recorrido nuestros pueblos convocando en cada país
a casi toda la población. Millones en el mundo suspendieron sus
actividades para verlo y escuchar su palabra. Nadie como él vivió el
espíritu y la letra del mandato de Jesús a los apóstoles cuando les dijo:
‘vayan a todos los pueblos, a todas las razas, a todas las gentes...
anuncien el Evangelio...’
Recorrió
prácticamente todos los pueblos de la Tierra. Visitó nuestra América
Latina en repetidas oportunidades. En dos ocasiones estuvo entre
nosotros, aquí en la Argentina.
Como maestro,
en estas visitas, entregó a manos llenas la Palabra de Jesús, la verdad
sobre el valor de la vida, sobre la paz y la dignidad de cada persona.
Recordó el valor de la familia, la dignidad de la mujer, de los ancianos y
los niños. Nos enseñó a todos que la dignidad humana es un valor
evangélico que la Iglesia debe promover.
Amó
profundamente a los que sufren: los más pobres, enfermos, los excluidos y
pisoteados de la humanidad. Reaccionó con profundo dolor ante las
violaciones de los derechos humanos e invitó a la Iglesia a construir una
sociedad acorde con la dignidad inconmensurable del ser humano.
En cada
encuentro con el Papa se podía descubrir en él a un padre cercano, a un
hermano. Vivió de modo excelso la misión de ser padre de todos y nos
animó a hacer de la Iglesia ‘la casa y escuela de comunión’, de unidad.
¿Cuáles
fueron las grandes iniciativas del Papa Juan Pablo II?. Él había definido
su propia labor pastoral como ‘una gran empresa de evangelización’ y la
tarea de la Iglesia como ‘un acontecimiento eclesial de evangelización’.
Por este motivo al comienzo de su ministerio apostólico nos propuso una
evangelización que fuera nueva en su ardor, nueva en sus métodos y nueva
en su expresión: una nueva Evangelización.
De esta
manera quiso dar a la Iglesia un nuevo impulso, capaz de crear tiempos
nuevos de evangelización y una Iglesia más arraigada en la fuerza de
Pentecostés.
En el corazón
del Papa latía con fuerza el encargo de evangelizar hasta los confines de
la Tierra. Y esta invitación del Papa es para todos: obispos, sacerdotes,
religiosas, religiosos, diáconos y fieles laicos. Como también para las
familias y las comunidades diocesanas: parroquias, colegios católicos,
movimientos de laicos.
Durante sus
26 años de pontificado nos invitó con insistencia a recuperar el ardor
misionero de los comienzos, y más aún, pidió desentumecer las piernas para
acercarnos más rápidamente a los hermanos que no conocen a Jesucristo.
El Papa
propone un esfuerzo para inculturar el mensaje de Jesús, de tal manera que
los valores cristianos puedan transformar todos los ambientes y construir
una sociedad humana, justa, fraterna y abierta a Dios.
Otro paso en
el camino de la nueva evangelización fue el Sínodo sobre la Iglesia en
América, para unir a todos los pueblos del Norte, del Centro y del Sur.
Nos convocó a todos al Santuario de la Virgen de Guadalupe, para firmar
frente a la Virgen la Exhortación Eclesia in América (La Iglesia en
América). En ella nos invita al Encuentro con Jesucristo, ya que Él es
camino de conversión, unidad y solidaridad y os recuerda que la misión de
la Iglesia hoy en América es la nueva evangelización. Y agregó: ‘abrigo
en mi corazón la firme esperanza de que la Virgen guíe con su intercesión
maternal a la Iglesia en este continente, alcanzándole la efusión del
Espíritu Santo como en la Iglesia naciente, para que la nueva
evangelización produzca un espléndido florecimiento de vida cristiana’.
Y por último,
después de la celebración del Gran Jubileo de la Encarnación, el Papa
escribió para toda la Iglesia la carta apostólica “al comenzar un nuevo
milenio”, que es un himno de gratitud a Dios porque la Iglesia se ha
detenido a contemplar el rostro de Cristo y por la gracia del espíritu
derramado sobre ella. Pero la carta es también un programa para la
Iglesia que mira hacia los siglos futuros. Y como Jesús dijo a los
apóstoles, el Papa ha dicho a toda la Iglesia: “Navega mar adentro”,
reiterando la llamada a la nueva evangelización, reavivando el impulso de
los orígenes.
Su carta
propone una eficaz programación pastoral, unas líneas de acción. Lo
expresa así: “nos espera a todos una apasionante tarea de renacimiento
pastoral, una obra que implica a todos”.
Queridos
hermanos, estas apasionantes iniciativas del Papa no pueden quedar
inconclusas, es nuestra tarea continuar con la nueva evangelización a la
que él nos ha llamado porque aún no la hemos terminado. El mundo hoy está
esperando que mostremos a Jesucristo, que proclamemos su Palabra, que
sigamos navegando mar adentro. Juan Pablo II nos ha dejado un ejemplo
lleno de heroísmo, un ejemplo que debemos imitar.
Con mucha
gratitud a Dios Padre y a su querido hijo Juan Pablo II, reconocemos que
la Iglesia se enriqueció con su ministerio pastoral y hoy quiere ser
Iglesia Santa, que participa con gozo en la celebración de los misterios
del Señor, que quiere ser misionera y construir una sociedad más
reconciliada y más conforme con el querer de Dios.
Dios conceda
a nuestro Papa Juan Pablo II la gloria que él da a sus fieles seguidores.
Que así sea.
Mons. Rafael Rey,
obispo de la
Zárate-Campana |