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25 DE MAYO
Homilía de monseñor Rafael Rey, obispo de Zárate-Campana, en el Tedéum en
la catedral Santa Florentina de Campana (25 de mayo de 2005)
Queridos hermanos:
Hoy nos hemos
reunido en la presencia de Jesucristo, ‘Señor de la historia’, con la
necesidad de renovar y acrecentar entre nosotros las actitudes propias de
ciudadanos responsables.
En este día
patrio queremos dar gracias al Señor por los beneficios recibidos, pedir
perdón por nuestros errores y comprometernos a construir entre todos la
Nación que queremos.
Sabemos que una
Nación es una comunidad de personas que comparten muchos bienes, pero
sobre todo, una historia, una cultura y un destino común. Por ello debemos
volver a la raíz del amor que teje la convivencia social. En este día
patrio los argentinos debemos interrogarnos, si aceptamos asumir con
responsabilidad nuestra parte en la reconstrucción de la Nación; asumir lo
que debo hacer yo, lo que debemos hacer todos y cada uno.
Necesitamos
recrear una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el
compromiso por el bien común. Promover la cultura del trabajo, el espíritu
de sacrificio, el empeño perseverante y la creatividad.
Necesitamos
hacer crecer el sentido de justicia, el respeto por la ley y la fidelidad
a la palabra dada. Promover la reconciliación, el diálogo entre todos y la
amistad social.
Sólo buenos
ciudadanos, que obren con inteligencia, amor y responsabilidad pueden
edificar una sociedad y un estado más justos y solidarios.
Debemos
estimular el sentido del bien común para lograr el bien de todos. De un
modo preferencial, el bien de los más pobres, los desocupados, los
excluidos e indigentes. Para reencontrarnos como Nación debemos atender a
los que más sufren: los mayores sin salud, los adultos sin trabajo, los
jóvenes sin educación y sin futuro, y los niños sin alimentos.
En este momento
de transformación debe alentarnos constantemente la esperanza. Las
personas y los pueblos, por mal que estemos, siempre tenemos la
oportunidad de estar mejor. Pero el futuro se construye con la ayuda de
Dios y el esfuerzo arduo de todos nosotros.
Gracias a Dios
son muchos los ciudadanos que ante la crisis vencen el desánimo, no bajan
los brazos e intentan convertir sus vidas en signos de esperanza. También
son muchos los que están trabajando de modo perseverante por el bien
común, generando una corriente de solidaridad que enfrenta la inequidad
social. Agradecemos la labor desinteresada y silenciosa de tantas personas
y organizaciones y les pedimos que continúen convocando a otros muchos a
extender esas redes solidarias.
Se hace
necesario que todos participemos en recomponer los vínculos sociales; sea
en la familia, en el barrio, en el municipio, en el trabajo o en la
profesión. Donde quiera que estemos podemos hacer algo para generar mayor
unidad.
Hermanos; en
este día con todos los argentinos suplicamos: queremos ser Nación, una
Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el
bien común. Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios para
amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando
a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo cada día la
paz.
Que la Virgen,
nuestra madre, la madre de todos los argentinos, nos acompañe, nos ayude y
nos aliente para seguir reconstruyendo nuestro país.
Que así sea.
Mons. Rafael Rey,
obispo de la
Zárate-Campana |