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MENSAJE DE NAVIDAD
Mensaje del
obispo de Zarate-Campana , monseñor
Rafael Rey,
para la Navidad del 2005
La Navidad, nos pide que
recibamos a Jesús; pero hoy estamos viviendo una Navidad en la que
pareciera que Jesús está ausente, se habla de la Navidad, de la
fiesta, de compras, de regalos… es una navidad sin Jesucristo; y
esto no puede ser, porque una Navidad cristiana tiene como centro a
Jesús que nació hace 2000 años pero sigue vivo entre nosotros y hoy
volvemos a celebrar ese acontecimiento tan extraordinario: Dios se
hizo uno de nosotros para salvarnos. Entonces debemos recibir a
Jesús, que Él esté presente en esta celebración de la Navidad y que
esté presente su mensaje de amor y de esperanza.
La Navidad está proclamando
que Dios es nuestro padre; la Navidad nos hace hijos de Dios y por
lo tanto debemos creer que Dios es un padre lleno de misericordia,
de ternura, que se preocupó por nosotros al enviar a su hijo para
que nos ayudara a volver a estar muy cerca de El.
También la Navidad nos
recuerda que somos hermanos de Jesús y como él debemos vivir como
hermanos con todos. La fraternidad también tiene que crecer en este
tiempo.
Jesús nos dará la fortaleza
para deponer los rencores, los resentimientos, que a veces están muy
metidos en nuestras vidas. No puede haber Navidad en un corazón
lleno de odio, de rencor, de enemistad, en un corazón que se ha
alejado de los demás.
¿Qué debemos hacer durante la
Navidad?, ¿qué podemos hacer para que las cosas cambien?; tenemos
que ayudar a nuestro mundo a cambiar la situación; el mundo de hoy
vive en medio de odios, de guerras, de violencia. Cada día estamos
más preocupados por la situación actual, porque nos hemos olvidado
de que somos hermanos, y la gran tarea nuestra es trabajar para
construir una patria de hermanos, donde nos preocupemos por los más
pobres, por los que sufren, por los que están pasando hambre. Donde
no haya tanta falta de equidad; porque estamos perdiendo el respeto
a la vida y a la dignidad de las personas… que trabajemos entonces
por el bien común, superando los egoísmos que nos llevan a
preocuparnos sólo por nosotros.
Estas son tareas que debemos
ir realizando de manera personal, el cambio tiene que producirse en
el corazón de cada uno, pero también en el interior de nuestras
familias y por supuesto que nuestra Iglesia y cada una de nuestras
comunidades debe vivir estos mismos valores que Jesús nos está
señalando; que entre nosotros no haya divisiones ni rencores, que la
Iglesia sea la casa y la escuela de la comunión, donde todos puedan
venir con confianza y tranquilidad sabiendo que un hermano los va a
recibir.
En la Navidad brilla de una
manera muy especial el amor que Dios nos está brindando en el
pesebre de Belén; todos debemos recordar que si nos falta el amor en
nuestras vidas, no sirve de nada todo lo que estamos haciendo.
No nos engañemos, si no hay
amor en nuestro corazón, si no hay amor en nuestras familias, en
nuestras comunidades cristianas, no habrá Navidad; porque Jesús no
puede estar en medio del odio, Jesús únicamente puede nacer en medio
de los hombres si hay verdadero amor. Donde hay amor, allí está
Dios y donde haya amor, allí habrá Navidad.
A todos quiero desearles una
Navidad muy feliz, muy llena de la presencia de Jesús y de los
valores humanos y espirituales que Él nos enseña… ¡Feliz Navidad
para todos!.
Mons.
Rafael Rey,
arzobispo de La Plata |